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La sublevación de las alcabalas de Quito


La presión fiscal fue una de las causas de la conflictividad social en la época moderna. En este artículo reseñamos la sublevación de las alcabalas, que se produjo en Quito a finales del siglo XVI.

Este motín, insurrección o sublevación tuvo lugar entre 1592 y 1593, en relación con el impuesto indirecto de las alcabalas, tributo castellano que se trasladó también a América en la segunda mitad del siglo XVI. La alcabala era un impuesto del 2% que grababa la venta y permuta de bienes, aunque hubo aumentos en algunos momentos y casos. En Nueva España se impuso en 1574, dos años después en Guatemala, y en el Virreinato del Perú en 1591. El virrey marqués de Cañete ordenó establecerlo en Quito, en cumplimiento de esta Real Cédula de 1591.

Las alcabalas, como todos los impuestos indirectos, que repercutían mucho entre la población, no eran, lógicamente muy populares, pero solamente en Quito se produjo un levantamiento importante, especialmente porque allí se unió con una gestión harto arbitraria del presidente de la Real Audiencia de Quito, Manuel Barros de San Millán. Al parecer, Barros pretendía ganar méritos acelerando el cobro de la alcabala antes de que llegase su sucesor Esteban de Marañón. Su actuación, como veremos, fue una de las causas del conflicto.

Cuando a fines de julio de 1592 llegó a la capital la orden del virrey, disponiendo que comenzaría el pago del impuesto a mediados de agosto, comenzaron los conflictos entre la Real Audiencia y el Cabildo, porque el poder municipal no quería aceptar esta imposición fiscal y pretendió elevar al rey una petición para que Quito fuera exonerado del pago de la alcabala, aunque también es cierto que avisó que si el rey les ordenaba pagar lo harían. En principio, Barros pareció aceptar lo propuesto por el Cabildo, pero cambió rápidamente de opinión, generando cierta discusión dentro de la Real Audiencia entre los oidores. Publicó un bando para que comenzara el pago de la alcabala.

El Cabildo recurrió al procurador Alonso Moreno y Bellido para que coordinase las acciones que debían emprenderse para evitar que se estableciera el impuesto.

Durante unos días hubo un verdadero cruce de protestas, órdenes y comunicados entre las dos instituciones. La Real Audiencia detuvo a Barros, pero el pueblo de Quito le liberó.

Entonces el presidente Barros de San Millán se puso en contacto con el virrey García Hurtado de Mendoza para exponerle la situación y pidiéndole ayuda militar ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos. La máxima autoridad decidió enviar desde Lima una fuerza de arcabuceros al mando del capitán Pedro de Arana.

Corría ya el mes de diciembre cuando se produjeron estos hechos, y las noticias de la llegada de Arana provocaron el estallido de la revuelta. El propio Cabildo organizó una fuerza para enfrentarse con las tropas enviadas desde la capital del Virreinato.

Los jesuitas intentaron calmar los ánimos, y que Barros no fuera extremadamente duro con la ciudad. Por otro lado, hemos encontrado alguna referencia de que también intervino el dominico fray Pedro Bedón, un personaje popular en Quito y destacado pintor.

Estas intervenciones religiosas surtieron efecto y se frenó la violencia, pudiendo entrar las tropas de Arana en la ciudad. Se organizó un tribunal para juzgar a los dirigentes y partidarios de la revuelta, con penas de muerte y ejecuciones. El procurador Moreno y Bellido fue asesinado en la calle, y se afirmó, al parecer, que los disparos habían salido de la propia Audiencia.

En todo caso, Esteban de Marañón logró restablecer la paz, y que se pusiera en marcha el pago de la alcabala en marzo de 1593. No cabe duda, que la actuación de Barros fue un factor fundamental para que estallase la violencia. Marañón le juzgó, y le impuso una multa de ocho mil pesos, terminando su carrera en la Administración.

La revuelta provocó que los quiteños adquirieran cierta fama de revoltosos.

En cierta medida, la respuesta de la autoridad a esta revuelta ejemplifica cómo actuaba el poder en la época moderna ante este tipo de conflictos. Por un lado, se reprimía con dureza a los líderes de las protestas porque no se podía tolerar sublevación alguna, pero, también es cierto que solían aprobarse medidas compensatorias. En este caso, no se consiguió paralizar el pago de la alcabala, pero se castigó a un personaje que en ese momento había encarnado las iras de los sublevados.

Fuentes: J. Villalba Freire, SI, “La Intervención de la Iglesia en la Revolución de las Alcabalas, 1592”, en Revista de la Academia Ecuatoriana de Historia Eclesiástica (Quito, Universidad Católica), n.º 9 (1988); E. Avilés Pino, Enciclopedia del Ecuador Histórica, Geográfica y Biográfica, 1998. Jorge Villalba Freire, Barros de San Millán, Manuel, en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, la voz “Sublevación de las Alcabalas” en el Diccionario Temático Abreviado Iberoamericano, y Efrén Avilés Pino, “Revolución de las alcabalas”, en la Enciclopedia del Ecuador.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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