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María Abella y su Plan Mínimo de Reivindicaciones Femeninas


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

María Abella (1866-1926) fue una maestra, periodista, escritora y fundamental feminista uruguaya, que se destacó tanto en su país como en la vecina Argentina por los derechos de las mujeres. Fue la fundadora de Nosotras, una publicación feminista con ideas muy avanzadas para 1902, y que dio cabida a socialistas y anarquistas. En todo caso, Abella también fue crítica desde esta publicación con relación a las reivindicaciones socialistas sobre la reglamentación del trabajo femenino al considerar que destilaban proteccionismo, y que podían ser un obstáculo para que la mujer se desarrollase en el mercado laboral.

En 1903 apoyó la creación de un centro feminista, y en 1905 organizó la Liga Feminista Nacional de la República Argentina, filial de la Alianza Internacional por el Sufragio de la Mujer. Al año siguiente, publicó En pos de la Justicia, y participó en el Congreso Internacional de Librepensadores que se desarrolló en Buenos Aires, donde presentó su Plan Mínimo de reivindicaciones femeninas, planteando una serie de reformas básicas en relación con la igualdad en educación, empleo y salarios, la posibilidad de que la mujer administrase sus propis bienes, aprobación del divorcio, e igualdad de derechos políticos. Abella siguió luchando por el librepensamiento en Argentina, y fue famosa su polémica en 1915 con la Iglesia sobre los derechos de la mujer. Seguramente, Abella fue una de las grandes protagonistas para que en el seno del librepensamiento se desarrollase más claramente una visión no paternalista sobre la emancipación de la mujer.

Pues bien, en este apunte nos hacemos eco, precisamente, de ese Plan Mínimo, que en España publicó Las Dominicales del Libre Pensamiento, en su número del 4 de enero de 1907.

“Programa Mínimo de Reivindicaciones Femeninas

1. Educación física, moral ó intelectual de la mujer igual para ambos sexos.

2.Que todas las profesiones que están abiertas á la actividad del hombre, lo estén también para la actividad de la mujer.

3. Que en todas las reparticiones públicas sean admitidas las mujeres como empleadas, con igual sueldo y condiciones que los varones.

4. Que se hagan leyes en defensa de la mujer y de los futuros ciudadanos, iguales a las que existen en los Estados Unidos de Norte América, para que no haya mujeres deshonradas por el delito de amar hasta olvidarse del cálculo, ni niños que vengan al mundo en peores condiciones que los parias: sin padres sin fortuna, sin honor.

5. Que en el contrato nupcial pueda reservarse la mujer la administración de todos sus bienes presentes y futuros, y sea deber del jefe del registro civil advertirle que tiene ese derecho.

6. Que cuando no haya contrato nupcial y reine el régimen de la comunidad de bienes, siendo como es aqui el marido el administrador de todo, ponga éste á la disposición de la mujer la mitad de los gananciales, á medida que se reciban, (quedando ella también obligada a contribuir con ellos á la mitad de los gastos que demande la familia); las necesidades físicas, intelectuales y morales de la mujer no pueden estar á merced de la mayor é menor generosidad ó tacañería del marido.

7. Que la mujer no esté obligada á vivir donde al marido se le ocurra fijar el domicilio (la mujer necesita como el hombre, de un ambiente propicio para desarrollar sus facultades) sino que el domicilio conyugal sea fijado de común acuerdo: cuando un matrimonio no pueda ponerse de acuerdo en el punto en que ha de fijar su domicilio, será una prueba evidente de que vivirán en desacuerdo en todo, porque no tienen aspiraciones semejantes y será mejor que el divorcio absoluto corte esta cadena perpetua.

8. Que cuando una mujer abandone el domicilio conyugal, no se la obligue á volver a él y mucho menos empleando la fuerza pública, porque éso seria traerla á la fuerza á poder de su enemigo.

9. Declaramos que la mujer no necesita permiso marital para aprender ó enseñar, asociarse con fines de utilidad general, expresar sus ideas por la prensa, entrar ó salir del país, ni para dedicarse á la profesión que más le agrade, porque esos son derechos que acuerdan las constituciones liberales á todos los países.

10. Que la madre ejerza la patria potestad al igual que el padre, y que no la pierda por el hecho de pasar á segundas ó ulteriores nupcias.

11. Divorcio absoluto por pedido de una sola de las partes, porque si para unirse en matrimonio se necesita la voluntad de ambos contrayentes, para vivir desunidos en él, basta con la voluntad de uno.

12. Sin expresar la causa, porque si á nadie se le pregunta por qué se casa, tampoco debe expresar la causa el que quiera divorciarse; por respeto á la libertad y dignidad humanas, la ley no debe entrometerse á escudriñar las relaciones íntimas de los esposos, los secretos de la vida privada. Producido el divorcio y como todas las personas deben sufrir las consecuencias de sus actos, el padre deberá quedar siempre obligado á mantener sus hijos y la madre á cuidarlos.”

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

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