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Adán de ayer y hoy


La Creación de Adán, fresco de Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina. / Wikipedia La Creación de Adán, fresco de Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina. / Wikipedia

La figura de Adán tuvo una importante relevancia en la literatura del Judaísmo y en la primera Cristiandad, y la fuente de dicho poder fue la naturaleza paradigmática del papel de Adán. El era “Ha’adam” el ser humano: el arquetipo, prototipo y modelo de los seres humanos subsiguientes, de modo que podemos dilucidar sin riesgo de error la evidencia en las diversas culturas de la figura de este ancestro original.

En la mente de los judíos y de los cristianos del primer siglo, Adán era como nosotros. En lo que Adán podría convertirse, podríamos convertirnos nosotros. Por lo tanto, si uno pudiera alterar el modo en que Adán era considerado en la mente popular, se podría cambiar la opinión contemporánea de la naturaleza y de la función del hombre, de lo que significaba el ser humano. Todos estaban de acuerdo en que la historia de Adán y Eva ofrecía un paradigma básico para el orden de la sociedad humana, el argumento sobre el rol del gobierno, por lo general, tomaba la forma de algo conflictivo acerca de dicha historia. La iglesia en el siglo V modificó su comprensión de la historia de Adán y Eva partiendo de una afirmación del libre albedrío y de la necesidad de la elección voluntaria hasta llegar a una afirmación de la incapacidad del hombre de gobernarse a sí mismo.

Mientras que los cristianos de los primeros siglos habían luchado por el libre albedrío del ser humano y por la necesidad del auto gobierno de los individuos basándose en los principios del evangelio, los cristianos de la época de Agustín rechazaron tanto la doctrina del libre albedrío del ser humano como la posibilidad del auto gobierno individual. En consecuencia buscaron que la iglesia o el gobierno civil controlaran a la humanidad, que escogieran las opciones adecuadas para ellos y que las hicieran cumplir. Este es un ejemplo de interpretaciones, en la primera hora canónica, en las sociedades religiosas o en sociedades donde la religión estaba a cargo del Estado, el control del paradigma de Adán implicaba también un control teológico y social. Tal era el poder de dicho paradigma, que ambos sectores de una controversia, con frecuencia recurrían a él, así como ambos lados de una comunidad religiosa de la actualidad apelarían a la misma Biblia para sostener las opiniones contradictorias.

Por ejemplo, el autor de 4 Esdras, un determinista, consideraba que la falla humana se debía al pecado de Adán, quien había sido creado con un defecto: Adán, el primero, incinerado con un corazón vil, transgredió y fue vencido, así como lo fueron también todos los que de él descendieron. Así, la enfermedad se volvió permanente; la ley estaba en el corazón de las personas, al igual que la raíz de la maldad, pero lo bueno desapareció y lo malo permaneció…Ah, Adán, ¿qué has hecho? Porque tu fuiste el que peco, la Caída no fue solo tuya, sino también nuestra, de quienes somos tus descendientes. Así, en la opinión pesimista de Esdras 4, fue el corazón vil, con el cual Adán “fue incinerado” por su creador, la causa de todos los pecados humanos.

Sin embargo, el autor1 de Baruc 2 – cisma responsable de una divulgación probablemente equivocada- insiste en que cada uno de nosotros es libre de tomar sus propias decisiones, libre de la carga de Adán: “Por que si bien Adán pecó primero y trajo consigo la muerte a todos los que no vivieron en su época, aunque cada uno de ellos que ha nacido de su progenie se ha preparado para el tormento por venir”. Por lo tanto, Adán no es el causante de su propia desgracia, sino que cada uno de nosotros se ha vuelto su propio Adán.

Jesús también utilizó el paradigma adánico para justificar su ruptura con las tradiciones de los mayores sobre la permisibilidad del divorcio. Si bien la ley de Moisés permitía específicamente el divorcio, por ejemplo, Jesús argumentó “Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así”. (Mateo 19:8). En otras palabras, la condición original en el Edén sentó un precedente de mayor fuerza en la mente de Jesús que la subsiguiente legislación del Sinaí. Lo que ocurrió en el caso de nuestros primeros padres es normativo.

El poder normativo del paradigma Adánico también se manifiesta en las Epístolas pastorales: “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”. Porque Adán fue formado primero, y después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión”. (1 Timoteo 2: 12-14). Nuevamente se invoca el modelo fijado por el paradigma Adánico para justificar la práctica de la Iglesia contemporánea. Al igual que en la Iglesia moderna, el ejemplo de Adán y Eva es de fundamental importancia mucho más de lo que se le concede en el transcurrir de las religiones especialmente respecto a la relación entre esposos y a la naturaleza y el objetivo de la vida.

