Los buitres, al fondo
- Escrito por Rafael Fraguas
- Publicado en Opinión
Imaginen los lectores que sobrevuelan España a bordo de un ala delta. Uno de Ustedes pilota la aeronave y lleva de paquete a otra persona. El piloto, aprovechará las denominadas térmicas para hacer alzarse, descender y guiar el ala hacia una altitud deseada. Tanto él como su acompañante, comienzan a contemplar fascinados desde la altura lo que a sus pies se abre: colinas plateadas, grises alcores… que diría don Antonio; aquí, el espejo celeste y destellante de una laguna; allí, la ladera verde esmeralda de un monte arbolado de pinos; a lo lejos, el suave terciopelo de los lomos rubios de vacas pastando; y al fondo… ¡los buitres!
Los buitres son aves calvas, carroñeras, con el pico adaptado para rasgar cuanto de propongan rasgar -¿quizás el plano triangular del ala delta?- o bien descuartizar los cadáveres de los que se alimentan. Su vista y olfato son extraordinarios. Detectan a enormes distancias dónde se halla la presa que agoniza, se aproximan cautamente y la sobrevuelan con calma, a la espera de la hora en que la desdichada res expire. Es entonces cuando se lanzan en tromba hacia su desvalida presa. Y desgarran sus entrañas sin piedad.
Sin desear deshumanizar a nadie, los buitres surgidos del fondo del cielo sobrevuelan desde hace años nuestra hispana ala delta -en la que, metáfora mediante, viajan juntos dos extensos vectores de la sociedad española: la autodenominada clase media y la clase obrera, ambas asalariadas-. Viajan en el mismo aparato, en posiciones distintas, uno con los mandos y el otro de paquete; pero afrontaran un reto semejante, de distinta intensidad: la presencia de buitres en lontananza, cada vez más cercanos.
Las aves calvas se asemejan en demasía a esas entidades inmobiliarias dedicadas a comprar centenares de pisos habitados por personas asalariadas o en paro que viven en condiciones precarias y muy precarias. Buitres de otras características las han sepultado previamente en tal condición, degradando sus salarios y convirtiendo sus condiciones de existencia en un horror en ocasiones difícilmente superable y en otros casos, abiertamente insuperable. Los que pilotan el ala delta, pertenecientes a la denominada mesocracia o clase media, para combatir su precariedad relativa, tratan de redondear sus exiguos salarios acudiendo el mercado inmobiliario como pequeños propietarios. Han ahorrado algo a lo largo de sus vidas como para poder adquirir un número reducido de pisos y extraen mensualmente de ellos un dinero para mantener un nivel de vida casi siempre austero pero que les permite no descender hacia un escalón social más bajo aún.
En este preciso escalón se encuentra el paquete que viajaba en el ala delta, el subproletariado, que va a ser pasto de los buitres procedentes del fondo, que han divisado en su sobrevuelo a los miles de congéneres de aquel que agonizan por la falta o exigüidad de sus recursos. Los buitres olfatean su muerte y se aprestan a precipitarse sobre centenares, miles de viviendas habitadas por personas indefensas ante la voracidad de los carroñeros.
¿Cuál es el riesgo que corren todos? El principal riesgo es que los aeronautas del ala delta, en vez de esquivar el sobrevuelo de los buitres que a su alrededor merodean y alejarse juntos de su amenaza, se pongan a discutir sobre el rumbo a seguir y peleen por hacerse con los mandos de la nave. No se percatan de que el conflicto que les amenaza de muerte a los dos no es el que libran entre ellos, sino el que les enfrenta a ambos con los carroñeros merodeadores capaces de rasgar el plano y hacerles precipitarse al suelo desde la altura.
Perdonen lectores el propio merodeo de quien esto escribe, que aborda con extremo cuidado un problema de una envergadura inusitada, tanta, que retumba sobre la grave inestabilidad ya existente en España debida a los buitres, en este caso, políticos que, desregulando leyes defensivas democráticas, han allanado el camino para que actúen a sus anchas y sin cortapisas los buitres inmobiliarios.
