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Jenofonte (430 – 355 a. de C.): Historiador y filósofo


Donde se precisa ingenio, de nada sirve la fuerza.

Jenofonte

Cada cierto tiempo procuro sacar unas horas para releer a los primeros historiadores griegos. Me apasionan, no sólo porque inventaron la historia tal y como la conocemos, sino porque lo hicieron de una forma tremendamente humana. Supieron incorporar los conocimientos de otras culturas, ampliando el horizonte, describieron con rigor el terreno que pisaban, incluyeron sus propias experiencias y los testimonios de quienes habían vivido los hechos siempre que les fue posible. Tuvieron magníficas intuiciones y supieron legar a la posteridad la manera de percibir la existencia, las consecuencias de las guerras civiles así como también, valores humanos que posteriormente, el humanismo haría suyos.

Hay quienes prefieren uno u otro. Kapuscinski, por ejemplo, toma como modelo a Herodoto y le dedica uno de sus mejores libros. En realidad, son complementarios. Tucidides es el equilibrio, la búsqueda de la verdad y quien incorpora a la historia el hacerse preguntas procurando dar respuesta a los interrogantes.

¿Quién fue Jenofonte? Voy a comenzar por señalar que para mí el historiador filósofo, como es sabido perteneció al círculo de Sócrates y fue uno de sus discípulos predilectos. Lógicamente, el sentido moral, la ironía y la mayéutica socrática están presentes en su prosa vigorosa, certera y precisa. Fue también, y no conviene olvidarlo, militar lo que tiene una importancia primordial a la hora de de enfrentarse con los hechos bélicos y en cierto modo políticos, y sobre todo, extraer las consecuencias oportunas.

Por si todo esto fuera poco, siendo ateniense ha sido considerado filoespartano. Creo asimismo, que en él ya está aunque un tanto difuso, el panhelenismo que irá cobrando fuerza, hasta ser uno de los elementos primordiales del periodo helenístico.

En esta aproximación de urgencia, quiero añadir que en su caso contamos con una enorme ventaja, la de que la casi totalidad de sus escritos se ha conservado haciendo posible de esta forma, que dispongamos de una visión completa de su cosmovisión, universo de preocupaciones, así como sus decisivas aportaciones a lo que posteriormente se denominó género histórico y que en buena medida inventaron.

Merece la pena consultar, una y otra vez, sus escritos y reflexionar sobre lo que estamos leyendo. Son, por ejemplo, penetrantes y lúcidas, las descripciones de tantas jornadas bajo el indiferente azul del cielo o el valor que concede a la vida, especialmente si es una vida donde hay lugar para el pensamiento y para la búsqueda de la verdad… y hasta si me apuran, para que emerja el intelectualismo moral.

A veces me recuerda a Johann Wolfgang von Goethe, ese gigante del pensamiento y de la cultura, cuando muchos siglos más tarde, señaló que toda teoría es gris y que sólo es verde el árbol dorado de la vida.

Jenofonte aprendió de su larga experiencia, que la existencia es un continuo avance y retroceso, individual y colectivo. En ocasiones, es casi imperceptible el tenue hilo, la delgada línea que separa las victorias de las derrotas… a veces decide el azar una intuición o el acierto, del estratega de turno.

Jenofonte advierte con sagacidad las consecuencias del paso del tiempo. La observación permite extraer consecuencias de los cambios que se están operando en la realidad. Atenas ha perdido la hegemonía en las guerras del Peloponeso, en su lucha fratricida con Esparta. Los errores se pagan caros y cuando son prolongados en el tiempo tienen efectos devastadores, para unos y para otros.

Jenofonte advierte el carácter pírrico del triunfo de Esparta… el efímero ascenso de Tebas que muestra en un horizonte cercano en el tiempo, una decadencia… que sigue al esplendor como ‘el carro a la pezuña del buey’ y, que tras Alejando Magno, va a abrir paso al periodo helenístico.

Estimo de enorme importancia que leyendo a Jenofonte, puede advertirse en sus páginas que está presente el germen de lo que ha de venir… y lo vive con honda preocupación y angustia. Sus nítidas intuiciones sobre determinados sucesos que no tardarán en hacerse presentes… contribuyen a un cierto pesimismo e incertidumbre sobre lo que el porvenir nos depara

A título de ejemplo, es capaz de juzgar que se están experimentando variaciones sensibles en la realidad. Las cosas ya no son como eran y el futuro presenta una faz incierta. Es de una agudeza extrema al advertir que necesitamos una base conceptual diferente para poder afrontar nuestra relación con el futuro. Una prueba de inteligencia, en este sentido, es la necesidad de plantearse lo que me atrevo a denominar ‘la gestión de los riesgos’, así como los desafíos que aguardan en el terreno de la justicia y de la concepción del Estado. Lo que podríamos conceptualizar como el ámbito de lo político va a desarrollarse en medio de incertidumbres que harán irreconocibles lo que han sido las polis.

