El duelo detrás del estigma de su sombra
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
El duelo es la respuesta emocional, y a menudo física, que tenemos cuando experimentamos una pérdida. Cuanto más profunda sea la pérdida, más profundo será el dolor. El duelo puede involucrar prácticamente todas las emociones o puede dejarnos congelados, desconectados del mundo que nos rodea.
Cuando un ser querido muere por suicidio, las emociones pueden abrumarlo. Su dolor puede ser desgarrador. Al mismo tiempo, puede sentirse consumido por la culpa, preguntándose si podría haber hecho algo para evitar la muerte de su ser querido.
Al enfrentar la vida después del suicidio de un ser querido, se debería recordar que no hay que pasar por ello solo. Las manifestaciones del duelo pueden incluir desesperanza, ansiedad, ira, negación, culpa, fatiga incapacitante, dificultad para controlar las emociones, falta de concentración, pérdida de interés en personas o actividades (como la anhedonia del covid) y sentimientos de agobio.
Muchas personas que habían alcanzado cierta estabilidad o conocimiento en la vida, llegan a cuestionarse absolutamente todo. A veces, la parte más difícil del duelo es simplemente no entender lo que está sucediendo. Es un ciclo en la vida muy angustiante cuando lleva ese ciclo, la muerte natural, pero que se convierte en una certera patología cuando es por desesperación. El duelo es doloroso, pero no debemos evitarlo. El duelo duele, pero puede ser el bálsamo que nos ayude a sanar cuando se le permite hacer su trabajo apropiadamente. El primer paso para manejar el duelo es reconocer que el dolor es una parte normal del proceso. Hay que reconocerlo y no evitarlo.
El duelo no es un proceso breve. Debemos tener paciencia y darle tiempo. Al igual que con una herida física, el dolor de perder a un ser querido requiere tiempo para sanar, pero es importante que entendamos que uno puede sentir tristeza y paz al mismo tiempo.
He trabajado con muchas buenas personas que se preguntaban si habían perdido la fe o la motivación por su propia vida, porque sentían un profundo dolor por la muerte de un ser querido. Pensaron erróneamente que una persona con un fuerte estabilidad en fe o en conocimiento, o en ambas, no debería sentirse profundamente apenada por la muerte de un ser querido, como si el duelo por la muerte del ser querido fuera sinónimo de incredulidad en la otra vida o en el propio conocimiento que en su vida habían adquirido.
El precio de amar a alguien se traduce en vivir juntos en amor, al grado de llorar la pérdida de los que mueran. He aprendido que el dolor es el precio que pagamos por amar a alguien, y que el precio vale la pena. Ninguna de las personas con las que he trabajado dijo que renunciaría al amor que tenía por un miembro de su familia para evitar el dolor que venía de perder a ese miembro de la familia. Cuando los seres queridos pasan de este lado del velo al otro, continúan siendo tan importantes para nosotros como cuando estaban con nosotros. Por ello no mueren. (He hablado de esto en otros artículos) Debido a que los amamos, realmente no podemos esperar “superar” por completo el haberlos perdido.
He estado al lado de la cama de muchas personas a medida que pasaban de esta vida, y he tenido innumerables experiencias que han fortalecido mi conocimiento de que nuestros seres queridos están tan presentes con nosotros después de la muerte como lo están durante la vida. Por lo general, no podemos verlos, pero a menudo están allí para ayudarnos a superar nuestros diversos desafíos, incluido nuestro dolor por su fallecimiento. En ocasiones, el velo entre esta vida y la venidera se vuelve muy delgado. Solo hay que creer en ello. Nuestros seres queridos que han fallecido no están lejos de nosotros.
Ciertamente, algunas noches son mucho más largas que otras, pero la mañana siempre llega. La muerte trae un profundo dolor, pero nuestra alegría excederá nuestra capacidad de comprensión cuando finalmente llegue nuestro reencuentro con los seres queridos fallecidos. Sin embargo, la paz no está reservada solo para la próxima vida; podemos sentir paz ahora, incluso en el mismo momento en que sentimos dolor. Es posible que continúe experimentando reacciones intensas durante las semanas y meses posteriores al suicidio de su ser querido, incluidas pesadillas, recuerdos, dificultad para concentrarse, aislamiento social y pérdida de interés en las actividades habituales, especialmente si fue testigo o descubrió el suicidio, pero el sentimiento de culpa debemos dejarlo atrás.
Lidiando con el estigma, muchas personas tienen problemas para hablar sobre el suicidio, hablar de la muerte está muy denigrada según nuestra tradición judeocristiana, posiblemente por ello, no se comuniquen, lo silencian. Además, algunas religiones limitan los rituales disponibles para las personas que se han suicidado, lo que también podría hacer que el sentimiento de abandono de la vida hacia uno misma, crezca al punto de sentir una gran soledad. Es por ello, que también puede sentirse privado de algunas de las herramientas habituales de las que dependía en el pasado para ayudarlo a sobrellevar la situación.
Si experimenta angustia o problemas físicos intensos o implacables, pida ayuda a su médico o proveedor de salud mental. Buscar ayuda profesional es especialmente importante si cree que podría estar deprimido o si tiene pensamientos suicidas recurrentes. El duelo no resuelto puede convertirse en un duelo complicado, en el que las emociones dolorosas duran tanto y son tan intensas que se generará problemas para reanudar su propia vida. Quizá y dependiendo de las circunstancias, la persona apenada –curiosa palabra- puede beneficiarse de una terapia individual o familiar, ya sea para superar lo peor de la crisis o para ayudarlo a adaptarse a la vida después del suicidio. La medicación a corto plazo también puede ser útil en algunos casos. Como sea, después del suicidio de un ser querido, es posible que sienta que no puede continuar o que nunca volverá a disfrutar de la vida.
En verdad, es posible que siempre el individuo se pregunte, por qué sucedió, y los recordatorios pueden desencadenar sentimientos dolorosos incluso años después, seguramente ya disociados. Eventualmente, sin embargo, la cruda intensidad de su dolor se desvanecerá. Comprender el complicado legado del suicidio y cómo sobrellevar el dolor palpable puede ayudarlo a sanar, sin dejar de honrar la memoria de su ser querido.
No obstante, el duelo es duelo, con y sin suicidio.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.