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Sembrador de futuro a manos llenas

Estas son mis últimas palabras. Y tengo la certeza de

que mi sacrificio no será en vano; tengo la certeza de

que, por lo menos, será una lección moral que

castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Palabras pronunciadas por Salvador Allende, en el

Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973

Salvador Allende fue un intelectual consciente y lúcido, un político cabal, un gobernante transformador y un socialista ejemplar.

Hay fechas que se quedan marcadas en lo más hondo. El 11 de septiembre, ese día negro, de 1973 es, sin duda, una de ellas. En aquellos años yo estudiaba en la Universidad Autónoma y los rostros de los compañeros y compañeras y algunos profesores, decían mucho más que las palabras. Todo era desolación, tristeza y rabia.

Poco después “Triunfo” el semanario que muchos leíamos se publicó con una portada en negro, sin más excepción que unas lágrimas y unas gotas rojas de sangre. Recuerdo, como si fuera ayer mismo, la emoción de Aurora de Albornoz que no pudo contener las lágrimas.

Admiré y mucho a Salvador Allende. En las discusiones frecuentes, que manteníamos, por aquel entonces. Faltaban dos años para que muriera el dictador, hablábamos a menudo de la vía chilena o de la vía pacífica al socialismo, que constituía un método novedoso frente a otras formas de acceso al poder.

De Salvador Allende pueden decirse muchas cosas. Ni su figura, ni su legado se han desgastado con el paso del tiempo, pese a los intentos de silenciar ambos por parte de esa derecha filofascista, atrabiliaria, golpista y criminal que contó con el apoyo político y económico de la administración estadounidense para perpetrar el golpe.

Tal vez convenga empezar por decir algo a lo que no se le ha dado la importancia que tiene, fue un humanista, tuvo unas firmes preocupaciones éticas y combatió con todas sus fuerzas y con su verbo encendido, la explotación y la desigualdad. Estaba dotado de una gran energía interior sobrehumana y contagiosa.

Hay imágenes que resisten el paso del tiempo. Retengo en la memoria la de Salvador Allende con chaleco antibalas y metralleta en la mano, dirigiendo sus últimas palabras el 11 de septiembre.

Su figura se ha agigantado. Si bien, mucho menos de lo que merece. Se le siguen tributando homenajes, en tanto que el felón Augusto Pinochet sólo merece desprecio… y hoy no lo reivindican más que un grupo de nostálgicos de ultraderecha, haciendo buena la lejana opinión de Karl Marx de que “la tradición de las generaciones muertas oprime, como una pesadilla, el cerebro de los vivos”.

Salvador Allende, desde su juventud no fue sólo inteligente sino lúcido. Quizás, la lucidez no sea otra cosa que una luz interior que vislumbra lo que está por llegar, cuyos destellos penetran la historia y escrutan el porvenir.

No lograrán nunca entenderlo aquellos, que dejando a un lado la dignidad, convierten en máscaras sociales, fetiches ideológicos que encubren sus intereses avarientos y podridos. Incluso en esos casos, la campana resulta demasiado pesada para la torre en que se cuelga… da con ella en tierra y deja, tan solo un paisaje de desolación y ruinas.

El Presidente de Chile y fundador del Partido Socialista Chileno, no dudó en aventurarse por caminos poco transitados para luchar por la justicia social. Rápido en sus respuestas, valiente pero no temerario, gustaba rememorar aquellas palabras de J.P. Sartre de que…”conocer es comer con los ojos”.

Tenía un ansia de comprender y analizar poco usual. Gozaba de una excelente memoria. De cuando en cuando, bromeaba con eso y recurría a la retórica de los clásicos... luego ya se sabe el pensamiento genera acción.

Es probable que el pasaje de la Odisea en el que Ulises decide seguir siendo mortal y se niega a comer las consabidas hojas en el país de los lotófagos, sea no sólo uno de los más interesantes sino reveladores de los relatos homéricos. La memoria, entre otras cosas, es una ventana abierta al futuro. No es momento de hablar de los textos que analizan su biografía, la génesis de su pensamiento y su trayectoria política. Me gustaría, sin embargo exponer, solo como ejemplo, que en su mesilla de noche había, al menos dos libros de ese marxista heterodoxo, Leszek Kolakowski, que algunos suelen considerar cercano a los postulados de la New Left.

A Salvador Allende puede considerársele también un marxista poco usual, poco sujeto a esquemas de manual. Nunca se dejó encadenar al “poste del momento” sino que era decididamente partidario de ensayar senderos y rutas estratégicas capaces de interpretar adecuadamente la realidad… y llegado el caso, transformarla.

Para quienes no recuerdan o no han podido hacerse una idea del significado de la figura de Allende, apuntaremos algunos datos biográficos y algunos hechos políticos sin duda, relevantes. Fue nada menos, que el primer presidente socialista elegido democráticamente, algunos a quienes no se les cae de la boca la palabra democracia, sin embargo, no despegaron sus labios para emitir la más leve queja cuando tuvo que suicidarse… porque hay suicidios que son un asesinato en toda regla.

Se erigió en portavoz de los desfavorecidos, médico de formación como era, se propuso una arriesgada terapia social: mejorar las condiciones de vida de campesinos y trabajadores con una especial sensibilidad hacia la mujer.

Su carrera política fue dilatada. Tuvo muchos tropiezos y no le fue nada fácil abrirse camino. Otra característica que lo convierte en plenamente actual es que fue un decido partidario de la unidad de la izquierda y de los sectores progresistas.

Añadamos a esto que era muy familiar. Su matrimonio con Hortensia Bussi, más conocida por “Tencha” es proverbial. Tuve la oportunidad de conocerla a través de un amigo común, Joan Garcés, era conmovedor oírla hablar de Salvador en familia.

