Portugal señala el camino: civilización o barbarie
- Escrito por Rafael Simancas
- Publicado en Opinión
Portugal va por delante. España, el resto de Europa y buena parte del mundo vivirán lo mismo.
La gran alternativa en la organización de nuestra vida en sociedad consiste ya en eso, socialdemocracia o ultraderecha, democracia o plutocracia, el poder de la gente o el poder del dinero, libertad o autoritarismo, derechos para todos o enriquecimiento para unos pocos, progreso o retroceso, civilización o barbarie.
Las grandes alternativas a la hora de interpretar el mundo y decidir el futuro en común se van decantando a gran velocidad. Simplificar las ideas, polarizar en extremo, asumir la dicotomía, no es el mejor camino, pero es el camino al que nos ha llevado la estrategia de la derecha globalizada y radicalizada.
Desde el movimiento del Tea Party estadounidense hasta la proliferación de formaciones ultraderechistas en todas las democracias occidentales, esa estrategia ha funcionado con constancia y eficacia, desgraciadamente.
Convierten los problemas y las necesidades reales en motivación general para el temor, la frustración y el odio. Señalan falsos culpables en los políticos progresistas, los inmigrantes pobres, los homosexuales, las feministas, los ecologistas, los pacifistas. Deshumanizan y criminalizan a los adversarios políticos. Desacreditan y deslegitiman las instituciones democráticas, de los gobiernos a los parlamentos, de las elecciones a los impuestos.
Utilizan el poder del dinero, la impunidad en las redes sociales, la desinformación, los bulos, incluso la violencia cuando les es precio. De la mano de los grandes tecno-oligarcas multimillonarios, expanden su ideología, manipulan procesos electorales y avanzan posiciones en parlamentos y gobiernos. Cuando acceden a puestos de decisión política, acumulan poder, promueven la desregulación fiscal, laboral y ambiental, suprimen impuestos a los poderosos, recortan derechos a las mayorías.
Su reacción ante cualquier resistencia es brutal. Utilizan el poder del dinero y las redes sociales, que manejan los tecno-oligarcas, para descalificar y agredir a quienes osan plantarles cara, sean políticos, sean periodistas, sean activistas sociales, sean científicos.
En España, sus ataques se centran en políticos progresistas como el presidente Pedro Sánchez, que se ha convertido aquí y en el resto del mundo en un referente de todo lo que la ultraderecha combate: la defensa de la democracia, las libertades civiles, los derechos sociales y laborales, el feminismo, la lucha contra el cambio climático, el derecho internacional y el multilateralismo.
También los periodistas y analistas críticos son diana habitual de las agresiones ultras, como ha ocurrido recientemente con Sarah Santaolalla.
El avance ultra tiene un paso y una condición previa, la fagocitación de la derecha democrática tradicional por la derecha más extrema. Ocurrió hace tiempo en Estados Unidos con el partido Republicano y, desde entonces, ha venido pasando en otras latitudes. En nuestro país, este proceso se ha decantado tras el acceso de Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del Partido Popular.
Desde entonces, el PP ha venido asumiendo las ideas, los discursos, las propuestas, las estrategias y los modos de la ultraderecha española, vasalla del trumpismo global. De la criminalización del oponente político al fomento del odio al inmigrante o el negacionismo del cambio climático, del bulo constante al insulto permanente.
Como decíamos, Portugal ha señalado el camino. Vox fagocitará al PP. Los españoles se enfrentarán a la alternativa entre la ultraderecha y la socialdemocracia. Y la mayoría votará progreso en lugar de retroceso, civilización en lugar de barbarie.
No será fácil, como en Portugal. Será doloroso, como en Portugal. Pero triunfará la esperanza, como en Portugal.
Rafael Simancas
Diputado en las Cortes Generales por Madrid. Secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados.