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Historalia

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Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXVIII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Los dos volúmenes de que consta el diario de Richard F. Burton sobre Zanzíbar, que había terminado en 1857, antes de partir hacia el interior del continente, se habían “perdido”. Él los había dejado debidamente envueltos en un paquete destinado a la Royal Geographical Society londinense. El oficinista del consulado de Zanzíbar, a quien Burton, evidentemente molesto, describe como “un boticario euroasiático, los había expedido a la sede en Bombay de la Real Asiatic Society, donde languidecieron durante años, sin que nadie reparara en su existencia. Pero estos diarios no fueron el único material que salió malparado de Zanzíbar. Sus Cartas oficiales sobre sus anteriores expediciones por distintos puntos de la costa, se perdieron durante un tiempo; las observaciones meteorológicas que tomó sobre la costa de África, así como en el curso del descubrimiento de los lagos, “permanecieron muchos años ocultas, en ciertos cajones polvorientos de Whitehall Street”, no pudo ser por lo tanto publicado hasta 1872. Para entonces, Burton había prestado sus servicios como cónsul general en África Occidental, en Brasil y en Damasco, aparte de haber corrido muchas otras aventuras, Speke había realizado su segunda, gloriosa y, a la vez controvertida Expedición al África Central y, había muerto trágicamente a su regreso a Inglaterra. A lo largo de esos años, Burton tuvo tiempo de sobra, para colocar los acontecimientos en una perspectiva más sensata, aunque también más cáustica.

Colonia Tiempos Modernos y el anarcoindividualismo

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La Colonia Tiempos Modernos fue una comunidad utópica en Long Island (New York), que se puso en marcha el 21de marzo de 1851, en una extensión de unos tres kilómetros cuadrados, y por iniciativa de Josiah Warren y Stephen Andrews, dos exponentes de lo que se conoce como anarcoindividualismo. Esta filosofía anarquista incidiría en la autonomía del individuo, afirmando que cada sujeto era dueño de sí mismo, aunque interactuaría con los demás pero siempre de forma voluntaria. En realidad, es difícil hablar de un solo anarcoindividualismo sino de varias tendencias y de distintos autores que incidirían en distintos aspectos, aunque con el individuo como centro de las mismas. En este sentido, nos interesa profundizar un poco en los autores de esta colonia y utopía. Josiah Warren (1798-1874) participó en la la utopía New Harmony de Robert Owen, y después en las experiencias utópicas de Cabet, es decir, se trataría de un personaje con un bagaje utópico práctico acusado. De estas experiencias sacó la conclusión de que había que profundizar en soluciones más individualistas. Por eso, se le considera el principal pensador del anarcoindividualismo, así como de la cooperación. En lo práctico comenzó instalándose con un grupo de seguidores en el Estado de Ohio para fundar La Aldea de la Igualdad (“Village of Equity”), su primera utopía experimental. Después, estaría el experimento que puso en marcha en Cincinnati que llevaba el significativo nombre de Utopía. En el año 1840 fundaba la colonia Tuscorawas, también en Ohio.

Textos: reparto de tierras (1919)

(Tiempo de lectura: 1 minuto)

"Nos parece que los campesinos no deben perseguir otro ideal económico que el reparto más equitativo de las tierras y de los útiles de producción. Nuestra esperanza está, pues, en los campesinos andaluces, a los que consideramos con capacidad para llevar a cabo la transformación social que ha iniciado el mundo obrero en Oriente."

La voz del campesino, periódico anarquista (1919)

Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto. Prólogo

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Pese a todo, cuando Bárbara tuvo que enfrentarse a todos esos cuerpos del Ejército, numerados con cifras romanas, y a los flancos derecho e izquierdo, no tardó en sentirse una ignorante. Esa sensación la notó con especial intensidad, cuando tuvo que explicar, cómo habían conseguido los franceses, que estaban a la defensiva, recuperar el territorio de Alsacia, justo al principio de la guerra. De hecho, esto no acabó de entenderlo nunca, pero decidió pasar de puntillas sobre el tema, y tratar otra cuestión, una artimaña que se aprende, en el proceso de escribir historia (camuflar un poco los hechos, cuando uno no lo entiende todo). Véanse, si no, las altisonantes y equilibradas frases, que a veces escribió Edward Gibbon, las cuales, si se analizan con detenimiento, a menudo carecen de sentido, pero uno acaba ignorando ese hecho, ante la maravillosa estructuración de las mismas. Tuchman no es Gibbon, pero aprendió a valorar el esfuerzo, de adentrarse en materias, que no le resultaba familiares, en lugar de regresar a un terreno, del que ya se conocen las fuentes primarias, y todos los personajes y circunstancias. Ciertamente, optar por esto último, hace que el trabajo sea mucho más fácil, pero impide la emoción del descubrimiento y la sorpresa, que es motivo, por el que nos gusta adentrarnos (a los historiadores) en un tema que no conocemos, con vistas a escribir un libro sobre el mismo. Puede que esto no resulte del agrado de los críticos, pero a Tuchman le satisfacía.

Textos: la agricultura según Costa

(Tiempo de lectura: 1 minuto)

"La agricultura española es todavía agricultura del siglo XV; agricultura del sistema de año y vez, por falta de abonos minerales; de las rogativas; de la falta de riego artificial; del transporte a lomo, por falta de caminos vecinales; agricultura de arado romano, del gañán analfabeto, del dinero al 12 por 100, de la bárbara Contribución de Consumos, de la mezquina cosecha de cinco o seis simientes por cada una enterrada, del cosechero hambriento, inmueble, rutinario, siervo de la hipoteca y del cacique."

Joaquín Costa, Agricultura armónica, 1911

La socialdemocracia austriaca

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

El origen de la organización política socialista en Austria debe mucho a la influencia alemana. En 1874, a partir de grupos existentes, se creó el Partido Socialdemócrata Obrero de Austria. Pero los enfrentamientos internos fueron constantes desde el principio, especialmente entre un sector influido por las ideas de Lassalle, y otro más marxista. Por fin, en el Congreso de Hainfield del año 1889 el Partido se reorganizó. La figura clave para esta reunificación fue Víctor Adler. También sería uno de los protagonistas de la Segunda Internacional. Víctor Adler consiguió aunar, no sin gran esfuerzo, las divisiones internas del movimiento obrero. En consecuencia, adquirió una autoridad moral y efectiva indiscutible. El miedo a volver a la época de las disensiones y enfrentamientos, a la fragmentación consecuente, llevó a la aceptación de un principio a seguir por encima de todos, el de mantener al precio que fuera la unidad. Es evidente que, en principio, esta podría ser considerada una virtud de la socialdemocracia austriaca, inculcada por Adler, pero con el tiempo pudo convertirse en una especie de rémora que llevaría a cierto inmovilismo y al conformismo. Por eso, en el partido la polémica sobre el revisionismo no tuvo casi repercusión, a pesar de que la propia cercanía de este debate que se desarrolló en el SPD.

Sobre la formación de los partidos socialistas

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

¿Por qué había que crear partidos obreros o socialistas? La respuesta debemos buscarla en el pensamiento de Marx y de Engels que, en todo caso, evolucionó en el tiempo. También es cierto que ni Marx ni Engels definieron nunca de una forma sistemática una teoría del partido obrero. En el Manifiesto Comunista se hablaba de la clase obrera organizada como tal, como partido político, pero no parece que se definiera como una organización realmente articulada, sino asimilado al conjunto de la masa obrera. En 1865, Engels hablaba del partido como la parte más consciente de la clase, una especie de vanguardia, concepto que, como sabemos, luego le servirá a Lenin en su teoría sobre la revolución y su preparación.

Textos: crítica a los carlistas

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

"Reúnense en sus antros como lobos hambrientos: ocultan su carácter de forajidos debajo de la escarapela de carlistas; envuelven la garra, la tea y el trabuco en un trapo donde escriben “¡Vivan la religión y el rey!”; burlan la vigilancia de la policía francesa, que tal vez finge dormir para librarse de esta lepra (...) y derramándose por los terrenos fronterizos como una manada de fieras, aquí roban, allí incendian, más allá asesinan o cogen a las personas acaudaladas (...) se las llevan a impenetrables cuevas (...) y allí les exigen fuertes sumas por rescate (...). Trabajando todo el día, a la inclemencia, o en los malsanos recintos de una fábrica, ganan poco, no tienen bastante para el sostén de una familia, cuanto menos para alimentar sus vicios; al paso que, mientras hacen la guerra, comen carne, beben vino y licores, juegan, abusan de las mujeres, campan en fin por sus respetos con una independencia feudal, que tiene para ellos los más seductores atractivos. (...) Por eso los Pirineos están siempre llenos de esas bandas seudo carlistas, llamadas unas veces trabucaires, otras maitines, otras patuleia, siendo constantemente lo mismo, vagos de por vida, criminales endurecidos que se disfrazan con el carácter político de carlistas, para encontrar apoyo en su partido, tanto en España como en Francia."

