Desclasificación del 23- F bienvenida, onfalofilia inútil
Todo demócrata debe saludar la desclasificación de documentos secretos, como los relativos al golpe de estado del 23 de febrero de 1981 decidida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como una medida profundamente democrática. La ciudadanía tiene derecho a conocer su pasado, máxime cuando ese pasado está teñido por la bruma del ocultamiento estatal premeditado. Durante demasiados años, siglos diríamos, los españoles y españolas estuvimos sometidos a la condición de menores de edad, sin acceso alguno a los grandes trasuntos de nuestra propia existencia, ya que la política estatal los configura, querámoslo o no. Durante demasiado tiempo, España fue una piel de toro toreado por oligarcas, espadones o aristócratas de pelo variado, monarcas incompetentes o sacristanes devenidos en prebostes con ínfulas áulicas. Por ello, desvelar documentalmente cuanto sucedió resulta ser una decisión no solo acertada, sino necesaria por su democraticidad y por cuanto implica mostrar respeto hacia la ciudadanía y su derecho democrático a ser informada.
- Publicado en Opinión
- Escrito por Rafael Fraguas