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El pacto del lector modelo


El lector hacia 1885. Óleo sobre lienzo. 31 x 38 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. El lector hacia 1885. Óleo sobre lienzo. 31 x 38 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

La teoría de la recepción que desde hace años se maneja como uno de los fundamentos teóricos más solventes para la intervención didáctica, sostiene que es en el “acto de lectura” donde el lector crea la poesía o la novela: “Si se ha llamado al poeta un segundo creador, un alter deus, el lector no es otra cosa que un alter poeta, con todas las consecuencias que ello implica” (Maurer, 1987, p. 263).

Es por ello por lo que cabe afirmar que la vertiente productiva (el autor) y la vertiente receptiva (el lector) de la experiencia estética entran una relación dialéctica, hasta el punto de que el lector es concebido, desde esta perspectiva, “como una instancia de una nueva historia de la literatura” (Jauss, 1987, pp. 59-85).

La lectura, y particularmente la literaria, ha sido objeto de estudio en incontables investigaciones que van desde el mundo griego y el helenístico, pasando por Roma, la Edad Media, el Renacimiento y el Humanismo, hasta los siglos XVIII, XIX y XX. El texto Historia de la lectura en el mundo occidental, dirigido por Cavallo y Chartier (2012), es una compilación de indagaciones sobre el papel del libro en estas temporalidades, además sobre el lector, la lectura, la oralidad, la ciudadanía y el porvenir de la lectura, el texto impreso y el digital. En esta indagación sobre la lectura literaria, y específicamente acudo a Borges (1997), cuando nos recuerda que el libro es más que unas estructuras verbales: “es el diálogo que entabla con su lector y la entonación que impone a su voz y las cambiantes y durables imágenes que dejan en su memoria.Ese diálogo es infinito…” (p. 237).

En la configuración del Lector modelo literario resulta de interés especial al transponerla a la planificación didáctica, pues, si, como asegura Umberto Eco (1987), el lector está inscrito en el interior de los textos y en el interior de las estrategias del autor, no cabe la menor duda de que, paralelamente al pacto enunciativo dialéctico de ficción suscrito, entre destinador y destinatario, será didáctica, entre el profesor y los alumnos. El lector modelo de Eco, debe ser una enciclopedia, con conocimientos culturales suficientes para que el discurso sea reconfigurado por el que lee. La correspondencia entre uno y otro pacto ha de contribuir a negociar entre los interlocutores del discurso didáctico. En este sentido, parece que deberíamos tener en cuenta al menos, la presuposición de unos conocimientos previos compartidos entre destinador y destinatario; la presuposición de una determinada enciclopedia cultural y por supuesto, la construcción de un Lector Tipo. Este será, específicamente literario, de la misma manera que un texto publicitario, por ejemplo, conforma un receptor modelicamente publicitario. Paradójicamente Eco no plantea una diferencia esencial entre el lector adulto y lector infantil, aunque la mecánica, si se piensa es la misma, solo hay que adaptar.

Ahora bien, no debemos olvidar que esta adecuación al Lector modelo adolescente, requiere de otros parámetros y en ningún caso debería suponer minusvalorar el discurso, ni rebajar sus exigencias artísticas, en aras, por una parte, de conseguir una comprensión fácil y transparente. Eco afirma que la lengua es patrimonio, adquiere estatus histórico, control cultural. La excusa de una supuesta carencia en la competencia literaria de los estudiantes de la enseñanza obligatoria, no convence en cuanto a la formación y enfoque que deben tener los enseñantes de lengua y literatura. Igualmente se tendrá en cuenta, y lo desarrollaremos más ampliamente otro día, como es costumbre, el logro del correspondiente éxito comercial y editorial. Es aquí donde reside uno de los peligros de la literatura infantil y juvenil y más bien del lector modelo juvenil: la adecuación ejemplarizante a un supuesto “lector literario incompetente” (en ocasiones a propuesta de ciertas obsesivas líneas editoriales) que acarrea la desnaturalización de aquello que el discurso tiene de artístico y de creativo. Al contrario, en el discurso literario destinado a cualquiera de los niveles educativos, la escritura, si aspira a suscitar una práctica significante estética que implique el placer de superar el misterio oculto de los significados, no debe quedar supeditada al fenómeno subcultural de las audiencias sociológicas, tal y como sucede, por ejemplo, en los programas de televisión o en otros mensajes mas mediáticos.

Los autores, deben cuidar la presencia de estructuras retóricas y expresiones figuradas, impregnadas de significaciones connotativas y polisémicas, que intervengan de manera estratégica en la producción imaginaria por parte del lector empírico, de manera que el texto “se mueva” para construir una competencia comunicativa propia de la lectura literaria, porque “leer literariamente” es algo más, bastante más, que leer. La activación de ciertas estrategias enunciativas es el requisito necesario para que se produzcan esos textos abiertos de los que nos habla Umberto Eco, esos textos que, justamente porque admiten múltiples lecturas, proporcionan un goce infinito. Si aplicáramos los criterios derivados de esta perspectiva a los “libros para niños y para jóvenes” que invaden, profusamente, las librerías bajo la etiqueta (cultural y prestigiosa) de literatura infantil y/o juvenil, nos encontraríamos con que muchos de estos libros no resisten un análisis estrictamente literario, puesto que carecen de las estructuras y operaciones retóricas más elementales, para que funcione la densidad semántica propia de la ficcionalidad o para que se estimule la atención “extrañadora” de los destinatarios.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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