Jenofonte ha sido, en buena medida, menospreciado por la poderosa sombra de Tucidides. Por tanto, pongamos en valor algunos de los aspectos en que supera a los otros dos gigantes de la historiografía griega.

¿Qué sabemos del Jenofonte filósofo? Bastantes cosas, de hecho nos es perfectamente posible recomponer su biografía, a diferencia de los otros dos historiadores. Es conocido que compuso “La apología de Sócrates”, en la que describe con tonos muy vivos y con admiración, el proceso al que fue sometido así como sus valientes y comprometidas respuestas. Menos conocidos son sus “Recuerdos de Sócrates” tal vez, su mejor obra. Coincidió nada menos que con Platón en el ‘Círculo socrático’ y es también autor de “El Banquete” que sin duda tiene evidentes afinidades, con la obra homónima de Platón. Jenofonte sabe mantenerse, contra viento y marea, fiel a lo que aprendió de Sócrates. Por tanto, una vez ‘desaparecido’ no reniega de su magisterio ni del carácter moralizante y hasta subversivo de sus enseñanzas. La justicia y todas las demás virtudes son sabiduría, nos dejó dicho en más de una ocasión.

Puede considerarse a Jenofonte un cronista fiel de todo cuanto acontece de finales del siglo V a de C. y comienzos del IV. En este terreno es de un valor enorme su obra “Helénicas”, donde con brillantez, pesimismo y visión de futuro, pasa revista a los últimos años de las guerras que destrozaron a atenienses y espartanos. No se ha hecho suficiente hincapié en que, en cierto modo es la continuación, con otra orientación, eso sí, de “Historia de la Guerra del Peloponeso” de Tucidides. Desde sus orígenes, como podrá observarse, la historia es continuidad.

Tal vez, su obra más leída y apreciada sea la “Anábasis”, donde describe la denominada expedición de los Diez Mil y narra las penalidades y adversidades del regreso a suelo griego de estos mercenarios que se vieron obligados a recorrer más de cuatro mil kilómetros en territorio hostil. Es especialmente interesante el paso de la expedición por Anatolia. Se ha dicho que la historia es maestra de la vida. Confirma esta afirmación que Alejandro Magno no solo la leyó sino que la anotó y la tuvo muy presente en sus expediciones a Asia Menor, especialmente a la hora de sitiar y conquistar determinadas ciudades.

El estilo de Jenofonte es a veces, seco y cortante más en otras ocasiones, como nos dejó dicho el polígrafo Diógenes Laercio, destaca por su lirismo y dulzura. Llegó a referirse a él como ‘Musa del Ática’.

Otro hecho que confiere un especial interés a su figura, es que pese a ser ateniense se unió a los espartanos, motivo por el cual fue desterrado y confiscados sus bines. Los espartanos, por su parte, lo acogieron amistosamente e incluso le regalaron una parcela cerca de Olimpia, lugar en el que escribió gran parte de sus obras. Hay quien ha considerado sus escritos como una especie de reportajes, en los que destaca la andadura vital y las experiencias que esta trae consigo. Su admiración por el espartano Agesilao II le llevó a componer una biografía. He ahí otra de las múltiples facetas de Jenofonte, la de biógrafo.

Una vez más podemos reconstruir su vida gracias a la ingente labor de Diógenes Laercio, pese al desorden de sus escritos así conocemos, por ejemplo, que pronto se distinguió como militar participando en acciones ecuestres.

Construye, describe y da entidad a los avatares del mundo griego a partir de sus vivencias. Participó en numerosos conflictos bélicos y, posteriormente reflejó en sus obras, los acontecimientos que había vivido.

Quizás merezca la pena señalar que las lagunas que pueden apreciarse en sus escritos históricos, están compensadas por la calidad de su prosa. Sus narraciones son vivaces, destacando por la forma y elegancia con que nos transmite los discursos que pronunciaban determinados militares y políticos, especialmente en forma de arengas.

Como es de imaginar su propia formación militar le hace conocer, con detenimiento, las tácticas y estrategias, que por cierto sabe plasmar con brillantez. Hay quien lo ha llegado a comparar con los reporteros de guerra contemporáneos. La apreciación tiene no poco de cierto. Opino, asimismo, que mucho de lo que se ha escrito contra él, vilipendiándolo, está condicionado por su actitud filo-espartana y los recelos que despertaba entre los atenienses por este motivo.

De lo que caben pocas dudas es que abre caminos y explora nuevas rutas. No se ha hecho el suficiente hincapié en que incorpora a sus textos nuevos géneros, a título de ejemplo señalaré dos, los personajes destacados suelen ir acompañados de una breve pero sustanciosa biografía; igualmente me parece significativo que intercala tratados breves sobre diferentes aspectos, haciendo con esto unas digresiones oportunísimas y que quizás estén inaugurando una forma de hacer periodismo.