P. Mata, El idiota o los trabucaires del Pirineo, 1856

Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXVI

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Mientras John H. Speke avistaba lo que podía ser el lago N’yanza o Victoria, Richard F. Burton se había enterado, mediante sus amigos árabes de Kazeh, de que en el lago residía un tal Mansur bin Salim, un empobrecido granuja, cuya subsistencia dependía de la buena voluntad del sultán, un hombre cruel e indigno de confianza, llamado Mahaya. Speke encontró al árabe de inmediato. Mansur le acompañó en algunos paseos por la orilla del lago, pero seguía sin disponer información exacta, acerca del lago y del presunto río que de él brotaba, para convertirse más allá en el Nilo. ¿Dónde se hablaba aquel río de tan gran importancia? ¿Qué tamaño tenía el lago? Speke preguntó a Mansur, pero éste no disponía de ninguna información relevante, al tiempo que un hombre que presentó a Speke, “como el más grande viajero de esta región”, resultó saber muy poco más.

Socialismo utópico y mujer en Francia

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El movimiento sansimoniano dedicó también su atención hacia la mujer a través de la figura de Barthélemy Prosper Enfantin, muy preocupado en dicho movimiento hacia los cambios morales y sociales, frente al interés de Saint-Armand Bazzard por la reforma política, como hemos visto anteriormente. En realidad, los considerados como Padres Supremos de la Escuela no tenían mucho en común y el antagonismo entre ambos se desató, precisamente, en relación con la cuestión de la mujer. Enfantin formuló en 1831 una teoría sobre las relaciones entre los dos sexos combatiendo lo que consideraba la tiranía del matrimonio, planteando como alternativa el amor libre. Hay que destacar que las ideas de Enfantin se basaban en la lectura que había hecho de las obras de Fourier.

Textos: Costumbres de los lusitanos

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

"Se dice que los lusitanos son hábiles en planear emboscadas, diligentes para indagar, agudos, rápidos, buenos en la maniobra. Llevan un escudo pequeño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante, atado con correas, ya que no tiene asas ni por el centro ni por los costados. Llevan, además, una daga o un cuchillo. La mayoría se cubre con una cota de lino. Son raros los que emplean cota de malla y cascos de triple cimera, ya que la mayoría emplean cascos hechos de tendones. Los infantes utilizan grebas y cada uno lleva varios venablos. Algunos emplean también lanzas, siendo de bronce las puntas.

Fourier

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Charles Fourier (1772-1837) imaginó una sociedad ideal de comunidades de hombres y mujeres, a la que denominó falansterios. Serían poblaciones con 1.600 habitantes, entre los que se distribuirían las funciones y trabajos alternativamente, para evitar la excesiva especialización, es decir, que se combinaba la comunidad en sí de residencia, como la producción y el consumo. En los falansterios se respetaría la propiedad privada y el derecho de herencia, pero los instrumentos de producción serían comunes, empezando por la tierra. Los falansterios serían grandes edificios, que recuerdan los palacios barrocos, en cuya parte central se encontrarían las dependencias para las funciones comunes, como los comedores, las salas de estudio, biblioteca y salas de reuniones y para asambleas. En un ala estarían los talleres y cocinas, y en la otra los baños y los espacios para las relaciones con las personas del exterior. Los falansterios debían contar con jardín de invierno, teatro, iglesia, depósitos y establos. Todo estaría comunicado a través de grandes galerías que facilitarían las reuniones y la circulación de las personas. En otros lugares de las alas estarían las viviendas.

Textos: Bolívar y la independencia

(Tiempo de lectura: 1 minuto)

"El lazo que la unía a España está cortado (...). Más grande es el odio que nos inspira la Península que el mar que nos separa de ella (...). El hábito de la obediencia, un comercio de intereses, de luces, de religión, una tierna solicitud por la cuna y por la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España. (...) Actualmente sucede todo lo contrario. Todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra. (...) Somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias, aunque, en cierto modo, viejo en los usos de la sociedad civil. (...) no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles: en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar éstos a los del país y mantenernos en él contra la invasión de los invasores."

Simón Bolívar, Carta de Jamaica, 1815.

Théodore Dézamy

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Théodore Dézamy (1808-1850) puede ser considerado el más destacado comunista premarxista francés. Su concepción del mundo fue eminentemente materialista. Adoptó la crítica de Fourier a lo que se denominó la “anarquía capitalista” y puso la lucha de clases en el punto central de la sociedad. No sería una lucha entre pobres y ricos, sino que expresó claramente que era entre el proletariado y la burguesía. La sociedad comunista sería aquella donde habría trabajo común para todos, libre consumo en función de las necesidades de cada cual y enseñanza comunitaria. Precisamente, la educación constituía para este autor un instrumento que debía servir para el desarrollo en todos sus aspectos y no destinarse para una función determinada. Por eso, los profesores y científicos debían tomar parte en los trabajos manuales, y los trabajadores manuales se beneficiarían con la ciencia y el saber. No habría ejércitos “guerreros”, sino ejércitos “industriales” para transformar la tierra.


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