La factura y la Dana
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Dos meses de invasión atmosférica en Valencia, aún el barro metido en los rincones de los armarios de cocina, y el impulso político de aquella gestión palpita en la factura del restaurante El Ventorro, cuyo documento todavía entraña cada día que pasa una versión y una perspectiva ajenas al conocimiento consolidado. El presidente Mazón, se conoció días más tarde, almorzó durante un período de tiempo de tres, casi cuatro horas, en el local de mención con una periodista de reconocida solvencia profesional para hablar de “trabajo”, si por trabajo se entiende la dirección de la televisión pública valenciana, que lo es y resulta de un provecho evidente si, como permite la ley, el control del medio público depende de una ley de mayorías, que permitió un gobierno de PP y Vox, del que se desgajó este último hace unos meses.
El intento de cuadrar los tiempos en una modalidad narrativa de thriller significa la aversión moral del olvido de la catástrofe con sus desaparecidos y sus miserias. Pero el transcurso del tiempo lleva a la desestimación del drama para el arrinconamiento de Mazón y su ilegítima perseverancia en el pescante del ejecutivo valenciano. En su prestidigitación consentida en grado sumo por la opinión pública y sobre todo por la dirección del Partido Popular en su variante nacional de la calle Génova, de Madrid, ha surgido recientemente otro número circense en la más alta consideración de las artes de la burla y el engaño.
Es lo que pretende esclarecer definitivamente en un tono exculpatorio la figura de Mazón. La comida con la candidata Vilaplana no fue encargada ni pagada por ningún organismo de la Generalitat valenciana, sino por el Partido Popular de la circunscripción levantina, mantenido lo cual desnuda al presidente de alguna o todas las escamas de responsabilidad de gobierno para descargar en vaso comunicante en la formación conservadora, que no siempre Mazón va a lucir la indumentaria de la púrpura, sino que también puede vestir el “casual” de la suavización y confort en “after hours” sin presión de reuniones y agendas de encomio organizativo.
Aparece en la trama del vacío y del abandono el Partido Popular para ser condenado a un particular “titulo lucrativo” moral y negligente, si resulta cierto que el pago de la factura por el partido, que condonaría la deuda del ejecutivo y, de este modo, Mazón saltaría la trampa bengalí con la sola aparición del conjunto versátil que aporta comodidad y también exculpación. El texto de salutación a la clientela de El Ventorro deletrea un acertado “aspiramos que nuestros clientes disfruten de platos sabrosos, coman tranquilos”, en un adelanto profético del ritmo empleado por el president y su invitada. Ni tan siquiera el espasmo del diluvio Dana pudo alterar el deseo del hostelero Alfredo Romero que advierte de la necesidad de la tranquilidad.
“Reservas sólo por teléfono”, anuncia el local, en otro quiebro a la aspereza moderna de los formularios y direcciones electrónicas. Y la factura no aparece porque es un acto libérrimo del PP como organización política y solo debe rendir cuentas, libros y balances al Tribunal de Cuentas, al admitir recursos cuantiosos procedentes de la financiación pública. El ejercicio de defensa de Mazón con la ayuda de la ventriloquía de Feijóo es un acto de tentativa de desvío de atención que debe pasar por estaciones de gran sacrificio y contención para llegar a desembocar en la exoneración de responsabilidades.
La representación ciudadana con presencia en la calle y los tribunales de admisión de querellas se encuentran en la obligación del discernimiento del juego del calamar con sus culpas y arrepentimientos, con sus fórmulas de distanciamiento de la plenitud de la tragedia del 29 de octubre. Ahogamientos vs degustación de verdinas y sepionets, y los teléfonos suena que te suena. Marta Sanz, en su último relato autobiográfico, “Los íntimos” (Anagrama, 2024), reflexiona para decir que “el desasosiego desencadena un tipo de conocimiento que quizá luego cuaje en una ciencia exacta”. Las autoridades valencianas van por esa vía.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.