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Pablo Iglesias a los trabajadores en mayo de 1922


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Pablo Iglesias no pudo asistir a la manifestación del primero de mayo de 1922, ahora hace cien años, porque se encontraba enfermo. Por eso, cuando estaba falto de fuerzas físicas, escribía una carta o una nota. Así ocurrió en aquel mes de mayo.

Iglesias consideraba en su escrito que la perturbación que imperaba en el mundo capitalista estaba generando graves perjuicios a la clase trabajadora. No olvidemos que todavía nos encontraríamos en plena posguerra mundial, y en esa época se intentaron frenar o revertir conquistas obreras como la jornada laboral de ocho horas, como hemos tenido ocasión de comprobar en España, pero también fuera, además de los intentos de bajar los salarios, y del enorme perjuicio que ocasionaba el paro imperante. El líder socialista y obrero aludía, concretamente, por lo demás, a las amenazas de nuevas guerras y la existencia de la propia Guerra de Marruecos, junto con el acaparamiento de los medios necesarios para vivir por parte de unos pocos.

Esta situación exigía de todos los asalariados una estrecha unión, una organización sólida, un gran sentido político y una voluntad férrea para adquirir la capacidad que requería la implantación de un régimen verdaderamente fraternal y humano, es decir, una declaración resumida de la estrategia socialista en los ámbitos socioeconómico y político.

El primero de mayo, el acto de ese día, contribuía, en su opinión, a que ese resultado se obtuviese. Las reclamaciones y deseos del programa del mismo estaban dictados en armonía con lo que la realidad y las “nobles aspiraciones” que el proletariado demandaba.

Lo que en ese día se pedía y expresaba sumaba a millones de trabajadores, deseosos de mejorar sus condiciones, pero también porque sentían la necesidad de “redimir a la Humanidad”, es decir, de nuevo la estrategia socialista, de conjugar la lucha por las mejoras concretas, a corto y medio plazo, con el objetivo final de la emancipación. Pablo Iglesias fue fiel a sus ideas hasta el final, como estamos comprobando.

Al final, recordaba las reclamaciones obreras:

-Control obrero

-Respeto de la jornada de ocho horas

-Que no se rebajasen los salarios

-Abaratamiento de las subsistencias

-Reconocimiento de la República rusa

-Fin de las guerras existentes

-El desarme

-Socialización de los medios de producción y cambio.

Hemos trabajado con el número del día 2 de mayo de 1922 de El Socialista.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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