La tierruca con su crisis patriótica
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Ahora que tenemos esta desdichada ocasión con las diferentes guerras que nos rodean, en las que se está malgastando el tesoro espiritual de los pobres pueblos y abusando de la paciencia de todos, se da rienda suelta a un patrioterismo hipócrita y mentiroso, aquí mismo, entre nuestro desgraciado pueblo español. Es lícito hablar del sentimiento patriótico y de la crisis por la que dicha “idea” está pasando en los espíritus de progreso, abiertos a las iniciaciones de futuro -cualquier futuro- ahora, que es cuando lo creen más inoportuno los prudentes de nuestro “mundo progresista”. Para muchos esta idea del patriotismo es cuanto menos una injerencia en el campo de la fuerza cuando está ella misma a su negocio. En triunfando tienen razón, que es lo propio del bruto. Lo del hombre es tener verdad, no razón precisamente.
Hace ya tiempo que viene cumpliéndose en los sentimientos sociales, por lo que a la patria respecta, un curioso fenómeno que cabe llamar de polarización, consistente en que van creciendo paralelos el sentimiento universal de humanidad y el apego a la pequeña región nativa. El regionalismo -por usar vocablos regeneracionistas- acrecienta su ímpetu parejo al cosmopolitismo, a expensas del sentimiento patriótico nacional, mal forjado por la literatura erudita y la historia externa. A medida que se ensancha la gran patria humana se reconcentra lo que aquí siempre se ha llamado la patria chica o de campanario, o de parroquia. Parece que se busca en el apego al terruño natal un contrapeso a la difusión excesiva del sentimiento de solidaridad humana.
El animal es en gran parte, y sin llegar a la paradoja podrá sostenerse que en totalidad, producto del ámbito físico en que vive. Depende directamente del ámbito y es pequeño su poder de modificarlo. Vive por completo fuera de sí, en el ambiente que le rodea, sin apenas distinguirse del mundo exterior, su placenta psíquica, careciendo de verdadera conciencia refleja. Su patriotismo es el apego a los lugares de que vive y que apenas distingue en su conciencia de si mismo. Es un hijo de la tierra, unido a ella como la postra a sus valvas. El gato fuera de la casa conocida se esconde aterrado. El individuo es animal también hijo del ambiente que le rodea, pero obra sobre él, lo modifica y cambia y así se crea un ámbito interior, lo mismos que en su conciencia se opone al mundo. El hombre no solo se adapta al ámbito, sino que se lo adapta, y va así haciendo suya la tierra, primero con la fuerza, con la inteligencia después, siendo ésta última en ocasiones aplicada casi demoníacamente. El hombre cuando es poseído por la tierra, comienza a poseerla no solo con su trabajo sino con su comprensión, reduciéndolo a una viva representación ideal, creando un mundo en si mismo, reflejo del exterior, dominando con aquél a éste. La ciencia domina a la fuerza, vieja verdad -parafraseando a Unamuno- que nunca será bastante meditada.
El partidismo de las grandes agrupaciones históricas, cuando no es hijo de la fantasía literaria de los grandes centros urbanos (¿De dónde eres? - de aquí de Madrid, te dirá cualquier madrileño esté donde esté) suele ser producto impuesto a la larga por la cultura de los grandes terratenientes, casi, de los señores feudales con sus exploradores de latifundios.
El progreso económico social moderno, mercantil, industrial, arrancando del libre cambio, trae el verdadero cosmopolitismo, la gran patria del espíritu que del cambio se nutre, de la diversidad, la gran patria humana. Y claro, esta suerte de “regionalismo” en ocasiones proteccionista y retrógrado arranca y termina en la propiedad acaparada, el librecambista y progresivo, en el individuo libre, el uno quiere remachar las cadenas que sujetan al hombre al terruño, libertarle éste, para lo posea, el otro.
Cuanto más se diferencien los pueblos mas se irán asemejando, aunque esto parezca forzada paradoja, porque más irán descubriendo la humanidad en si mismos.
El resultado final visto ayer lo visto aquí y en los que celebran el Dia de la raza, del colonialismo o de lo que sea, que no se olviden del siguiente axioma: el pueblo es en todas partes lo más análogo. Tratan de separarlo para vencerlo mejor los que en todas partes lo explotan.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.