Una vida consagrada a luchar por la dignidad y contra la desigualdad deja huella; prueba de esto es el combate contra la dictadura chilena y a favor de la recuperación democrática que llevaron a cabo sus hijas, su sobrina y algunos otros familiares.

Contamos con numerosas biografías y estudios sobre Salvador Allende. Voy a hablar si bien sucintamente, de dos o tres de ellas. Quizás lo más interesante sea indicar que Allende desapareció en septiembre del 73 pero que todavía, en el siglo XXI, siguen reeditándose y publicándose nuevos textos sobre su figura, el gobierno de la unidad popular y sus planteamientos políticos y estratégicos.

Citaré en primer lugar el de Oscar Soto (1998) El ultimo día de Salvador Allende, prologado por Hortensia Bussi. Como otros textos de este autor es un tributo emocionado y, a un tiempo riguroso, sobre su significado en el pensamiento socialista latinoamericano.

Asimismo, me parece estremecedor Salvador Allende: el hombre que abría las alamedas, Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2009 de Jesús Manuel Martínez. Desde su trágica muerte se han abierto algunas alamedas… pero quedan muchas más por abrir en una tarea que hay que ir practicando con tiento y con inteligencia.

Por último, citaré un análisis completo, documentado y pedagógico de Joan Garcés que desde su publicación a mediados de los 70, no ha perdido ni un ápice de actualidad e interés. Me refiero a Allende y la experiencia chilena. Analiza en profundidad la llamada vía democrática al socialismo y la reacción prepotente del imperialismo americano al ver amenazados sus intereses, particularmente con la nacionalización de las minas de cobre.

Es posible que dé excesiva importancia a determinados detalles. Me estremeció su discurso en el funeral de su padre, donde prometió entregar el resto de su vida a la lucha social alineándose con los explotados y desfavorecidos.

Estuvo firmemente preocupado y ocupado en la defensa de los derechos de los trabajadores y campesinos. No olvidó nunca su etapa de Ministro de Salud y procuró fortalecer y blindar los programas de bienestar social.

Tuvo que enfrentarse a enemigos poderosos. Las multinacionales hicieron todo cuanto estuvo en su mano por asfixiar sus políticas y hundirlo por cuantos medios lícitos e ilícitos fueran necesarios. Únase a esto, otras propuestas de sus programas como entregar tierras a los campesinos o apoyar a la pequeña empresa contra los monopolios.

Para que pueda apreciarse su proyecto socialdemócrata y transformador a un tiempo, baste con poner negro sobre blanco algunos aspectos como sus esfuerzos en pro de la atención médica a los más desfavorecidos, sus mejoras en la educación y sus inequívocos avances en materia de vivienda y de seguridad social. Obviamente, como es fácil imaginar, los privilegiados no estaban en absoluto conformes con que se adoptaran –aunque algunas no pasaron de ser un proyecto- estas medidas de alcance social que favorecerían la igualdad de los chilenos y su dignidad.

Los sectores más conservadores, alentados por los Estados Unidos y por quienes veían en peligro sus privilegios una vez más, recurrieron al boicot y a la asfixia económica. Primero, provocaban la escasez de alimentos, retirándolos previamente de la cadena de distribución… para después, venderlos en el mercado negro, enriqueciéndose con esta operación y provocando desajustes, inquietud y malestar social. En esta tarea como viene siendo habitual, contaron con la complicidad de los medios de comunicación afines y otros a los que “incentivaron” para que secundaran sus sucios propósitos. Puede destacarse entre estos hechos “la marcha del cacerolazo” ya que ejemplifica a la perfección, cuanto estamos afirmando.

La Historia tradicionalmente no ha sido generosa con los vencidos. Tal vez, Salvador Allende sea una excepción. En esto que hemos dado en llamar globalización, hacen falta políticos íntegros capaces de alumbrar los caminos… y sobran quienes van dejando tras sí mutilaciones, aumento de desigualdades, así como una notable estupidez… el olor pestilente de la avaricia y el fascismo, exhibido además jactanciosamente, con un no sé qué estrafalario.

Necesitamos referentes. Inequívocamente Salvador Allende lo es. Goza de esa “inmortalidad” reservada a unos pocos. A quienes permanecen en el recuerdo porque han sido íntegros y nos han legado ideas y proyectos para ayudarnos a resolver el jeroglífico que tenemos planteado.

Por eso, en estos días de reclusión forzada por un virus de origen, todavía no esclarecido suficientemente, he querido hablar de la egregia figura del compañero Presidente, así como de otros virus, esta vez políticos e ideológicos que marcan una estela de postración moral y de bajeza.

Hoy podemos, con asco y amargura, contemplar a donde nos han conducido las políticas neoliberales con sus secuelas de privatizaciones, externalizaciones y desmantelamiento hasta donde les ha sido posible, del sector público.

No es excesivamente acertado convertir a Allende en un ritual cíclico en el que celebramos su altura moral y su entereza política cada 11 de septiembre; no es flor de un día, debemos tenerlo presente en muchas más ocasiones.

Es de esos seres humanos escogidos que pertenecen más al futuro que al presente y que nos ayudan a, por encima de las dificultades, seguir la senda de la dignidad, del igualitarismo, dejando atrás las envilecidas botas de quienes, antes como ahora, están dispuestos a aplastarnos tan pronto vean peligrar sus privilegios. Pensando en su sacrificio se pierde el miedo de comprometerse… y arriesgar.

Recordemos al poeta e intelectual Antonio Machado, con su “hoy es siempre todavía”. Cada día que pasa es más urgente combatir las desigualdades, la exclusión social y luchar por la dignidad humana.

La lección moral de Allende sigue viva y operativa. 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.