La clase obrera en la Barcelona decimonónica
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En la sociedad barcelonesa del siglo XIX asistimos a una evidente proletarización de las clases populares que habían vivido en el ámbito artesanal dentro de unos gremios que se liquidaron con el establecimiento del Estado liberal, además de que esa nueva clase obrera también se nutrió de una creciente inmigración en búsqueda de puestos de trabajo en la pujante industria textil barcelonesa.
Las condiciones de vida de la nueva clase obrera fueron muy duras. Aunque dependía de los trabajos las jornadas laborales eran interminables, pudiendo llegar en algunos casos a las dieciséis horas diarias, y sin descanso dominical en muchos casos. Tenemos que tener en cuenta que hasta el año 1904 no se aprobaría la Ley del descanso dominical no sin esfuerzo el descanso en domingo encontró siempre muchos detractores. Tampoco había vacaciones, ni bajas por enfermedad, ni jubilación ni seguros médicos ni ningún tipo de cobertura social que antes cubrían los gremios.
La mayoría de los obreros vivía al principio en el Raval y San Pedro, las zonas donde se asentaban las fábricas, y también en Sants, que luego dejaría de ser una localidad independiente para ser un popular barrio de Barcelona.
La alimentación de la clase obrera era muy pobre, con muchas féculas, es decir, pan, legumbres y patatas, y poca proteína, aunque se consumían bacalao y sardinas, pero casi nunca carne. La desnutrición fue una constante, como las graves enfermedades de fuerte contenido social como la tuberculosis, y en el caso barcelonés, el tifus. En ese sentido, muy grave sería la epidemia de esta enfermedad que padeció Barcelona en el otoño de 1914. Y eso ocurrió por las graves deficiencias higiénicas que padecía la ciudad por muchos avances y servicios que se fueron creando. Y es que el principal problema fue el agua, a pesar de la constitución de compañías y sociedades como hemos visto. Las fiebres tifoideas provocaron una gran polémica en la que no fueron ajenas las empresas de suministro de agua, con intervención también del Colegio de Médicos, fuertes campañas de prensa de denuncias, y la protesta popular ante la inoperancia de las autoridades, con represión incluida. En conclusión, muertos y muertos hasta que a fines del mes de noviembre la epidemia remitió.
Como consecuencia de todo este panorama la esperanza de vida no fue muy alta durante el siglo XIX. En este sentido, Ildefonso Cerdá publicó en 1867 Monografía estadística de la clase trabajadora, donde explicaba, precisamente, que la esperanza de vida era de 38’3 años para la burguesía y de 19’7 para los trabajadores.
Otro aspecto que refleja la dureza de la existencia de amplias capas sociales de Barcelona era el alto nivel de analfabetismo, pudiendo alcanzar a más del 46% de la población, y siempre más alto entre las mujeres que entre los hombres.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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