De igual modo, Eva sin duda ejerció una gran fe para cumplir con su misión como la madre de todos los seres vivos. La palabra madre aplicada a Eva, traducida del hebreo, significa "unión de la familiá'. Eva se convirtió en la fuerza de unión que asegura y cuida en el curso futuro. Visto ahora, más que nunca, Eva le brinda su apoya y soporte revelados por la figura de la costilla, y a través de las obras de su amor, se convirtió en una verdadera madre, en la esencia de poder dar vida. El significado literal de Eva es "la que da la vida", es decir, “vivir”, refiriéndose a la posteridad que fluiría de ella. Esta creación humana fue obra de ella y de nadie más. La ubicó en el centro mismo de la existencia de sus hijos, puesto que engendró y acunó a toda nueva vida humana. Eva sería salvada a través de la maternidad; es decir, no solo sería preservada por su trabajo físico, sino que también su salvación provendría de su sacrificio y de su obra (ver JST, 1 Timoteo 2:15). Su voluntad de traer vida al mundo podría considerarse como una agradable semejanza al sacrificio de Jesucristo. Eva recibió sus hijos como dones de Dios. "He adquirido un varón del Señor", dijo; y oro por la fe de sus hijos, "por tanto, tal vez éste no rechace sus palabras" (Moisés 5:16). En realidad, Eva se sintió en la obligación de capacitar y educar a sus hijos. Sin duda, ella también fue una maestra que enseñó con poder, habiendo caminado en el Edén con el Padre y con el Hijo (Moisés2 5:11-12) Eva sería la madre de una línea de sacerdotes. Los profetas y los "predicadores de justicia" llegarían a través de ella (Moisés 6:23). En el Eden se le había prometido que el Redentor provendría de su semilla, y Eva trabajó con esta esperanza en su seno (Moisés 4:21). Así, Eva fue fiel a su cargo como la primera madre y la iniciadora de la familia humana.

La sociedad secular moderna tiene dificultades en comprender cuán poderoso era el paradigma Adánico en otros tiempos y lugares, pero eso se debe a dicha sociedad que ya no cree en Adán y Eva. La experiencia de los primeros padres ha perdido relevancia para la sociedad moderna, porque ésta ya no cree que ellos hayan sido los primeros padres. Hemos elegido otros paradigmas menos exigentes (el hombre es un bípedo sin plumas) que es el modelo puramente científico, o bien hemos intentado abandonar por completo los paradigmas (la existencia precede a la esencia) el modelo existencialista. No obstante ello, el poder normativo de paradigma adánico en la antigüedad era tal, que se generó una enorme cantidad de bibliografía, tanto entre judíos como entre cristianos, en el intento de redefinir la naturaleza de la humanidad, dándole otro enfoque a la figura del primer hombre, Adán. El creacionismo sigue siendo la teoría oficial acerca del nacimiento de la raza humana para millones de personas en todo el mundo, pero a este respecto se deberían revisar todo tipo de libros extra católicos para poder llegar a alguna conclusión coherente. Las versiones y complementos sobre hechos antiguos que no se conocen de forma popular pueden ser un gran escollo o un gran alumbramiento –según se mire- para la interpretación real de los hechos. Pero de este breve apunte seguiremos hablando.

1Ya en tiempos de los Macabeos, un último redactor escribió o añadió el prólogo y la parte final y atribuyó el todo al profeta Baruc, secretario y amanuense de Jeremías este texto. El Libro de Baruc (también llamado de Baruk o Baruch) es un libro deuterocanónico perteneciente al canon bíblico de la Iglesia Católica que se encuentra en el Antiguo Testamento, perteneciente al grupo de los libros conocidos como apócrifos por los protestantes. Se encuentra ubicado entre Lamentaciones y Ezequiel, como parte de los libros proféticos, pero solo es considerado como doctrina especialmente en la Iglesia Católica y no en otras confesiones cristianas. De ahí la confusión interpretativa.

2El Libro de Moisés (en judeopersa: Mūsā Nāma) es una compilación poética de los libros bíblicos del Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, inicialmente escrita en judeopersa en 1327 por Mulana Shāhīn Shirazi, prominente autor judío de la Persia medieval. Incorporando tradiciones y leyendas judías, musulmanas y persas, su texto contiene los principales eventos de la vida de Moisés. Existe una versión de El Libro de Moisés de 1686 escrita en caracteres hebreos y que comprende 19 miniaturas realizadas por Nehemías ben Amshal de Tabriz, presentando influencias estilísticas y exegéticas provenientes de la tradición musulmana, que incluyen la representación de Moisés con un velo cubriendo su rostro, reminiscencia a la representación de Mahoma y de otros santos en los manuscritos miniados del arte islámico.

Pero existe también una versión El Libro de Moisés, que fue dictado por Joseph Smith y que es uno de los textos que conforman la Perla de gran precio, uno de los libros sagrados de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, también conocida como iglesia SUD o iglesia mormona, y de la versión de Doctrina y convenios de la Comunidad de Cristo. El libro comienza con las «Visiones de Moisés», un prólogo de la historia de la creación y la caída del hombre (Moisés capítulo 1), y continúa con el material correspondiente a la Traducción de la Biblia de Joseph Smith (TJS, también conocida como la Versión Inspirada de la Biblia) de los primeros seis capítulos del Libro de Génesis (Moisés capítulos 2–5,8), interrumpido por dos capítulos de «extractos de la profecía de Enoc» (Moisés capítulos 6–7).1​ Porciones del Libro de Moisés fueron publicadas originalmente por separado por la iglesia SUD en 1851, pero luego se combinó y publicó como el Libro de Moisés en la Perla de Gran Precio. La Comunidad de Cristo publica el mismo material como parte de su versión de Doctrina y convenios, y de la Versión Inspirada (VI) de la Biblia.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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