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EL PERIÓDICO
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Frantz Fanon (1925-1961)


Uno de los más genuinos e imprescindibles representantes de lo que se ha dado en llamar "Pensamiento Post-Colonial"

Hace quizás más de un siglo, que el poder y la cultura dejaron de ser eurocéntricos. Ha ocurrido, sin embargo, que en ese agitado siglo XX caracterizado por dos Guerras Civiles Europeas y por el auge y desmoronamiento del gigante soviético, hemos hecho oídos sordos… a una realidad que no nos interesaba ver ni apreciar.

Actuar como si algo no existiera, tiene un alto precio que hay que pagar. La realidad siempre acaba imponiéndose. Tiene sentido intentar comprender el pensamiento y la visión del mundo que se origina al margen del discurso europeo occidental.

En este conflictivo siglo XXI, es imprescindible disponer de una visión lo más objetiva posible, sobre cómo y por qué han tenido lugar los procesos de descolonización, así como los cambios geopolíticos y geoestratégicos que han traído consigo, entre otros, el desplazamiento a alguno de esos lugares de enfrentamientos entre las superpotencias que se disputan fuentes energéticas, preciados minerales…

Hace tiempo que deberíamos haber devuelto los disfraces al guardarropa y, con ellos, los restos de una vieja mentalidad colonial con sus prejuicios y sus dificultades para asimilar la realidad de los hechos. Por eso, son útiles y valiosas aquellas voces que fueron pioneras en hablarnos de frustraciones históricas… herederas de experiencias fracasadas.

Todavía, reaparecen ‘aquí y allá’ reacciones a la defensiva, probablemente alentadas por el miedo o el nerviosismo hacia lo que ya no existe. Quizás, una de las herencias más gravosas que nos ha dejado ese estado de cosas es la desconexión, a veces brutal, entre los derechos políticos y los económicos.

No es lo mismo, desde luego, pensar que haber leído. Hacía mucha falta que incorporáramos a nuestro legado histórico, para que fuera completo, todo aquello que se había procurado ocultar o lo que es peor, había sido excluido drásticamente.

Hubo pensadores que se atrevieron a demostrar que tenían derecho a formular abiertamente, sus propias interpretaciones… y, lo que es más importante, a ser escuchados.

¿Quién fue y qué puso de manifiesto la irrupción de Frantz Fanon? Pese a tener una vida breve, la leucemia acabo con él prematuramente, dejó muchas huellas de su paso. Fue un revolucionario, pensador, médico psiquiatra y escritor cuyos orígenes hay que buscarlos en La Martinica.

Cuando Frantz Fanon nació, La Martinica era una colonia francesa. Llama en él poderosamente la atención el mestizaje y el cruce de culturas. Tuvo, por ejemplo, antepasados africanos, mas también, tamiles y blancos. Probablemente, en ese carácter mestizo radica el origen de muchas de sus preocupaciones. Tenía que hallar explicaciones para entender quién era y qué le pasaba.

Lo cierto es que se le tiene por uno de los pioneros, en los estudios postcoloniales. Su pensamiento está influenciado por un marxismo heterodoxo y crítico. Puede sostenerse, asimismo, que fue un humanista en el más genuino sentido del término. Se implicó de forma decisiva en la lucha argelina por la liberación. Perteneció –con los riesgos que entrañaba- al Frente de Liberación Argelino.

Hablemos ahora, sucintamente, de sus obras que han servido de fuente de inspiración a movimientos anticolonialistas durante al menos cuarenta años. Es significativo que pasó de ser casi un desconocido a un referente de los análisis y estudios sobre la descolonización.

Son a la par, brillantes y contundentes, sus puntos de vista sobre el imperialismo. Su pensamiento antifascista fue en sus orígenes, más práctico que teórico, las brutalidades, violaciones y humillaciones que las tropas del gobierno títere de Vichi, infringieron a los habitantes de Martinica, le hicieron simpatizar de inmediato, con el antifascismo militante, del que el racismo colonial era sólo uno de sus componentes.

No es extraño, por tanto, que se uniera al ejército francés contra la Alemania nazi. Por cierto, destacó por su valor en la Batalla de Alsacia sin embargo, antes de entrar en Alemania sufrió la humillación de que junto a todos los combatientes que no pertenecían a la raza blanca, fuera concentrado en Provenza. A esas operaciones, cínicamente se las denominaba ‘blanqueo’.

Hemos dicho que señalaríamos sus obras más destacadas, que por cierto, a España han llegado mucho más tarde que a otros países, ya que ha habido que esperar al siglo XXI para poder leerlas en castellano. La primera de ellas y, para mí fundamental, es “Piel negra, máscaras blancas”, está publicada en 2009 en la editorial Akal, mientras que en Francia fue publicada en 1952 Mención aparte merece los “Condenados de la tierra” cuyo título está extraído del comienzo de la ‘Internacional’ y fue publicada con carácter póstumo, con un interesantísimo y entusiasta prólogo del filósofo Jean Paul Sartre, amigo de Frantz Fanon con el que colaboró, entre otras empresas, en la revista ‘Tiempos modernos’. Está publicada en el Fondo de Cultura Económica, México DF, 2018.

