Los perfumes y el culto en el Egipto antiguo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Aunque hoy en día los perfumes suponen uno de los aspectos más destacados de nuestra vorágine estética, y la diversidad de los mismos es casi infinita, además de constituir un sector económico de primera magnitud, han tenido históricamente, una enorme importancia en relación con el culto. Pensemos, solamente como botón de muestra, en el incienso, todo un mundo lleno de simbolismos y funcionalidades. En otro momento prometemos dedicarle atención monográfica porque el incienso tiene una historia cuando menos fascinante. Hoy nos acercamos, aunque sea brevemente, al empleo que los egipcios hacían de los perfumes en sus ceremonias religiosas porque fueron verdaderos maestros en esta materia.
Los sacerdotes de Heliópolis ofrecían de forma regular en el culto tres tipos de perfumes. Por la mañana empleaban el incienso, mientras que la mirra era para las tardes, y el Kupi para las noches. El kupi era una especie de bálsamo que incluía hasta dieciséis sustancias aromáticas. Las ceremonias protagonizadas por estos sacerdotes destilaban una gran exuberancia y donde, precisamente, los perfumes eran indiscutibles protagonistas. En las principales solemnidades llegaban a participar más de cien niños o jóvenes vírgenes, las que los griegos conocerían como las canéforas, que desfilaban en las Panateneas atenienses. Estos niños y las vírgenes portaban unos vasos de oro donde se quemaba el incienso, pero también participaban dromedarios cargados de esta resina, además de azafrán, canela, cinamomo, iris y otros aromas que preparaban los sacerdotes en los templos, que contaban con espacios como si fueran modernos laboratorios de perfumistas.
Pero no sólo se empleaban los perfumes para el culto divino, sino también, y como no podía ser de otra manera, para el destinado a los muertos. Los perfumes aparecían en el proceso de momificación. La mirra rellenaba los cuerpos vaciados de las vísceras y órganos. Aquí, en cambio, no se aplicaba el incienso.
El empleo de los perfumes en los dos cultos, el de los dioses y el de los muertos, hizo que pasara a la vida terrenal, en fiestas y en la propia vida doméstica. No era raro que en las reuniones y celebraciones de las personas más destacadas se derramasen perfumes por la cabeza y vestidos de los convidados, además de ofrecerles collares de loto, mezclados con azafrán y otras plantas aromáticas.
Fuente:
Diccionario enciclopédico de la masonería con un suplemento, seguido de la historia general de la Orden Masónica desde los tiempos más remotos hasta la época actual: obra especial y única en su género para el conocimiento de los orígenes, naturaleza, símbolos, prácticas y fines de la masonería (..). completado con un taller general de la francmasonería (...)/ escrito y ordenado por Lorenzo Frau Abrines; y publicado bajo de dirección de Rosendo Arús y Arderiu.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.