Conflicto vertical, no horizontal
En plata: es un error tamaño el de identificar al pequeño propietario de un par o tres pisos con el fondo buitre devorador de cientos, de miles de pisos previamente vaciados de sus ocupantes veteranos y precarios, expulsados de sus hogares naturales para reevaluar esas viviendas y especular obscenamente con ellas. Error político mayúsculo es el de transformar un conflicto vertical, el realmente existente entre clase media-clase obrera, frente a buitres inmobiliarios, en un conflicto horizontal entre inquilino precarizado y pequeño propietario, asalariados ambos. El enemigo de los dos es el buitre, que les acosa y busca enfrentarlos entre sí.
Cuando los partidos de izquierda se mostraron cautelosos, quizás en exceso, a la hora de abordar este gravísimo asunto lo hicieron por temor a que este trueque del conflicto vertical en conflicto horizontal entre clases sociales hermanas se convirtiera en la coartada para que los buitres políticos dividieran a aquellos y fomentaran la voracidad de los fondos buitres inmobiliarios allanando su aterrizaje sobre los cadáveres sociales creados por sendas aves de rapiña.
No cabe duda de que puede haber pequeños propietarios de pisos que especulen: pero también es cierto que si sus condiciones de vida fueran las normales y no tan precarias como lo son salarialmente hablando, esa capacidad de especulación se reduciría al mínimo. Con todo, sería una especulación al por menor. La grave es la que se despliega tan obscenamente al por mayor, masivamente por parte de los fondos.
Muchas gentes olvidan que vivimos en un sistema capitalista, que vive sustancialmente de reproducir la desigualdad social. Explota a los débiles, los precariza y exalta a los dueños del dinero, que es poder. La democracia puede poner algunos, solo algunos, frenos a las exacciones de los poderosos, como la izquierda real y adjunta ha intentado aplicar con más voluntad que acierto durante el primer Gobierno de coalición en España en 50 años. Pero la democracia a secas no acaba con el capitalismo. No puede.
Acabar con el capitalismo, sistema del cual los fondos buitre son hoy sus principales heraldos, solo ha sido históricamente posible mediante propuestas radicales o revolucionarias desde el socialismo y el comunismo. Y ello a un precio elevadísimo, por la sádica hostilidad de una secuencia primero de terratenientes, luego banqueros, al cabo oligarcas, dictadores fascistas en suma o imperialistas de toda laya. Observemos el precio que hicieron o están haciendo pagar a los intentos emancipatorios de las clases asalariadas de todo el mundo, desde Cuba hasta Chile, desde Marruecos hasta Palestina, desde Pakistán a Filipinas. ¿Están las gentes en España dispuestas hoy a asumir esas rutas alternativas a tanto sufrimiento inducido por los poderosos? ¿Pueden los jóvenes explotados sustraerse a la fascinación paralizante del scroll de los teléfonos móviles y dedicar media hora de un día cualquiera a buscar fórmulas de organización que les permitan hacer frente colectivamente, fuertemente pues, a la que se les viene encima?
No olvidemos que en el origen de este gravísimo problema vivencial está no solo el déficit de vivienda pública sino también y sobre todo, el problema del suelo. Comoquiera que los Ayuntamientos no recaudan impuestos, o los que recaudan los consideran insuficientes, concurren al mercado del suelo y venden a entidades privadas suelo público. Así hacen caja. Pero ello encarece abruptamente todo el proceso y dispara los precios de la construcción y de los alquileres. Como cabe ver, los problemas se centuplican y generar una masa crítica altamente inflamable, que solo la prudencia política y económica de ir aislando cada problema, aplicándole su correspondiente solución, puede permitir domeñar y aplacar a la bestia así amasada.
Lo fácil resultaría decir que el pequeño propietario es el causante de este desastre habitacional y olvidar que quien lo causa es el buitre que sigue planeando, sobrevolando y merodeando sobre nuestras vidas y que no parará hasta que consiga aniquilarnos. Si el ala delta puede aterrizar sin problema, eludiendo su rasgado por las aves de rapiña, será a costa de mantener la amistad a sus dos navegantes para, ya en tierra, combatir hombro con hombro contra quien mutuamente les explota. Juntos son mucho más fuertes. En un segundo momento, será la hora de deliberar sobre cómo impedir que algún pequeño propietario de viviendas, con ínfulas, se proponga devenir en parásito que vive a costa de explotar a sus semejantes.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.