Los godos. Leovigildo V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En las acciones de Leovigildo en el norte peninsular, no faltaron las que se dirigieron directamente, a territorios limítrofes con los suevos. Aquí las poblaciones estaban dirigidas contra los godos, por un noble local de nombre Aspidio, con lo que se repetía, una vez más, la situación de repulsa autóctona, con la que se encontraron, un siglo antes, los suevos y los propios godos en estas zonas, bien narrada, por cierto, por Hidacio. Para entonces, los monarcas suevos, Teodomiro y su hijo Miro, se habían convertido ya al catolicismo desde el paganismo, pues la conversión de Requiario, (que fue anterior) debió ser una estratagema, para buscar acuerdos con los emperadores romanos, que nunca se materializó. Parece que hubo un tal Ajax, que les convirtió al arrianismo, aunque no sabemos el alcance que la presencia de este monje pudiera tener, a pesar de estar testimoniada por Hidacio.
Tampoco sabemos el espacio exacto, que ocupaba el reino de los suevos por entonces, pero su capital era Braga y, parece ser que controlaban ciudades del Tajo, aunque posiblemente no llegaban hasta Lisboa, como tampoco en el norte dominaban en Palencia y León, pero si en Lugo, Astorga y Chaves, pues sus obispos acudieron a los concilios de la capital. Pero más al este de Lugo, todavía los suevos estaban intentando, controlar las poblaciones independientes, como la denominada de los “rucones”, que se localizaba en la zona astur oriental.
Leovigildo había mantenido, al principio, una política de vigilancia con los suevos, aunque no de intromisión, pero los acuerdos de estos últimos con los bizantinos, acabaron enfriando unas relaciones, que nunca habían sido cordiales. La incorporación del reino suevo a la monarquía goda, fue uno de los últimos actos, de las campañas militares de Leovigildo y, estuvo motivada por la ayuda dada a su hijo Hermenegildo, en su rebelión en la Bética. Por esta razón, atacó al reino suevo, después de que su rey, Miro, muriese en Sevilla, dirigiendo los ejércitos de ayuda al rebelde Hermenegildo, de común acuerdo con lo bizantinos y, actuó contra su sucesor, un tal Audeca, que había destronado al hijo de Miro. Los límites occidentales de la provincia Galaecia, fueron entonces incorporados a su reino cuando, según Isidoro, el reino suevo tenía 177 años de vida. Con ello Leovigildo, abría una salida hacia los puertos más extremos del norte peninsular y, el Atlántico norte, con centros tan importantes como Coimbra, La Coruña y Oporto, desde los cuales podía ejercer un control de la piratería y, de las posibles acciones marítimas que en estos lugares, pudieran desarrollar los monarcas francos merovingios y los emperadores bizantinos. Además, se hacía con el control de Braga y, las vías que la comunicaban con la Lusitania y la Bética. Con ello consolidaba el dominio de la ciudad de Mérida, con la que los godos mantenían alianzas antiguas.
Después de todas estas campañas, en el sur sabemos sólo de la invasión de la “Orospeda”, situada en algún lugar de la Bética o de la Cartaginense, tras lo cual, Isidoro no dudaba en afirmar, que se apoderó de gran parte de Spania (“magna ex parte”), no de toda, como se ha difundido en la historiografía actual, pero de suficiente territorio, como para sacar a su monarquía, de los estrechos límites de los que había partido; aunque no pudo nunca, librarle de de la amenaza de la secesión territorial. Los dos ejemplos más documentados, fueron la enconada oposición de gran pare de los pueblos del norte y, el apoyo dado por algunas ciudades de la Bética, a la rebelión de su hijo Hermenegildo, que, por cierto, está envuelta en una leyenda de corte freudiano.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.