De los techos de Canaán al pesebre en Belén: arquitectura y Natividad Bíblica
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Cuando leemos y nos aproximamos a los parámetros contextuales de la Biblia, siempre nos hacemos preguntas. La vivienda y el techo ha sido y sigue siendo un ornamento enormemente simbólico. La transformación de las viviendas durante el asentamiento de Israel en Canaán refleja no solo un cambio de un estilo de vida nómada a uno agrícola, sino también un desarrollo arquitectónico significativo. Las viviendas de una sola pieza comenzaron a reemplazar las tiendas, como se ilustra en la historia bíblica de la viuda que asistió a Elías, lo que muestra que incluso las casas modestas podían tener un espacio adicional en la parte alta, indicativo de un estatus no completamente empobrecido.
En tiempos bíblicos, la casa no era meramente un lugar para vivir, sino un espacio para retirarse y contemplar las obras de Dios, lo que explica la simplicidad de su construcción. Las casas, construidas principalmente de adobe y ocasionalmente reforzadas con piedra, ofrecían un abrigo básico, reflejando la percepción de la vida como una peregrinación terrenal, donde el hogar es transitorio y el verdadero refugio es divino.
La estructura de estas casas era sencilla: pisos de tierra o piedra y paredes de adobe que necesitaban mantenimiento constante para proteger contra el clima y otros daños. El techo, hecho de vigas de madera cubiertas con tierra o arcilla, jugaba roles multifuncionales esenciales en la vida diaria y cultural de los habitantes.
Usos múltiples del techo
El techo de las casas orientales ha sido utilizado para múltiples propósitos desde tiempos antiguos, tanto en los días de los profetas como de los apóstoles. Tradicionalmente, el techo es un lugar especial para dormir debido a su frescura durante las noches de verano. Este uso se menciona en la Biblia cuando Samuel llama a Saúl, quien estaba durmiendo en el terrado (1 Samuel 9:26). Además, los techos planos y expuestos al sol son ideales para almacenar y secar granos o frutas, una práctica común en Oriente y destacada en el relato bíblico donde Rahab esconde a los espías bajo tallos de lino (Josué 2:6).
En tiempos de conmoción, los techos sirven como puntos de reunión desde donde los habitantes pueden observar los acontecimientos de la calle (Isaías 22:1), y son utilizados para realizar proclamas públicas. Los pregoneros, tanto en tiempos antiguos como en los de Cristo, anunciaban órdenes gubernamentales desde estas alturas, práctica que Jesús menciona, instando a sus discípulos a proclamar sus mensajes desde los techos (Mateo 10:27, Lucas 12:3).
Además, los techos se utilizan como lugares de adoración y oración. En el Nuevo Testamento, se describe a Pedro orando en la azotea (Hechos 10:9), y el profeta Sofonías menciona a aquellos que adoran a los cuerpos celestes desde sus techos (Sofonías 1:5). Por último, en situaciones de emergencia, los techos ofrecen rutas de escape al permitir a las personas desplazarse de un edificio a otro sin tener que descender a la calle, por ejemplo, cuando Jesús advierte a sus seguidores durante la destrucción de Jerusalén (Mateo 24:17; Marcos 13:15; Lucas 17:31).
El nacimiento en Belén: un contexto oriental
La narrativa del nacimiento de Jesús en Belén se enriquece al comprender la estructura típica de una casa de esa época. Las descripciones de una morada dividida en una zona elevada para la familia y una parte baja para los animales ilustran cómo María y José, encontrando la posada llena, fueron acogidos en una área que probablemente estaba destinada al ganado. Este escenario no solo subraya la humildad del nacimiento de Jesús, sino que también refleja la hospitalidad intrínseca de la cultura oriental.
La comprensión de estas estructuras no solo es fundamental para apreciar la narrativa bíblica en su contexto original, sino que también ofrece una visión de cómo los espacios físicos pueden influir y reflejar la teología y la práctica religiosa. La función del techo como un lugar de proclamación y oración, por ejemplo, se alinea con la idea de que la fe debe ser visible y compartida en comunidad.
Por ello, las casas en los tiempos bíblicos eran mucho más que simples estructuras de vivienda; eran complejos entornos sociales y religiosos que facilitaban la interacción comunal, la observancia religiosa y, en casos extraordinarios como el nacimiento de Jesús, escenarios de eventos trascendentales. Comprender estos detalles no solo enriquece una lectura de las Escrituras, sino que también profundiza nuestro aprecio por la integración de fe, cultura y vida cotidiana en la antigüedad.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.