Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXVIII
Los dos volúmenes de que consta el diario de Richard F. Burton sobre Zanzíbar, que había terminado en 1857, antes de partir hacia el interior del continente, se habían “perdido”. Él los había dejado debidamente envueltos en un paquete destinado a la Royal Geographical Society londinense. El oficinista del consulado de Zanzíbar, a quien Burton, evidentemente molesto, describe como “un boticario euroasiático, los había expedido a la sede en Bombay de la Real Asiatic Society, donde languidecieron durante años, sin que nadie reparara en su existencia. Pero estos diarios no fueron el único material que salió malparado de Zanzíbar. Sus Cartas oficiales sobre sus anteriores expediciones por distintos puntos de la costa, se perdieron durante un tiempo; las observaciones meteorológicas que tomó sobre la costa de África, así como en el curso del descubrimiento de los lagos, “permanecieron muchos años ocultas, en ciertos cajones polvorientos de Whitehall Street”, no pudo ser por lo tanto publicado hasta 1872. Para entonces, Burton había prestado sus servicios como cónsul general en África Occidental, en Brasil y en Damasco, aparte de haber corrido muchas otras aventuras, Speke había realizado su segunda, gloriosa y, a la vez controvertida Expedición al África Central y, había muerto trágicamente a su regreso a Inglaterra. A lo largo de esos años, Burton tuvo tiempo de sobra, para colocar los acontecimientos en una perspectiva más sensata, aunque también más cáustica.
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento