Baruch Spinoza. Fusión de las tres congregaciones. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Entra dentro de lo posible, que la disputa entre los rabinos, de la que hablamos en el texto anterior, hiciera comprender a los dirigentes laicos de los sefarditas de Ámsterdam, que lo de tener tres rabinos, de convicciones y temperamentos tan diferentes, a la cabeza de las tres congregaciones, era una situación muy embarazosa. Conocían sin ninguna duda, los problemas que derivaban de la división de los judíos en Salónica, que tenía cinco congregaciones españolas y tres portuguesas. De manera que, la comunidad sefardita de Ámsterdam, tenía necesidad de una organización más centralizada y, más eficazmente estructurada.
Los “Senhores Quinze” se reunieron en septiembre de 1638, para concluir un acuerdo de fusión, de las tres congregaciones (Beth Jacob, Neve Shalom y Beth Israel) en una sola que llamaron “Talmud Torah” (nombre de la congregación sefardita de Venecia). En menos de un mes, los miembros de cada una de las congregaciones, aprobaron el acuerdo de fusión, que fue firmado en la primavera de 1639. Pero, eso sí, los judíos no sefarditas, no podían asistir a los servicios, sino era con una autorización particular.
Los rabinos de las tres congregaciones fusionadas, se convirtieron todos en “hakhamin” (doctores en la Ley Judía) de la Talmud Torá, aunque se estableció una jerarquía entre ellos. El rabino Mortera, de la Beth Jacob, sería el gran rabino de la comunidad fusionada. El rabino David Pardo (hijo de Joseph Pardo) sería el segundo en grado. Y el antiguo rabino de Neve Shalom, sería el tercero en jerarquía. Tenían por tarea, decidir por voto mayoritario, sobre todas las cuestiones concernientes a la “halakha” (ley religiosa) que pudieran plantearse, en el seno de la comunidad.
Sin embargo, los rabinos, como ya sabemos, no eran los verdaderos dirigentes de la comunidad. No era de su incumbencia, ocuparse diariamente de los asuntos de la congregación, de pronunciarse sobre temas profanos ni, incluso, dirigir la vida religiosa de la comunidad. Todos los poderes de orden ejecutivo, legislativo e, incluso, jurídicos, cuando no afectaran a la “halakha” – incluido el derecho de excomulgar a miembros de la comunidad – estaban en manos de un consejo de laicos. Con la fusión, los quince “parnassim” (administrativos de la congregación) de las tres congregaciones, fueron reducidos a una sola junta directiva, el “mahamad”, compuesta de siete personas: seis “parnassim” y un “gabbai” (tesorero). Este consejo de dirección, funcionaba de hecho como un comité constitucional y, redactó para la nueva congregación, 56 reglas suplementaria que completaron los “ascamot” (leyes y reglamentos) de las tres antiguas congregaciones) Y la primera de estas nuevas reglas, establecía, sin ambigüedad alguna, que el “mahamad” tenía autoridad absoluta e indiscutible, por lo que nadie podía negar sus resoluciones, bajo pena de “harem” (excomunión).
La pertenencia al consejo de dirección, era considerada como un honor y, se elegía por cooptación. Las únicas condiciones, para poder pertenecer al consejo de dirección, era la de ser judío desde, al menos, tres años y. que tres años pasaran, después de un precedente mandato. Además, los parientes próximos (por la sangre o vínculo de matrimonio) no podían pertenecer a la vez al consejo. Nadie podía rehusar, una vez elegido, esta función y este honor. El “mahamad” se reunía el domingo y, todas sus deliberaciones eran secretas. Bien que la organización política interna de la comunidad, estaba inspirada sin duda en la de Venecia, la estructura de poder, en particular en sus aspectos sociales, era muy parecida a la de la Ámsterdam calvinista. Los miembros del “mahamad”, provenían de familias eminentes y acomodadas, aunque no necesariamente de las más ricas.
De hecho, la comunidad era dirigida por una élite económica, que se autoperpetuaba, una aristocracia (o más bien una oligarquía) que seleccionaba sus propios sucesores y, nombraba a los otros cargos de responsabilidad, en sus diversas instituciones. En ese sentido, era un microcosmo de la política de Ámsterdam. Pues la ciudad no era tampoco, una democracia.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.