Uno de sus principales atractivos es que sabe apreciar la importancia que tiene la cultura en los procesos de colonización y descolonización. Para él, un aspecto crucial es la aceptación de la cultura y del idioma del colonizado, auténticas señas de identidad pertenecientes al colonizador.

Ve en el idioma el vehículo fundamental para transmitir una visión del mundo a los colonizados. Tiene bastante importancia su planteamiento favorable a la adaptación de principios marxistas a la realidad africana. Es no sólo sistemático sino contundente, a la hora de denunciar a quienes se refugian en ideologías anestésicas. Considera, asimismo, que una especie de noqueamiento ideológico ha sido un factor determinante para ralentizar los procesos de renovación inexcusables.

El conflicto también se da en el terreno de los valores. Está convencido de que han de surgir ‘nuevos valores’, los propios del hombre nuevo, en tanto que otros quedan desfasados, esclerotizados. Tiene no poca importancia haberlo percibido a tiempo. Por encima de dilemas y de análisis incompatibles con los que realizan otros pensadores, su idea motriz es analizar críticamente las causas de la colonización y explorar rutas para superarla. Para él, los sistemas de reglas abiertos a la revisión, son una forma adecuada de iniciar la reconstrucción del andamiaje desde la base. Aspira, con fundamento, a que los protagonistas de los procesos descolonizadores configuren un nuevo sujeto que no tenga sólo un valor histórico sino ético.

Para emprender esta tarea es preciso un ejercicio profundo de despojamiento, superando las sucesivas olas de cinismo que han proliferado durante siglos. Hay que encontrar explicaciones convincentes para penetrar en ‘los agujeros negros de la memoria’ hasta llegar a entender lo que pasa y lo que nos pasa.

No es necesario insistir en que en los años cincuenta, se gestaron movimientos de liberación que ejercieron una poderosa influencia en el denominado Tercer Mundo, sobre todo, en África. De su amigo y mentor intelectual Aimé Césaire aprendió los fundamentos de la ‘Teoría de la negritud’.

Regresó a Francia donde conoció a Maurice Merleau-Ponty, fue la suya una amistad intelectual, fecunda y duradera. Es, asimismo, destacable su estrecha relación con Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, pese a algún desencuentro sonado. Por el contrario, con Albert Camus nunca se entendió excesivamente bien.

En filosofía suele decirse que tiene más importancia hacerse las preguntas adecuadas, que responderlas. Siempre me ha parecido que este razonamiento no tiene un recorrido excesivamente largo y es, al menos, parcialmente falaz. De cuando en cuando, hay que atreverse a llevar a cabo, mediante la praxis, los objetivos que se habían diseñado teóricamente. Lo cual no es óbice, para que una pregunta oportuna sirva para iniciar una búsqueda y hasta para sentar los principios de una teoría.

El interrogante que Fanon se hizo, no fue otro que ¿por qué un negro está dispuesto a arriesgar la vida por quienes lo desprecian y maltratan? Su respuesta, que le llevó a escribir “Piel negra, máscaras blancas”, es de una enorme clarividencia. A la larga ser colonizado culturalmente es un vínculo que genera más dependencia que serlo política o militarmente. La pérdida del propio lenguaje y la asunción de otro, lo pone de manifiesto. Me parece conveniente citar textualmente sus palabras: hablar un idioma significa, sobre todo, asumir una cultura, y de paso asimilar el contenido de una civilización.

Frecuentemente, se jugó el tipo. Durante la Guerra de Liberación de Argelia, militó clandestinamente en el FLN (Frente de Liberación Nacional). Lo que vivió, en el hospital en el que prestaba sus servicios, mutilaciones, amputaciones, cuerpos destrozados por las torturas… le impulsaron a tomar la decisión. Es asimismo, destacable que aprovechaba sus viajes para traer y llevar mensajes ‘cifrados’. Como era de prever, su actitud generó sospechas y fue expulsado de Argelia. Hay quienes lo consideran, quizás exagerando un poco, uno de los estrategas del FLN.

El legado de Frantz Fanon es perceptible, si se sabe rastrear adecuadamente. Su pensamiento es complejo y controvertido. Se ha querido ver en sus afirmaciones y análisis, planteamientos que más tarde están presentes en Michel Foucault. Por otro lado, en las dos últimas décadas puede apreciarse una reivindicación de su pensamiento como feminista, lo que obviamente, le da una actualidad y un alcance mayor.

