El primer anarquismo en España
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En la época del Sexenio Democrático el movimiento obrero en Barcelona se desarrolló de forma evidente. Giuseppe Fanelli llegó a España en el otoño de 1868 para organizar la Sección española de la Primera Internacional, que se había fundado en Londres en 1864. Fanelli era miembro también de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, nacida en ese mismo mes de septiembre de 1868, por medio de Mijail Bakunin. Estaba naciendo el núcleo de la Internacional en Madrid, consiguiendo progresar en unos pocos meses. Fanelli también estuvo en Barcelona donde encontró que las ideas del republicanismo federal eran muy fuertes también entre los obreros. En 1869 nacía la Sección de la Internacional en la capital catalana. De esos dos centros se expandiría el anarquismo en otras ciudades. Nacieron varios periódicos, destacando La Federación (1869) en Barcelona, y La Emancipación (1871) en Madrid, aunque éste terminaría decantándose hacia el marxismo por influencia de Paul Lafargue.
En el año 1870 se celebró un nuevo Congreso Obrero en Barcelona, con delegados de ciento cincuenta organizaciones obreras y con muchos observadores. Allí se constituyó la Federación Regional de la AIT o Federación español. La reunión tuvo un marcado carácter anarquista. El conflicto entre los marxistas y los bakuninistas también se dio en España. Paul Lafargue consiguió que las ideas marxistas calaran más en Madrid, especialmente en relación con la necesidad de crear un partido obrero en España para luchar por la emancipación de los trabajadores. El enfrentamiento llevó a que la Federación madrileña expulsara al grupo pro-socialista en 1872, en el que ya destacaba un joven Pablo Iglesias. Esos expulsados formaron la Nueva Federación Madrileña, el germen del futuro Partido Socialista.
Se celebraron más Congresos y se puso de manifiesto la importancia del anarquismo en el seno del movimiento obrero español y, especialmente en Cataluña, frente a una minoría socialista, muy vinculada a Madrid.
Después de una larga época de clandestinidad, iniciada con el golpe de Pavía y terminada con la liberalización societaria que supuso la Ley de Asociaciones de Sagasta en 1881, se constituyó una nueva federación obrera en Barcelona en el Teatro del Circo, el mismo lugar donde se había fundado en 1870 la FRE-AIT. Ahora era la Federación de Trabajadores de la Región Española o FTRE. No tuvo una vida fácil porque surgieron problemas que manifestaban la falta de capacidad de reacción ante distintas situaciones, generando no pocas disensiones internas, especialmente entre los partidarios de la clandestinidad y los de emprender actuaciones públicas y legales. Los sucesos de la Mano Negra sacudirían a la organización. A finales de septiembre de 1884 se celebró un Congreso Extraordinario en Barcelona y allí se decidió retirarse de la vida pública, habida cuenta de las persecuciones que se padecían. Siguieron celebrándose reuniones, pero la división en el seno del anarquismo era un hecho innegable, creándose varias organizaciones.
Por otro lado, en la década de los años ochenta surgió un intenso debate entre el anarco-colectivismo y el anarco-comunismo, es decir, entre las tesis de Bakunin y las de Kropotkin.
Otro aspecto fundamental en la historia del movimiento obrero anarquista sería el desarrollo de la estrategia de la propaganda por el hecho, basada en el supuesto de que un impacto de una acción generaría consecuencias o repercusiones, obteniendo una gran relevancia, siendo más eficaz que el empleo de la palabra. Una derivación de esta teoría sería el recurso del terrorismo, cometiendo magnicidios, es decir, atentados contra personajes importantes. En España el primero fue el intento de asesinato del rey Alfonso XII por el anarquista Juan Oliva en 1878, y que se considera, realmente, como un precedente. Barcelona el principal escenario de la violencia terrorista y de la represión indiscriminada que se generó, durante la década de los años noventa, provocando un ciclo de acción-reacción-acción. Paulino Pallás intentó asesinar al general Martínez Campos en un desfile, resultando muerto un policía muerto y varios heridos. Pallás fue fusilado a los pocos días. Como reacción, Santiago Salvador Franch lanzó dos bombas en el Teatro del Liceu el 7 de noviembre de 1893, causando veintidós muertos y treinta y cinco heridos. Fue ejecutado en el castillo de Montjuïc. Las investigaciones sobre el atentado provocaron la detención de unos cuatrocientos anarquistas y simpatizantes, empleándose la tortura y los malos tratos en los interrogatorios. Muchas de las detenciones fueron puramente arbitrarias.
En junio de 1896 se produjo el atentado con bomba en la Procesión del Corpus en el centro de Barcelona, en la calle de Canvis Nous, con doce muertos y treinta y cinco heridos. Se produjo una redada masiva e indiscriminada, con muchos procesamientos y cinco sentencias de muerte en los conocidos como Procesos de Montjuic. Las diligencias judiciales se hicieron sin las más mínimas garantías jurídicas y todo se basó en declaraciones. Este tipo de represión, con detenciones masivas y empleo de las torturas, generó un verdadero escándalo internacional, y caló en la conciencia de la opinión pública de toda España. En 1897, Cánovas del Castillo sería asesinado en un balneario guipuzcoano.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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