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Pablo Iglesias y el espejismo del profesor universitario


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Pablo Iglesias, exvicepresidente del Gobierno y doctor en Ciencias Políticas, es actualmente profesor asociado en la Universidad Complutense de Madrid. Su salario anual, que ronda los 9.000 o 10.000 euros brutos en el mejor de los casos, ha sido objeto de titulares sorprendidos, casi incrédulos. “¿Cómo es posible que cobre tan poco?”, se preguntan algunos. ¡Te tienen manía!, dicen otros. La verdadera pregunta es: ¿cómo hemos llegado a que ejercer la docencia universitaria, incluso con un doctorado y una trayectoria pública, valga tan poco —en todos los sentidos— en España?

La figura del profesor asociado, pese a lo que el nombre sugiere, no es una posición prestigiosa ni estable. Es un contrato temporal, parcial y mal remunerado, pensado originalmente para que profesionales externos compartan su experiencia. Son esas clasecitas que imparten profesionales de la abogacía, del periodismo profesional, de la medicina…pero que eso no les hace en ningún caso docentes. Se supone que tu tienes un trabajo (el que sea, puede darse el caso de que trabajes en secundaria en un instituto) y luego impartes no más de 6 horas a la semana. En la práctica se ha convertido en un coladero legal para cubrir docencia a bajo coste, sin garantías ni expectativas de promoción. Cada facultad cuenta con una patrullas y pelotones inmensos de profesores en estas condiciones.

Y sin embargo, para acceder a ella, en muchos casos ya se exige un doctorado, experiencia investigadora, publicaciones científicas, acreditación por la ANECA, y una cantidad de méritos que harían temblar a cualquier opositor. A esto se le suma el laberinto de baremación, diferente en cada universidad, cada departamento y cada convocatoria. A veces prima más haber dado clase gratis en un máster propio que haber publicado en una revista internacional de impacto. La transparencia, en ocasiones, brilla por su ausencia.

Por eso muchos jóvenes doctores, incluso aquellos con estancias en el extranjero y currículums excelentes, se ven sistemáticamente desplazados en favor de quienes ya están “dentro”: becarios FPU, ayudantes, sustitutos que llevan años integrados en el departamento. No se trata solo de mérito; se trata de encaje. O de pertenencia. Es el rostro académico de la endogamia.

No hablaremos de la figura de profesor doctor o de ayudante doctor, donde el sueldo es mayor, ¡estaríamos apañados! Con tanto mérito como hay que presentar…pero eso en la actualidad da lo mismo ¿por qué? Porque no sacan plazas a concurso. Las cubren en este plan, muchos profes que imparten pocas horas ¡Ojo! Que en Francia trabajé durante diez años con contratos iguales a estos. ¡No más de 6 horas! En varias universidades, es decir, que estaba como pollo sin cabeza de Fac en Fac para tener un sueldete y eso que era Francia. ¡Soporta el chaparrón!

Por consiguiente, (me he hecho un Isidoro, que ahora el abuelo González está muy de moda) no es exagerado decir que el acceso a la universidad pública en España es una de las estructuras más cerradas, opacas y frustrantes del sistema público. El porcentaje de plazas que se otorgan a personas ya vinculadas con el departamento ronda el 90%. En muchos casos, las convocatorias parecen diseñadas para una persona concreta, con requisitos específicos —una investigación sobre la hegemonía gramsciana en los márgenes de la UE entre 2003 y 2007, por ejemplo— que sólo cumple el candidato interno. Y si alguien osa impugnar, se enfrenta a un muro administrativo donde rara vez prospera una queja. Son innumerables las veces que hemos visto esta artimaña: salen una plaza, miras los profesores del departamento, se presentan no más de 35 o 40 (casi nadie tiene semejantes méritos que piden) pueden ser 20 y una vez que resuelven la plaza se la otorgan a uno de los profesores que estaba en el cuadro de profesores, quedando éste/esta fija más o menos.

Pablo Iglesias ha hablado en su tweet de que ya sabe que la entrevista va a dar igual. De eso puedo dar fe. Estoy convencida de que es un docente extraordinario y de que le encanta lo que hace. Lo hará mejor que muchos otros que han estado en plazas a tiempo completo desde siempre (no voy a citar a nadie) faltando a la Facultad y pasando de los alumnos. Esto en Derecho, políticas y demás ha sido siempre así. Y en cuanto a entrevistas. Pues eso. Yo misma, he ido a algunas entrevistas, superando el baremo de treinta colegas más, incluso siendo la primera en la lista de baremación y ha dado igual. Al final sales pensando que si es edadismo, que si te tienen manía, que tienes demasiada personalidad y no te pueden manejar, que si tienes doscientas publicaciones más que ellos, que son unos vagos y por eso no te dejan entrar…y es verdad, pero la plaza no la consigues.

El caso de Iglesias es curioso porque, a pesar de su notoriedad, su acceso como profesor asociado no le ha permitido entrar por la puerta grande. ¡Para seis horas en semana, señores! Mas bien, ha sido una manera de retornar a la docencia con un sueldo simbólico, casi como gesto, sin que eso implique influencia ni privilegio académico alguno. No ha accedido a una plaza de contratado doctor, ni de titular, ni de catedrático. Y, de hecho, probablemente no podría, si no “le tocara el turno” o si no tuviera los padrinos adecuados. Porque el problema aquí no es él, sino el sistema. No creo que le haya dado tiempo a “reunir” los papeles que piden, investigación, publicaciones de impacto…aunque hayas hecho cosas por la historia de esta España de envidiosos de gran calado…pero para el administrativo enano de turno…¡no llegas!

Algunas agudas instituciones privadas, viendo el rechazo de las universidades públicas, te lanzan el anzuelo y picas, claro, normal si te gusta tu profesión, picas. Luego te cabreas, lo dejas, consigues entrar en otra pública, ves que es un desastre, no te renuevan, entras hasta en seis privadas, pero no más de 3 años…porque si no te tienen que hacer fija. Lo que digo son dos cosas: No tengo quien me defienda para denunciar porque los convenios universitarios no hay abogado que lo entienda y dos, valgo mucho más por lo que callo que por lo que cuento. Lo cual no quiere decir que lo que sé, lo deje escrito.

La universidad pública se nos muere entre burocracia, precariedad y clientelismo. Y mientras tanto, seguimos formando a generaciones de jóvenes investigadores que acaban yéndose fuera, hastiados por las puertas giratorias, las promesas incumplidas y las plazas con nombre y apellidos. Aunque esto es otra gran falacia, por ejemplo, para filólogos de hispánicas como yo ¿Dónde leches voy a ir? Si aquí está la RAE y el CSIC y los mejores departamentos de filología, aunque no hagan nada. Hablo de investigación de la buena, que, para lectorados, una ya no está. Y los departamentos de hispánicas y filologías extranjeras han cambiado tanto como de pasar de Vivaldi a Carol G. Así son las cosas.

Si queremos que el conocimiento avance, que la docencia universitaria tenga sentido y que la investigación en España no sea una lotería de enchufes y resistencias, necesitamos una verdadera reforma del sistema de acceso, con criterios claros, auditables y homologables. De lo contrario, seguiremos aplaudiendo o criticando a figuras como Iglesias, mientras ignoramos que el verdadero problema está en el tablero… no en los peones.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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