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Los laboristas en las históricas elecciones de 1922


De izquierda a derecha y en primera línea, John Robert Clynes, Arthur Henderson, Charlie Cramp y Ramsey MacDonald. De izquierda a derecha y en primera línea, John Robert Clynes, Arthur Henderson, Charlie Cramp y Ramsey MacDonald.

El lector asiduo de El Obrero conoce nuestro interés por el estudio del laborismo británico en los años veinte, especialmente en relación con la preocupación que el socialismo español tuvo hacia ese proceso como alternativa donde fijar su atención después de la escisión comunista al no aprobar las condiciones establecidas por la Tercera Internacional. Pues bien, las históricas elecciones de 1922 no podían dejar de ser atendidas por la prensa socialista española. Y fueron históricas no porque venciera el Partido Laborista, ni porque pudiera acceder al gobierno como en 1924, asuntos que hemos ya tratado en este medio, sino porque por vez primera alcanzó la segunda posición, detrás de los conservadores, iniciando el declive de unos liberales que habían perdido el poder, y que se presentaron divididos en dos formaciones. El Partido Laborista obtuvo el 29’7% de los votos. La formación era liderada en ese momento por John Robert Clynes.

El Socialista se hizo eco de las elecciones del 22 de noviembre unos días después, gracias a una crónica enviada desde Londres.

Antes deberíamos encuadrar en su contexto estas elecciones. Los comicios de 1918 dieron la victoria a la coalición de liberales y conservadores. Aunque los conservadores podían haber reclamado el puesto de premier fueron muy inteligentes y se lo cedieron a Lloyd George, que tuvo que hacer frente a los gravísimos problemas de la posguerra. La situación económica era muy complicada, empezando por el carbón y la industria, sin olvidar que el Reino Unido había perdido muchos mercados internacionales. El paro aumentó considerablemente y con el mismo, el malestar social, especialmente fuerte entre 1919 y 1921. Muy destacadas fueron las huelgas de mineros y de algodoneros. En este contexto el primer ministro hizo votar la Emergency Power Act que concedía al Gobierno poderes excepcionales ante lo que se consideraba una situación de amenaza a la propia seguridad del Estado. El conflicto minero se intensificó cuando el Gobierno devolvió las minas a sus propietarios. Ante la declaración de huelga para el primero de abril, Lloyd George reaccionó rápidamente, pero también inició contactos con el líder de los mineros, generando recelos entre los ferroviarios. La huelga fracasó, pero Lloyd George optó por la negociación con los sindicatos. Por otro lado, la libra perdió valor y se intentó mantenerlo con una política deflacionista, que provocaría el estancamiento de la producción industrial, la ruina del pequeño empresario, más paro y malestar social. Es el momento que jugaron los conservadores para retirarle su apoyo, un hecho que precipitó la crisis gubernamental y las elecciones.

Las elecciones de 1922 dieron la victoria a los conservadores, y auparon a Andrew Bonar Law como primer ministro. Los liberales fueron desunidos a los mismas y quedaron como tercera y cuarta fuerzas. Y los laboristas alcanzaron todo un éxito electoral, al convertirse en la segunda fuerza.

La crónica publicada en El Socialista comenzaba analizando este hecho histórico para los laboristas, que alcanzaron 142 o 143 escaños frente a los 344 de los conservadores. Los liberales de Asquith obtuvieron 60 escaños y los Liberales Nacionales de Lloyd George, 52. El artículo incidía en que los laboristas habían obtenido en las elecciones de 1918 solamente 61 puestos en los Comunes, y el éxito había sido más evidente sobre los liberales. En votos la diferencia entre conservadores y laboristas era menor (no debemos olvidar el sistema mayoritario electoral británico), ya que el Partido Conservador había sumado 5.737.097 votos frente a los 4.345.549 del Partido Laborista. El artículo apuntaba que con un sistema proporcional el primero habría tenido 210 diputados, y el segundo 180.

El análisis de las elecciones no podía dejar detrás la intervención del voto femenino. Debemos recordar que en 1918 alcanzaron el derecho a votar y ser elegidas, aunque a las mayores de 30 años. El corresponsal informaba que las mujeres, contra algunos augurios, habían acudido masivamente a votar. El análisis se detenía en casos concretos de distintos líderes políticos, y apuntaba los nombres de los nuevos diputados socialistas, resaltando la figura de Sydney Webb, y nosotros, por nuestra parte, la de Ramsay MacDonald.

El artículo también hacía una breve revista de prensa británica, destacando que el laborista Daily Herald afirmaba que jamás en la historia de Inglaterra había conseguido un partido una victoria “tan hermosa” a pesar de las dificultades con las que se había encontrado el Partido Laborista, teniendo que hacer frente a todos los “partidos burgueses”. El periódico vaticinaba que los problemas que aquejaban al país harían caer al Gobierno conservador en dos años y que el Partido Laborista se sentaría en los bancos ministeriales, como terminó ocurriendo, aunque de forma inestable.

Por fin, se informaba del manifiesto que había publicado el Partido Laborista una vez conocidos los resultados donde se estimaban los triunfos propios, que no habían sido debidos a las intrigas electorales ni a la división de los candidatos concurrentes, seguramente en alusión a los liberales, fundamentalmente, aunque también se citaba a los conservadores.

Otro aspecto que se quería destacar era que, según los resultados, los votos laboristas ya no se concentraban en algunos distritos industriales, sino que se distribuían por todo el país, siendo muy importante el avance en Escocia y Gales.

Se consideraba que el laborismo era el heredero del radicalismo que en otros tiempos ofrecía sus votos a los liberales, pero la situación había cambiado. Los sectores interesados en el progreso social apoyaban al Partido Laborista, y en el futuro se plantearía una nueva alternativa: gobiernos conservadores o gobiernos laboristas, es decir, se remarcaba cómo el Laborismo iría desbancando, como así fue, al Partido Liberal en el bipartidismo británico.

El manifiesto consideraba también que el voto femenino había ido a parar al Partido Laborista y no al Conservador como había profetizado Bonar Law, terminando anunciando que los laboristas se preparaban para gobernar a partir de las próximas elecciones.

Hemos consultado el número 4304 de El Socialista, del 27 de noviembre de 1922. En la Hemeroteca de El Obrero contamos con muchos trabajos sobre el laborismo británico en los años veinte.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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