Talleyrand. El nepotismo eclesiástico. I
No todos los que en el siglo XVIII entraban en un seminario en Francia y en otros muchos países europeos, lo hacían por vocación religiosa. Para muchos jóvenes humildes con afán de aprender, el seminario era la única escuela gratuita que se les ofrecía. Suficiente es recordar la historia del protagonista de Rojo y negro de Henri Beyle, más conocido por su seudónimo Stendhal. Que luego fueran buenos o malos curas, ya era otro cantar. Es de suponer que habría de todo. También ocurría lo mismo entre las grandes familias: al amparo de la Iglesia, las cabezas brillantes podían labrarse un porvenir envidiable, a cambio de unas obligaciones y privaciones mínimas. Si en la familia había ya, además, alguna autoridad eclesiástica destacada, la cosa se presentaba más fácil todavía.
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