El Trumpismo está en todas partes
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
Se está configurando en la política española un sector reaccionario que puede acabar siendo mayoritario, que hace de la xenofobia y el rechazo a la inmigración su caballo de batalla. Imitando los postulados ultraderechistas que hay en buena parte de los países europeos, así como el trumpismo, criminalizan a los migrantes presentes en nuestra sociedad, así como a los contingentes que van viniendo y así paliar las frustraciones de, desgraciadamente, una parte de la sociedad que proyecta en este tema su rabia. Se trata de buscar a personas más débiles de las que poder culpar de los males propios, responsabilizarles de todo tipo de miedos y todo ello envuelto en un discurso profundamente antipolítico. La llegada de población de fuera como el resultado de una gran conspiración para “diluir” nuestra cultura y dar lugar a la llamada “gran sustitución”. En nuestro caso, los magrebíes serían los peor considerados y más mal tratados no sólo por un tema cultural, sino con argumentos de signo religioso. El islam como gran enemigo de nuestra cristiandad. Una auténtica bestialidad. Hay quien ya se presenta públicamente como “islamófobo” y no genera el rechazo unánime de que merecería un posicionamiento tan estúpido. Se puede pensar lo que se quiera de culturas y religiones, y unas pueden gustarnos más que otras, pero el respeto debería estar fuera de toda discusión. En nombre de toda religión, en un momento u otro, hay quien ha practicado la barbarie más que la cultura. Deberíamos distinguir una cosa de otra.
En España, la xenofobia como arma política empezó por ser algo minoritario de grupúsculos de extrema derecha. Hasta que Vox, amparado con el crecimiento de esta tendencia a nivel global, no ha hecho bandera y casi único argumento, la derecha tradicional lo había obviado. El Partido Popular del “moderado” Feijoo, lo ha ido incorporando cada vez más abierta a su discurso, sin preocuparle el abandono definitivo de la centralidad política. Quien marca la línea es Díaz Ayuso, y su estrategia es contener a Vox a base de ocupar su espacio y utilizar sus argumentos. Ahora, el discurso que equipara emigración con inseguridad ya se utiliza de forma evidente, así como pedir un despliegue del ejército en las fronteras para convertirlas, quiméricamente, en impermeables. Esto irá claramente a más. En los últimos tiempos se ha sumado a esta estrategia y este lenguaje Junts, evidenciando un carácter reaccionario y destructivo que hay quien hace tiempo que denuncia. Parece que más que recuperar la moderación convergente, se apuesta por convertirse en un grupúsculo histérico que respalda todo aquello que pueda desestabilizar tanto la política catalana como la española. “O yo, o el caos” parece definir la actual política Carles Puigdemont, obviando que una ciudadanía desencantada, a través de las urnas, les ha desautorizado para hacerse cargo del futuro de Cataluña.
El voto de Vox, PP y Junts que ha tumbado una necesaria modificación de la Ley de Extranjería que se planteaba en el Congreso de los Diputados, dificultará y mucho afrontar el trato y acogida a los menores que lleguen sin compañía -los llamados menas-, así como establecer una gestión de la migración de forma razonable y compartida. De una sola tacada, los tres grupos han aprovechado para lanzar un mensaje a sus votantes de ser portadores de políticas intolerantes y agresivas respecto a los recién llegados a la vez que dando a entender que la mayoría de gobierno de progreso está entre la debilidad y la quiebra. Para el partido catalán, parece que alinearse con los sectores más carcas de la política española no les provoca asco alguno, pareciendo dibujar una mayoría que se puede construir en un futuro próximo. Desde la ley de amnistía, Junts no ha cumplido con ninguno de los compromisos que, con reciprocidad, había firmado, dando la razón a quienes entonces decían que con Carles Puigdemont no se podía acordar nada, que no era alguien fiable. Hay quien dirá que es el producto de la rabieta que provoca ver que en Catalunya habrá pacto para que gobierne Salvador Illa. El comportamiento actual, el discurso, de Míriam Nogueras y los suyos en Madrid demuestra ampliamente lo necesario que es un cambio político en Catalunya del que, ellos, se han autoexcluido.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR