Los discursos familiaristas. ¿Sabéis contar? Pues, ¡no contéis conmigo!
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Entre la guerra de la pandemia y la guerra que estamos sufriendo fruto de un capitalismo agresivo y extremo, surge la patología social propiamente dicha, depresión, crisis, desempleo estructural, falta de motivación, anhedonia social, en definitiva. Todo se extiende con el mismo patrón que una epidemia. Ahora también tenemos que aprender a qué temperatura hay que ducharse, cómo ahorrar en bombillas led que cuestan un dineral y otros consejos en los noticiarios que aparecen a diario de forma kafkiana.
Y todo ello pone al descubierto, ante el azoramiento del mundo entero, la carencia de instrumentos internacionales reguladores de una economía en crisis, aquel que piense que existe control económico, que esto existe, le felicito. En este nuestro contexto mundial de turbulencias coyunturales y estructurales es donde, en los países industrializados, la educación y el trabajo femeninos experimentan notables progresos y se nota, pero se nota para volver a tener de nuevo la bota en el cuello, eso sí, un cuello educado, culto e intelectual, pero la misma bota de siempre. Unos se asombran, otros lo lamentan, pero la urgencia esta en otro sitio. Después de tantos muertos, de tanta aniquilación infantil, juvenil en vida y de la población más mayor, si las mujeres no se dan cuenta por si mismas de cual es su deber, vale la pena recordárselo.
La mujer se ocupa de todo ante cierta ofensiva que está ahí, patriarcado y machismo, y que seguirá estando por los siglos: la bota. A esta ofensiva le falta habilidad; seria mejor conseguir que las mujeres se hicieran ellas mismas cargo de su propia eliminación del mundo del trabajo. Ahora -como siempre- la mujer sufre más que los hombres las sacudidas de una economía en crisis y pagan el precio de la adaptación al mercado del trabajo, pero resisten bien, sin grandes progresos, pero sin retroceso notable. ¡Ein! Orgullo patrio ¿verdad? eso es. En la realidad es lo que hay. La cantidad de hombres activos -especialmente en ciertas profesiones como la de poeta, compositor o pela papas- es el doble, y hasta el triple de la de mujeres.
Ahora se trata de incitar al retiro pasivo, el retorno entusiasta y valorizado al hogar: a cuidar de todos. De nuevo la mujer es el mascarón de proa de toda la economía doméstica. La situación adopta formas burguesas y otras más populistas, a fin de adaptarse a las diferentes expectativas de lo que está por venir. Malos sueldos, siguen ahí, todavía intentando que se reconozca y salga del “mundo negro” aquellas que son contratadas como profesionales domésticas. Demencial. Ni eso está regulado y luego hablamos de no sé qué conquistas. ¡Pero si son las abuelas de este país las que aguantan con todo y nos salvan a la mitad!
Con el miedo que vuelve a hincarnos el diente con la prensa sensacionalista de las principales organizaciones de “Noticias”, ya nos van preparando a temer mucho más, y bajo el miedo, el individuo deja de ser tal y se convierte en una marioneta manipulable por el sistema. Este aprendizaje al que nos someten ahora, como si nunca hubiéramos sabido hacer economía, se convierte en algo irritante por obstinado y cansino. Para las clases trabajadoras -ya nadie se considera trabajador- ahora el léxico es otro, estas “lecciones de ahorro de agua, luz y demás” debe ser un medio para luchar contra el derroche y un método para hacer maravillas “con lo que hay”, es decir, con un salario de mierda. Si resulta que intentamos luchar por un sueldo decente, y además tenemos que aprender a acomodarnos al mismo, racionalizando al máximo los gastos, estamos ya entrando como el toro tras el capote.
Estos discursos familiaristas que pretenden “hacernos responsables de que la economía va mal”, me indignan como nada en este mundo. También somos culpables de la inflación y de la subida de la cesta más humilde de la compra. El resumen es que gastamos mucho y encima nos lo creemos. Los mismos que trajeron el sistema capitalista ahora quieren que miremos a otro lado, mientras les hacemos la ola, apoyando a marquesas forradas que se enriquecen a fuerza de ser los nuevos bufones que cuentan historias de princesas para las que ya se han rendido en la lucha.
La mujer intelectual -que casi ningún hombre quiere reconocer- también tiene su economía doméstica, en el caso del espíritu de la letra completamente dominadas por una bota masculina que no nos deja movernos. Si antes éramos buenas en nuestras casas con nuestras economías domésticas, ahora resulta que tampoco sabemos nada y debemos seguir la dictadura de los “medios” para enseñarnos a vivir. A muy pocos hombres les gusta tener cerca a una tía más lista que ellos.
Con todo este trabajo de hígado que nos dan, para que ahorremos y no nos fijemos en la pobreza y en el gastazo que tienen unos frente a los desgraciados que son otros, siempre digo lo mismo: ¿Sabéis contar? Pues no contéis conmigo. Me largo.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.