Baruch Spinoza. Fusión de las tres congregaciones. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Aparentemente un número significativo, de los jóvenes miembros de la comunidad judía de Ámsterdam, no pensaban como Mortera (cuya postura expusimos en el anterior texto) y defendían, alto y fuerte, la idea de la salvación incondicional, de todas las almas judías. Esta tesis disponía de todo lo necesario, para seducir a los antiguos “marranos”, pues ella significaba, que incluso los judíos que habían practicado o practicaban todavía el catolicismo en tierras ibéricas – la falta más grave que se puede imaginar – tenían la seguridad de disponer de una plaza en el mundo del porvenir. Por eso los sermones de Mortera fueron perturbados por “algunos jóvenes”, ofuscados por su declaración según la cual, “los malvados que cometen pecados graves y, mueren sin arrepentirse, sufrirán el castigo eterno”. Estos “jóvenes rebeldes”, o “discípulos inmaduros” – corrompidos, sostenía Mortera, por “kabalistas” (forma empleado por él, quizá para designar a Aboab y, algunas otras personas) – pidieron a los jefes de la comunidad, proclamar un requerimiento, prohibiendo a Mortera predicar la doctrina del castigo eterno. Una tal doctrina, afirmaban los adversarios de Mortera, estaba peligrosamente próxima, de la creencia cristiana, en lo que concierne al castigo eterno.
Este asunto era demasiado importante, para que la comunidad de Ámsterdam, aun relativamente joven, pudiera tratarla por si sola. Así que, una vez más, recurrieron a Venecia y, pidieron al Beth Din (tribunal religioso) mediar en la disputa. Mortera y sus adversarios, presentaron sus argumentos respectivos. Mortera movilizando un número considerable de pruebas textuales – tomados de la Biblia y del Talmud, así como de filósofos como Maimónides – en apoyo de la doctrina del castigo eterno, para los pecadores no arrepentidos. Los rabinos venecianos, juzgaron que se trataba de un tema muy delicado. Así que aconsejaron a los dirigentes laicos de la comunidad de Ámsterdam, buscar por ello mismos, un medio de solucionar el problema, esencialmente convenciendo a Aboab, de dar ejemplo a sus jóvenes protegidos, renunciando públicamente a su opinión. Parece que este razonamiento fracasó, así que los venecianos escribieron directamente a Aboab, a principio de 1636: “Esperábamos el día que trajera el mensaje de paz, pero nuestra espera ha sido decepcionada”. Pidieron a Aboab, en términos corteses, elogiosos pero firmes, mostrarse razonable y, renunciar a una opinión, explícitamente rechazada por los sabios del Talmud y, otras autoridades rabínicas.
La carta de los venecianos no tuvo el resultado esperado y, Aboab reaccionó escribiendo su “Nichmat Haïm” (El soplo de la vida). En ese tratado aborda directamente la cuestión: “¿Hay o no un castigo eterno para las almas?” Sostenía que las verdaderas respuestas a estas cuestiones, se encontraban en la Kabalá y, no en la filosofía o en el Talmud (tal como lo había afirmado Mortera) y que los textos kabalísticos demuestran claramente (pero no sin ambigüedad) que todas las almas judías, son, al final, salvadas.
Dados los orígenes, de la aplastante mayoría de los judíos de la comunidad portuguesa, no existía duda de que numerosos entre ellos, eran sensibles a las opiniones de Aboab. Por otra parte, los rabinos de Venecia, por los que sentían el mayor respeto, se habían expresado claramente sobre el asunto: Mortera tenía razón, Aboab estaba equivocado. Mortera había ganado, lo que lo demuestra que tres años después, era nombrado gran rabino, de lo que fue la congregación unificada y, Aboab ocupó el rango menos elevado. En 1642, Aboab se marchó a Brasil, para administrar a los judíos de Ámsterdam, que se habían instalado en Recife.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.