Los problemas derivados de la entrada de Alemania en la Sociedad de Naciones
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Después de firmados los tratados de Locarno en Londres el primero de diciembre de 1925 quedaba pendiente una cuestión muy importante en el ámbito de las relaciones internacionales, y era el encaje de Alemania en las mismas después de haber vivido en el ostracismo desde el final de la Gran Guerra. Los alemanes plantearon una serie de condiciones para ingresar en la Sociedad de Naciones, pero la misma solamente aceptó dos, es decir, que se le daría a Alemania un puesto permanente en el Consejo, además de que nunca más debía manifestar internacionalmente su aceptación de las responsabilidades de la guerra. Lo que no se tuvo en cuenta fue la pretensión de Berlín de que Alemania debía participar en la gestión del sistema de Mandatos, y lo que no se aceptó, bajo ningún concepto, fue que no quería comprometerse con el artículo del Pacto constitutivo de la Sociedad de Naciones que establecía sanciones para un país agresor.
A primeros de febrero de 1926, Alemania solicitó su ingreso en la Sociedad de Naciones. Parecía que la diplomacia había allanado el camino para que se produjera formalmente, pero surgieron problemas que, además, no se habían previsto. Polonia también quería un puesto permanente en el Consejo, y eso chocaba con lo acordado en Locarno, donde se consideró que los puestos permanentes solamente debían ser ocupados por las grandes potencias. Pero, curiosamente, Polonia encontró el apoyo de Briand, mientras Chamberlain no se oponía tampoco. La pretensión polaca abrió una especie de “caja de pandora” porque Brasil y España plantearon que también querían ser miembros permanentes, como, en realidad, siempre habían deseado desde el comienzo de la organización. Los chinos y los belgas reaccionaron afirmando que, si Alemania no conseguía el puesto permanente, ellos también aspiraban al mismo. Por fin, Suecia anunció que vetaría cualquier alteración del Consejo, a excepción de la inclusión alemana.
Esta era la situación cuando se celebró la reunión extraor dinaria de la Asamblea de la Sociedad en el mes de marzo de 1926, que se saldó con un rotundo fracaso. Las grandes potencias plantearon que Alemania entraría en el Consejo de manera inmediata con un puesto permanente, y que en el plazo que se abría hasta la Asamblea ordinaria del otoño se estudiaría la compleja cuestión generada sobre los puestos en el Consejo. Los alemanes y los polacos aceptaron la propuesta, pero los españoles y brasileños no. España amenazó con retirarse y Brasil con vetar la entrada de Alemania.
Se puso en marcha un Comité para tratar la situación, llegando a la conclusión de que debía aumentarse el número de miembros del Consejo de diez a catorce, pero Alemania debía ser la única a la que se debía permitir que ocupara un puesto permanente. Los miembros electivos debían pasar de seis a nueve, ocupando el puesto por tres años y solamente podrían ser reelegidos un máximo de tres Estados con mayoría de dos tercios. Era una manera de contentar a Polonia, Brasil y España, pero los dos últimos Estados se negaron y se retiraron. Al final, en septiembre de aprobó el plan del Comité sin que estuvieran presentes Brasil y España. El día 8 de septiembre de 1926, Alemania entraba en la Sociedad de Naciones por unanimidad.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.