Todo creador o bien utiliza un lenguaje nuevo o bien sabe dotar de nuevos contenidos semánticos y acepciones a conceptos tradicionales. No me es posible profundizar en este sugestivo aspecto, me limitaré por tanto, a mencionar cuatro de ellos, de una importancia incuestionable y nuclear: raza, clase, lenguaje y cultura. Son asimismo relevantes, en mi opinión, las correlaciones que establece entre desigualdad social, inseguridad, servilismo y patologización. Seguir ese camino de interiorización supone arrancar, más o menos violentamente, algunas máscaras ancestrales.

No es nada fácil liberarse de conceptos inculcados por el opresor, que convierten al oprimido en un ser inferior y, por eso mismo, manipulable y explotable. Recuerdo que leí con admiración su arriesgada pero espléndida opinión de que “Ser blanco o negro, son el haz y el envés de un proceso dialéctico, que bien aplicado, puede obtener como síntesis una sociedad nueva fundamentada en la no discriminación”.

El proceso de liberación es cualquier cosa menos sencillo. Es implacable en sus análisis caracterológicos y en las consecuencias que se derivan. Así no tiene miedo en afirmar que “ser negro es carecer de resistencia ontológica frente al blanco”.

Para él hay determinados conceptos marxianos que deben ser revisados porque no se adecuan ya, a las realidades del mundo presente, ni a los contextos africanos a partir de los cuales acomete sus análisis. Ha de relativizarse, por tanto, el concepto de proletariado, que evidentemente es un concepto urbano para buscar nuevos términos como marginalizados e incluso precariados. Los europeos hemos de acostumbrarnos a pensar de otra forma y a considerar como Fanon lo hace, que la colonización en sí misma es un acto y una forma de violencia, a la que en modo alguno, podemos dar la espalda.

La Historia ha demostrado, empíricamente, que algunas de las ideas defendidas por Fanon, se han manifestado con toda su crudeza. Los pueblos colonizados actúan con una violencia proporcional al grado de violencia ejercido por el régimen colonial.

Son significativas sus reflexiones y advertencias para que ‘el hombre nuevo’ no caiga en los viejos vicios. Así, pone en evidencia, los peligros derivados del culto al líder, que suele degenerar en cesarismo o la tendencia a reemplazar las élites colonizadoras por otras locales, que básicamente, perpetúan las políticas que estas llevaban a cabo. No es partidario de imitar hay que experimentar y ponerse a salvo de caricaturas que perpetúen las modas y formas de dominación. Puede que fuera fruto de los primeros años cincuenta… más sus apelaciones al ‘hombre nuevo’ siguen teniendo un inequívoco atractivo, pese a que la realidad ha hecho trizas algunos de los proyectos en este sentido.

Su concepción del proceso histórico puede pecar de ingenuo y reducirse a un maniqueísmo un tanto alambicado, tal vez heredado de la dialéctica hegeliana. Ahora bien, algunas de sus advertencias o ideas centrales me siguen pareciendo emblemáticas. A título de ejemplo, citaré “la absorción de culturas o ideologías dominantes por parte de los sometidos, produce resultados patológicos tanto a nivel social como individual”

Creo que no es ocioso haber dedicado mi colaboración en EL OBRERO de esta semana a Frantz Fanon. Ni puede ni debe darse saltos en el vacío, sin un análisis pormenorizado de los movimientos de descolonización. Se nos escapa, se nos difumina y se levanta ante nosotros un muro de incomprensión que nos impide entender el mundo entre la finalización de la Segunda Guerra Mundial europea y el hundimiento y desplome del coloso soviético de pies de barro.

Aunque no fuera más que por su esfuerzo, de pensar al margen de los parámetros del discurso hegemónico occidental, merece la pena tener en cuenta sus conclusiones que suelen ser inteligentes y precisas.

Otro motivo de importancia incuestionable es que se atrevió, nada más y nada menos, que a dar voz a los que hasta ese momento habían sido privados del derecho a la palabra. Sus alegatos contra el racismo, son de una contundencia sencillamente inapelable.

Me gustaría finalizar esta aproximación a su pensamiento, exponiendo que “Los condenados de la tierra” ha sido calificado por algunos filósofos, historiadores y científicos sociales como “el auténtico manifiesto para la descolonización africana”.

Una lección que hemos de aceptar con humildad, frente a tantos engreídos y soberbios, que suelen calificar de radical cualquier pensamiento alternativo, para intentar arrojarlo a continuación al estercolero. Naturalmente, este modo de proceder es propio de la ultraderecha y de sus corifeos.

La suya es una visión fresca, audaz e ideológicamente potente, sobre la necesidad de los procesos que conducen a la liberación de los pueblos y a sacudirse el odioso dominio colonial.

Conocer sus planteamientos de primera mano y leer o releer sus obras emblemáticas, es sencillamente un acto de reparación e incluso de justicia retrospectiva.