La guerra de Ucrania y el gran negocio del gas
- Escrito por Manuel Peinado Lorca
- Publicado en Opinión
Golar Spirit, un buque metanero de 240 metros de eslora construido por Kawasaki. Foto de Sven Grunzig
Hace más de tres años escribí en estas mismas páginas que la guerra de Ucrania iba a abrir unas excelentes oportunidades de negocio para la industria gasística estadounidense y española. La actualidad lo ha confirmado con creces.
Dijo John F. Kennedy que en una crisis hay que tomar conciencia del peligro, pero también reconocer la oportunidad. En la actual crisis de Ucrania, Estados Unidos ha encontrado la oportunidad de colocar en Europa sus colosales excedentes de gas natural. Por su parte, en España, Enagás, principal gestor de las estaciones regasificadoras, está haciendo más caja que nunca.
Los antecedentes
Con una declaración conjunta realizada en marzo de 2022, la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y el entonces presidente de Estados Unidos salieron al paso de las amenazas de Rusia en las fronteras de Ucrania reforzando su alianza energética para garantizar un suministro "continuo, suficiente y oportuno" de gas al bloque comunitario en caso de una crisis aguda, como un eventual ataque de Moscú a Kiev.
En el inicio del conflicto ucraniano el problema de la UE era que dependía en gran medida de las importaciones de gas procedentes de Rusia, que aglutinaba el 43% de ellas. Diversificar su cartera y reducir la dependencia del gas ruso era uno de los grandes objetivos que se había marcado la UE desde hacía tiempo.
Teniendo en cuenta ese objetivo, y dado que Estados Unidos es el mayor proveedor de la UE de gas natural licuado (GNL), este combustible parecía ser el más indicado para reforzar en el corto plazo la seguridad de suministro y al mismo tiempo permitir la transición hacia emisiones más bajas de CO2.
En 2019, último año con datos consolidados, se produjeron en el mundo 3.989 Mmc (Mmc = miles de millones de metros cúbicos) de gas natural. El mayor productor fue Estados Unidos (921 Mmc; 23% de la producción mundial) seis puntos más que Rusia (17%). Los estadounidenses consumieron ese año 846 Mmc y dejaron el excedente (75 Mmc) para la exportación.
Ese consumo doméstico extraordinariamente elevado obedece a que el exceso de oferta de la industria gasística estadounidense provoca que los consumidores paguen unos precios irrisorios que amenazan con el colapso de la industria si no aumentan las mucho más rentables exportaciones y hacen descender la oferta doméstica. Eso explica también que, por imposibilidad de uso, en Estados Unidos cada año las antorchas altamente contaminantes quemen en los propios yacimientos unos 140 Mmc de gas natural.
Si unimos excedentes y gas quemado en yacimientos, Estados Unidos podría exportar cada año más de 200 Mmc, un volumen desmesurado que, por ponerlo en contexto, supone casi seis veces el consumo de España en 2019 (36 Mmc). Es una exportación que los norteamericanos podrían aumentar cerrando un poco el grifo de la oferta doméstica.
Por su parte, la UE produce cada año menos de la sexta parte de lo que consume, lo que significa que cada año la demanda de gas natural supera la producción doméstica en 332,6 Mmc y supone una factura de unos 40.000 millones de dólares, el 23% del coste de sus importaciones totales de energía. El 60% de esa demanda podría ser cubierta teóricamente con importaciones desde Estados Unidos.
Aunque el volumen importado desde el otro lado del Atlántico fuera necesariamente menor (hay otros países, sobre todo asiáticos, que dependen de las importaciones de ese país), la UE no tendría dificultad alguna en completar las importaciones estadounidenses con sus proveedores actuales, excluyendo Rusia (43% de las importaciones europeas) y potenciando otras fuentes, sobre todo de países de la cuenca del Mediterráneo como Argelia, cuyo potencial productivo supera enormemente a la demanda.
Por su parte, en Estados Unidos estarían encantados, porque miran a Europa como uno de sus clientes preferidos al ser la rentabilidad de los envíos de gas superior a la que le reportan otros mercados. El retorno al contado es de 52,53 dólares por millón de unidades térmicas británicas en el caso de Europa mientras que para Asia se sitúa en torno a los 43,8 dólares.
La actualidad
Con esos antecedentes, no hacía falta una bola de cristal para adivinar lo que iba a suceder: la importación de GNL se multiplicó por siete en abril de 2025 cerrando el segundo mayor registro desde la invasión de Ucrania.
España ha disparado la importación de gas natural licuado (GNL) desde Estados Unidos. Según datos del Boletín Estadístico de Enagás, en abril Estados Unidos envió el equivalente en GNL a 14.463 GWh (gigavatios/hora) a los puertos españoles, lo que ya supone casi la mitad del total del gas recibido (44%). Respecto a abril de 2024, las compras a Washington se han multiplicado por siete: de 2.143 GWh a 14.463 GWh (+575%).
Con las últimas descargas de gas, Estados Unidos se consolida como el primer proveedor de España superando a Argelia, el histórico socio que suministra por el Medgaz, la interconexión que une el país norteafricano con Almería a través del Mediterráneo. La compra de gas a Estados Unidos en el cuarto mes del año es la segunda mayor de la historia. Según reflejan las estadísticas de CORES, el pasado abril solo fue superado en marzo de 2022, cuando se recibieron buques de GNL por un total de 16.267 GWh.
Este récord se produjo al comienzo de la invasión de Rusia a Ucrania el 24 de febrero de ese mismo año, cuando Europa entró en pánico por la posibilidad de que el régimen de Putin cortara el suministro gasista o que Bruselas impusiera sanciones. Ante la alta dependencia del Viejo Continente del gas ruso, los operadores se vieron obligados a elevar con fuerza las compras desde otras latitudes para garantizar la seguridad de suministro de un bien de primera necesidad. Desde entonces, no se habían producido compras tan voluminosas como las registradas el pasado abril.
El gas que llega a territorio nacional no sólo es para operadores españoles. La capacidad españolas de almacenaje de GNL es la más alta de toda Europa gracias a sus siete plantas regasificadoras situadas en los puertos de Barcelona, Huelva, Cartagena, Bilbao, Sagunto, Mugardos y más recientemente la de El Musel, la planta inactiva hasta que estalló la crisis energética situada en Gijón.
La relación entre guerra y negocios es compleja, con implicaciones económicas, políticas y sociales significativas. Históricamente, las guerras han tenido un impacto profundo en la economía, generando tanto destrucción como oportunidades de negocio. En esas estamos: los ucranianos sufriendo, los demás negociando, en una lógica mercantil que bien pudiera contribuir a la proliferación de conflictos que benefician a poderosos intereses económicos.
Manuel Peinado Lorca
Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.
En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.
Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).
En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.
En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.