El debate sobre fumar en terrazas: una nube de humo entre el café y la conversación
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Con la llegada ayer del Día Mundial de la Lucha contra el Tabaco, emerge de nuevo la nube —no tan metafórica— del debate sobre fumar en las terrazas. Es un tema que oscila entre la salud pública y la libertad personal, tan denso como el propio humo del tabaco, y nos obliga a preguntarnos: ¿deberíamos permitir que las terrazas se conviertan en pequeñas chimeneas al aire libre?
Entre la espada y la pared… y el cenicero
Por un lado, tenemos el derecho del fumador, esa figura envuelta en una neblina de misterio y nicotina, que sostiene su libertad de encender un cigarrillo donde y cuando le plazca. Por otro, están los no fumadores, quienes aspiran (literalmente) a disfrutar de su café o comida al aire libre sin tener que jugar a la ruleta rusa con las partículas de humo. Y no olvidemos a los camareros, esos héroes inadvertidos que se mueven ágilmente esquivando tanto las quejas como las nubes de humo.
La ciencia y la cortesía no siempre comparten mesa
La ciencia nos ha dejado claro que el humo del tabaco es tan bienvenido en nuestros pulmones como un elefante en una cacharrería. Contiene miles de sustancias químicas, muchas de las cuales tienen el potencial de iniciar una pequeña fiesta de cáncer. Aunque al aire libre el humo se disipa más rápidamente, en terrazas congestionadas puede ser tan persistente como un ex que no entiende de indirectas.
Modelos internacionales: de la Gran Manzana al Outback
Mirando más allá de nuestras fronteras, encontramos ejemplos tanto refrescantes como reveladores. En Nueva York, la ciudad que nunca duerme (quizás porque el humo del café es suficiente estimulante), fumar en terrazas es un recuerdo tan distante como el último título de los Knicks. Mientras tanto, en Australia, conocidos por su amor hacia lo grande —desde sus desayunos hasta sus medidas de salud pública—, también han dicho "no" al tabaco en los espacios al aire libre de los bares. Esas cabinas terroríficas en los aeropuertos que ni Iker Jiménez sabría qué hacer, son una muestra de adicción consentida. Pero hay muchos lugares en la tierra donde todavía se puede fumar, incluso en los restaurantes. Aquí recomiendo una huida clara para los que les encantaría volver a esa intoxicación “tan vintage”.
Economía de las terrazas: ¿despejada o nebulosa?
El argumento económico de que las restricciones antitabaco perjudicarán a los bares y restaurantes parece tener menos sustancia que una dieta de aire. De hecho, la mayoría de los estudios demuestran que los comensales prefieren, y posiblemente gasten más, en ambientes libres de humo. Parece que la experiencia de saborear un platillo sin el aderezo de nicotina es bastante popular. No sé qué harán los chiringuitos de las playas, pero ciertamente al que le molesta el humo, le molesta, mucho.
¿Y ahora qué? Una propuesta aireada
Quizás la solución sea considerar terrazas "híbridas" —sectores para fumadores y no fumadores bien delimitados, aunque cómo mantener el humo en su lado del campo es un debate en sí mismo—. Hasta entonces, seguir fomentando la deshabituación tabáquica y apoyar a aquellos que desean dejarlo, no sólo es beneficioso para su salud, sino un acto de cortesía hacia sus compañeros terrícolas.
Al final del día, o de la comida, el tema del tabaco en las terrazas es tan complejo como cualquier buena novela. Pero con un enfoque informado y considerado, quizás podamos todos disfrutar del próximo capítulo de nuestras vidas al aire libre, con o sin humo. Aunque, como en cualquier buena historia, siempre será mejor con un poco menos de drama tóxico.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.