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Un texto de Julia Álvarez Resano sobre la mujer y el socialismo (1933)


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En el número especial del primero de mayo de 1933 la socialista Julia Álvarez Resano insertó un texto, resaltado en el número, con el significativo título de “La mujer….¡Será Socialista!”, que queremos recuperar en esta pieza.

Julia Álvarez Resano (1903-1948) fue una destacada socialista muy protagonista en la Segunda República, y la primera mujer que ocupó en España el cargo de gobernadora civil. Su esposo fue Amancio Muñoz de Zafra. Ambos fueron diputados también. Álvarez Resano era natural de Villafranca (Navarra). Comenzó militando en el Partido Radical Socialista para luego pasar al PSOE. Tuvo un gran protagonismo en la Agrupación Socialista de Villafranca y la Asociación de Trabajadores de Enseñanza de Navarra de la UGT. En Madrid dirigió el Grupo Escolar “Rosario de Acuña” y fue asesora jurídica de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra de la UGT, ya que, además de maestra fue abogada. También fue inspectora de educación. Saldría elegida diputada en las elecciones de 1936. En la Guerra civil fue gobernadora civil por Ciudad Real. También fue jueza y magistrada del Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición. En el exilio siguió su intenso compromiso, pero dada su clara vinculación con el sector de Negrín, sería expulsada del Partido, aunque como el resto de seguidores de Negrín, fue readmitida a título póstumo en 2008.

“La mujer….¡Será Socialista!

Ha habido en el trato a las mujeres, en la legislación sobre las mujeres, en la educación de las mujeres, hasta en el simple concepto de mujer, una corriente de alta tensión de negativismo.

No puede ser la mujer tutora ni administradora de sus hijos. No está bien que eso lo haga una mujer. No es la mujer valor cotizable en el comercio de la intelectualidad. No se admiten mujeres en estas oposiciones. No...

¿A qué seguir? Se ha educado a la mujer en negativo. Así se formó, por sedimentación de negaciones, la estructura del espíritu femenino. Así resulta la mujer-cosa, la mujer-bestia, la mujer-negación.

Así la misma mujer llegó a considerarse como algo inferior, como sustancia de ineptitud, como materia despreciable.

Y cuando el cura de la aldea hizo restallar el látigo de su oratoria amenazadora, la mujer que pudo levantar su espíritu noble hacia un Dios replegó las alas de su alma y fué cera de funeral en la tierra por temor a fuego eterno en el infierno.

Y cuando se encontró de muchachuela sin más preparación para la vida que el deletreo aprendido en los cartelones sucios de una escuela rural, no escogió decididamente camino, sino que fué a la esclavitud o a la prostitución, según simples factores de tiempo y ambiente. Y siempre en plano inferior, quemó su piel aechando trigo en los eriales de Castilla; desgarró sus pies guiando carretas por los riscos de Asturias; dobló su espalda layando las laderas de Vizcaya; se machacó los dedos macerando esparto en Murcia... Y no tuvo rebeldía contra la política de hambre y miseria que la rodeaba, porque... era mujer y no podía protestar.

Y mientras se despilfarraban los fondos de las arcas municipales o se hacía en el Estado política de guerra, que para la mujer era carne de sus entrañas sacrificadas, la mujer calló y se encogió, porque era mujer y no podía intervenir en la actuación de los conspícuos varones que dirigían a los pueblos.

Y cuando aniquilada por la ruina mentirosa de una sociedad que entrega armas para ultrajar a la mujer y no perdona la falta (?) que la mujer cometa, pudo alzarse iracunda y rebelde, no lo hizo, sino que fué carne de prostitución deleznable o paria de cerril trabajo, porque se formó su espíritu en negación, que es siempre callar y conformarse.

¡Mujer-cosa; mujer-bestia; mujer-negación! Ese fué el producto de un régimen capitalista.

Pero un buen día se asomó la mujer a una rendija de luz. Luz roja, vivísima, Un mundo nuevo estaba iluminado por esa luz. Era el mundo socialista.

Y la mujer vió... Vió mujeres libres de conciencia, que sin retorcidas raigambres de fanatismos, discurrían por la vida, sin callos; en las rodillas por prosternaciones continuadas v sin callos en el espíritu libre de trabas ominosas.

Vió muchachas de la ciudad y del campo reunirse en comunidades de estudio y de trabajo, para adiestrarse, para culturizarse, para aprender a vivir.

Vió que los campos amplios de Castilla, los riscos de Asturias, las fábricas de Cataluña, los helechales de Navarra, no tenían un coeficiente crecido de mujeres macilentas y desarrapadas robadas al hogar.

Vió surgir en las casas municipales y en la dirección de la Humanidad unas figuras femeninas que llevaron a aquéllas y a ésta un espíritu economista y una conciencia plena de lo que es el dolor ajeno.

Vió a la mujer con plenos derechos. Vióse considerada y atendida como esencia fina de una vida de trabajo ordenado y humano.

Vió nacer un nuevo concepto de mujer, un nuevo concepto de familia, un nuevo concepto de madre.. Vió que todo esto era fruto del Socialismo sobre la tierra.

Y...¡se hizo socialista!”

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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