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Jean Ranc en el retrato real


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Jean Ranc (1675-1735) fue un destacado retratista francés, tanto en la corte de Luis XIV, como, sobre todo, en la de su nieto el rey Felipe V en España.

Nació en Montpellier, formándose en el taller de su padre Antoine, para en 1697 pasar a París, donde aprendió de Hyacinthe Rigaud, y con el qie también empezó a trabajar. En el año 1703 entró en la Academia Real de Pintura y Escultura. Cuatro años después fue nombrado académico en la disciplina artística del retrato. Este hecho, y la influencia de Rigaud, le abrieron las puertas de la corte de Luis XIV, en la última etapa de su largo reinado. Pintó a la familia real y al propio monarca, en un cuadro que se conserva en Versalles.

Pero no solamente pintó a la familia real, sino también a la aristocracia, en retratos donde incluía símbolos y atributos de la época clásica.

Aunque su fama siempre se ha vinculado a los retratos, Ranc se introdujo en el mundo de las alegorías y los temas mitológicos, del gusto de la época. De estas pinturas la más destacada fue Vertumno y Pomona, que se conserva en el Museo Fabre de Montepellier. Vertumno era un dios romano que simbolizaba el cambio, el paso del tiempo, de una estación a otra, y que podía transformarse en lo que deseara. Su amada era Pomona, la diosa de la fruta. Era muy deseada, pero solamente fue de Vertumno, que disfrazado de una vieja mujer alcanzó su propósito. Así es como los pintó Ranc. Domina el cuadro una bella Pomona con un quitasol, vestida como en los inicios del siglo XVIII, mientras que en el ángulo inferior izquierdo aparece el dios transformado en una vieja. Este cuadro pudo inspirar mucho tiempo después a Goya para El quitasol. El pintor aragonés pudo conocer el grabado que N. Edelinck realizó del lienzo.

Ranc dejó Francia cuando fue llamado a España por el nieto del rey sol, Felipe V. Ya había terminado la Guerra de Sucesión española y la dinastía se encontraba asentada en el trono. Llegó en 1722 a la corte madrileña donde realizó distintos retratos de la familia real, aunque también pintó retratos de la familia real portuguesa, ya que estuvo en Portugal entre 1729 y 1730.

También se dedicó a la decoración del Antiguo Alcázar de Madrid, pero que no conocemos porque, como es sabido, en 1734 se quemó, motivo por el que se puso en marcha el proyecto para un nuevo palacio real, que culminaría Carlos III.

En el Museo del Prado podemos admirar su boceto para La Familia de Felipe V, que era para un cuadro mayor, y que debió ser de 1723, momento en el que comenzó su serie de retratos reales. La importancia de este boceto reside en que en España con los Austrias no se habían prodigado, con la excepción compleja de Las Meninas, retratos de familia real al completo, sino singulares de cada personaje. Un ejemplo evidente de lo que afirmamos estaría en el posterior cuadro de 1743 de Van Loo, de gran tamaño, con el mismo título de La familia de Felipe V, y que también expone el Museo del Prado. En el boceto, como “pieza de conversación” de Ranc podemos ver a Felipe V con su segunda esposa, Isabel de Farnesio, junto con los hijos de su primer matrimonio con María Luisa Gabriela de Saboya, el príncipe Luis (luego Luis I) y el infante Fernando (luego Fernando VI), además de los que tuvo con la reina Farnesio, es decir, los infantes Carlos (luego Carlos III) y Felipe. Carlos aparece señalando un retrato de Mariana Victoria de Borbón, que sería prometida a Luis XV, aunque nunca tuvo lugar el matrimonio. También aparecen una criada y un eclesiástico al fondo.

Ranc pintó una pareja de cuadros con los retratos de Felipe V e Isabel de Farnesio, también en el Prado. Al rey lo retrató a caballo, en la línea ya tradicional de retratos ecuestres bélicos, que podemos ver en Rubens y en Velázquez, pero ahora con más aparato, coronado con la figura de la Victoria. Felipe V comenzó siendo “el animoso”, en la Guerra de Sucesión, para luego pasar a ser todo lo contrario, a entrar en una fortísima depresión, que solamente mitigaría un poco la atención solícita de su esposa y el canto de Farinelli.

Seguramente, sus retratos infantiles son los que más le acercan al espectador actual. Pintó a los futuros reyes Fernando VI y Carlos III cuando eran infantes y no suponían que, debido a los avatares de la vida, terminarían siendo reyes. Este tipo de retrato real infantil, de evidente raigambre francesa, planteaba a los niños como si fueran adultos. Aparecen ricamente vestidos y con las insignias propias de su elevado rango. Fernando aparece sobre un fondo de paisaje ajardinado con escalinata y una fuente. El infante pasea con un perro. Por su parte, su hermanastro, Carlos, se encuentra en un interior, en un gabinete lujoso de trabajo, de pie, con una mano en un libro abierto, mientras que en la otra sostiene dos flores.

Los retratos que pintó Ranc se inspiraban en las lecciones aprendidas de Rigaud, pero mientras éste nos ha dejado un estilo fastuoso y preciosista en esos lienzos, Ranc era más preciso, lo que, en cierta medida les resta espontaneidad a los suyos.

Ranc ya no regresó a Francia, muriendo en la capital de España.

Para ampliar nada como acudir a la ficha del pintor francés que tiene la página web del Museo del Prado, con una abundante bibliografía, por lo demás.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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