Jenofonte vivió en un tiempo en el que el descubrimiento de la historia es aún reciente… por eso, apenas se vislumbran los rostros de sus primeros protagonistas. Ahora bien, el pensamiento crítico ya se ha instalado en las polis griegas y ha entablado una lucha, sorda pero sin cuartel, con los enfoques mitológicos; por eso, no hay lugar a las especulaciones míticas… y sin fundamento empírico… Pese a las lógicas contradicciones en un mundo como el griego sometido a múltiples presiones y casi, casi en ebullición.

El hecho de ser polémico es un atractivo. Para algunos es de fiar y para otros no. Su lección vital es formidable, No se escriben libros de historia deambulando por una biblioteca gigantesca, ni consultando pergaminos. Se escriben viviendo y participando en los hechos que describe, comprendiéndolos y hasta interpretándolos.

Ante los peligros siempre o casi siempre, decide dar un paso adelante. No se ‘arruga’ en los momentos de desaliento. He admirado, desde que cayeron en mis manos los libros de Jenofonte, su capacidad deductiva.

Pronto aprende a contar la historia con pasión, para dejar tras de sí memoria de lo que está aconteciendo. Se enfrenta, aceptando sus limitaciones, a acciones bélicas, intrigas políticas, ambiciones y fracasos y, sabe convertirlas con habilidad en experiencias morales.

Desde mi punto de vista, la visión del mundo de Jenofonte tiene, no poco, de metafísica y, tal vez por eso, necesita adornar con estética las verdades que analiza.

Todo historiador tiene algo de orfebre, de artesano. El barro con el que va dando forma a sus narraciones y descripciones es el mismo del que está hecha la realidad. Por eso hay lugar para el sufrimiento, el miedo y para demostrar los valores en los que los griegos de aquel tiempo creían o dicen que creían.

Sus planteamientos defienden de forma clara, la racionalidad del hombre. No olvida nunca las múltiples correlaciones que vinculan libertad con responsabilidad. Tal vez sea cierto que los historiadores son aquellos que aciertan a plasmar el diálogo de los hombres con su tiempo.

Hay algo que me parece de una contundencia y finura espléndidas, para él el hombre es el animal que mide el tiempo y, también, el que fabrica, construye, levanta. En definitiva, sin conceptualizarlo lleva a vislumbrar nada menos que al ‘homo faber’

Su temperamento tiene no poco de estoico. Ve desmoronarse a su alrededor un mundo que ha sido fuerte y poderoso y presiente el nacimiento de otros parámetros y otras concepciones. El cosmopolitismo empieza a instalarse en los espíritus más sensibles. Quizás por la influencia espartana siente cierto desprecio hacia cualquier debilidad hedonista.

En sus páginas hay frecuentes incursiones en el ámbito literario, quizás para aliviar la tensión, quizás para ofrecer gentilmente una pausa al lector. Si se conecta con su universo de expectativas, pronto sabe ganarse una admiración intelectual y un reconocimiento moral… en el que no es difícil percibir las enseñanzas de su maestro Sócrates.

Penetrar en el territorio Jenofonte es irse tropezando con hallazgos y descubrimientos constantes, por ejemplo, lo que podríamos denominar las memorias autobiográficas

Un líder manifiesta su condición, sobre todo, en las situaciones difíciles. En la “Anábasis” narra, como tras una emboscada en la que pereció el Estado Mayor griego, con determinación tomó las riendas. Sin tener ninguna garantía de pisar suelo griego inició el camino de regreso. Ese gesto, desde mi punto de vista, da nuevos enfoques y nuevos atractivos a la “Anábasis” que no lo olvidemos, es también un libro de viajes en el que de otra forma compite con Herodoto.

Nos vamos aproximando al final, mas, aún quedan cosas por decir ¿Podemos considerar a la “Ciropedia” un tratado de pedagogía? Si consideramos que no llega a tanto, al menos no puede discutirse que nos introduce en qué cualidades deben constituir el modelo en el que debe formarse un buen gobernante.

Creo que no exagero si consideramos a esta obra la primera de una larga serie de educación de los príncipes, que tanto juego dio en otros periodos históricos. Me parece curioso, eso sí, que observa ciertas similitudes y afinidades entre el sistema educativo persa y el espartano.

Con cuanto hemos venido diciendo no se agota una aproximación rigurosa a Jenofonte. Estimo, sin embargo, que estas notas y observaciones, a vuela pluma, pueden ser útiles e interesantes para quien quiera dedicar parte de su tiempo a hacerse unas preguntas pertinentes sobre ¿cómo y de qué forma tuvo su origen la historia en la Grecia clásica? o también ¿con qué rasgos y características pusieron en marcha este género Herodoto, Tucidides y Jenofonte? Y si fuera posible, además, estableciendo entre ellos las relaciones de continuidad pertinentes, sus afinidades y contrastes y, sobre todo, su modus operandi.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.