La IA y el apocalipsis
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
La emancipación de los procesadores es el sueño que perseguían la mayoría de los tecnólogos digitales y la variable más importante con la que trabajan los ingenieros más visionarios de Silicon Valley desde hace dos décadas. Implica completar el círculo. Una construcción humana que se emancipa de la tutela de sus creadores y se vuelve no solo autónoma, sino independiente, ya que adquiere la capacidad de modificarse y reprogramarse. Pero ¿al servicio de qué y de quién? La cuestión, como mínimo, resulta éticamente dudosa y posiblemente disfuncional. Se apela al hecho de que la IA debe permitir que los procesadores sean ellos mismos los «constructores» de su mayor eficiencia, pero más allá de los peligros distópicos, la no introducción de variables humanas en relación con las máquinas resulta, cuando menos, inquietante. No es una cuestión de futuro, sino de ahora. El trading algorítmico se impuso en las transacciones bursátiles porque el procesador toma decisiones que los humanos serían incapaces de tomar. Aparentemente, es una cuestión de rapidez y de una determinación más racional, ya que puede tener en cuenta una infinidad de datos. Pero, aunque quien utiliza estos métodos y técnicas pueda considerarlo un juego, en realidad los efectos de la toma de decisiones mecanizada pueden tener consecuencias que deberían incorporar una mirada, y también un tiempo, humanos. No se consideran las consecuencias extremadamente especulativas de esto, y menos aún las repercusiones económicas y sociales que vienen detrás de grandes inversiones y desinversiones.
Elon Musk representa más que nadie a los nuevos señores feudales del capitalismo tecnológico. Dictan normas y reglas por encima de los gobiernos y tienen en sus manos el control de la humanidad. Hay otros «señores», como Peter Thiel, Mark Zuckerberg, Larry Page, Sergei Brin, Sam Altman..., pero el más poderoso e influyente es, sin duda, el primero. También el más bocazas, arrogante y peligroso. No tiene ningún sentido moral. En una reciente y larga entrevista en el prestigioso diario británico The Economist, el orgullo puede con él y lo desencadena todo, haciendo evidentes sus delirios y dibujando, de una manera muy frívola, un discurso claramente distópico que no parece preocuparle por sus efectos. Si hace un tiempo alertaba sobre los peligros de una IA que podía descontrolarse, ahora ya le parece bien y prevé que esta, dentro de diez años, se emancipará del control humano y nos gobernará junto con la robótica avanzada. Nos quiere tentar para que aceptemos este futuro poshumano, afirmando que la IA creará una era de abundancia tan sorprendente que lo tendremos todo y en gran cantidad, una especie de Edén del exceso donde, incluso, el concepto de riqueza y de dinero quedará superado. El precio: ser seres sometidos a la tecnología y, supongo, por encima de todo, a los monarcas tecnológicos. Es el transhumanismo y la singularidad que lleva años predicando el ingeniero jefe de Google, Ray Kurzweil. Añadir funcionalidades «humanas» a los procesadores implica crear una humanidad paralela en la que aquello que era estrictamente propio de los individuos ha sido devaluado por una tecnología que ya no solo transforma la percepción de la realidad, sino que pretende sustituir y mejorar al sujeto mediante algoritmos que pasan a mutar hacia un funcionamiento que pretende ir mucho más allá de lo mecánico. La ingeniería, que es el gran proveedor de metas, prioridades e ideología de nuestra sociedad, erige un tótem que se nos obliga a adorar y a rendirle acatamiento, al precio de renunciar a ser nosotros mismos, además de acercarnos al abismo.
Esta visión de futuro tiene una parte de verdad respecto a los retos éticos y morales que plantea una IA que se desarrolla y crece de manera geométrica y que puede tener —de hecho, ya tiene— efectos muy perversos respecto al conocimiento, el control social, la economía, el trabajo o la salud. Igual que puede ser un instrumento al servicio del bien (la medicina), puede serlo del mal (control, sesgo del conocimiento, emancipación peligrosa...). Ciertamente, la batalla por el dominio de la IA es muy dura dentro de los propios Estados Unidos —caso de Sam Altman—, pero también forma parte de la pugna geopolítica más relevante respecto a China y con una Europa claramente outsider. La capacidad de China va por delante, pero Musk no deja de evidenciar que en el combate global él tiene más bazas. Starlink, que controla el sistema de satélites y puede decidir cómo acaban las guerras, o bien SpaceX, que ya se ha puesto al frente en la nueva era de la conquista del espacio, donde el objetivo es la colonización de Marte. Elon Musk no se priva de mezclar todo esto con un discurso contra una Europa que dice que vivirá, por culpa de la inmigración, una guerra civil en pocos años, haciendo una defensa encarnizada del modelo ultraliberal estadounidense. Hace un discurso rancio y de la derecha más extrema, combinado con un economicismo consistente en ocupar el Estado, que, en el futuro, afirma, solo tendrá la función de repartir cheques a las personas, ya que la tecnología digital habrá multiplicado la riqueza disponible en un 1000 %. Pura locura difundida por alguien que controla una de las redes sociales más influyentes —X— y dispone de 250 millones de seguidores entregados. Ahora también dice tener miedo de una tecnología que puede independizarse e ir contra nosotros.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR