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Recordando las reivindicaciones socialistas para los trabajadores en 1910


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Este artículo quiere recordar lo que reivindicaba la Segunda Internacional en 1910, a través del Congreso que celebró en el verano de ese año en Copenhague, para los trabajadores en materia de legislación.

Los socialistas consideraban que la situación de explotación de los trabajadores había llegado a una situación tal que era absolutamente necesaria una legislación protectora de la vida y de la salud de los mismos. Lo que se solicitaba, se opinaba, no perjudicaría a la economía. Las reivindicaciones primordiales ya se habían hecho en el primer Congreso, celebrado en París en 1889, y se referían a los trabajadores de ambos sexos:

-Limitación de la jornada laboral a un máximo de ocho horas.

-Prohibición del trabajo de los niños menores de catorce años.

-Supresión del trabajo nocturno, excepto cuando fuera exigido por razones de bienestar público o de orden técnico.

-Descanso no interrumpido de treinta y seis horas por lo menos a la semana para todos los trabajadores.

-Supresión del pago en especie o “trucksystem”.

-Garantía del derecho de coalición (asociación).

-Inspección eficaz del trabajo industrial y agrícola, con intervención de representantes de las organizaciones obreras.

Aunque se habían convocado conferencias internacionales de varios gobiernos para la protección de los trabajadores y que se habían formado asociaciones internacionales para esta misma protección los socialistas consideraban que se había hecho poco en el dominio de la legislación porque interpretaban que las clases dominantes se oponían a la mejora de las leyes protectoras del trabajo por temor a que eso afectase a sus intereses de clase. Y eso había ocurrido a pesar de que, siempre en la interpretación de la Segunda Internacional, la legislación del trabajo no creaba problemas a ningún sector económico, y que el capital se aprovechaba de la mejora en la salud de los trabajadores y del aumento de su fuerza de trabajo que de ello resultaba.

Pero, además, el Congreso de Ámsterdam de 1904 pidió que bajo la administración autónoma de los trabajadores y tanto para los extranjeros como para los nacionales se creasen en los países instituciones que garantizasen los medios suficientes para la subsistencia y los medicamentos de los enfermos, accidentados en el trabajo, “inválidos, ancianos” y dando a las mujeres embarazadas y a las que habían dado a luz las ayudas necesarias para su salud y de sus recién nacidos, sin olvidar a las viudas y a los huérfanos, así como a los parados.

Los socialistas opinaban que las leyes protectoras del trabajo y del seguro obrero en vigor no daban satisfacción a las reivindicaciones de los trabajadores, que eran calificadas de necesarias y justificadas. Además, se recordaba que los trabajadores agrícolas se hallaban sin protección.

Pero se manifestaba que en toda esta materia de la legislación obrera no se podía esperar progresos si los trabajadores no se esforzaban enérgicamente. Por eso el Congreso animaba a los trabajadores de todos los países y sectores económicos a vencer la oposición de las clases dirigentes y a conquistar por una propaganda incesante y un trabajo perfeccionado en los terrenos políticos y económicos una legislación que les protegiese con eficacia.

Hemos trabajado con el número de 23 de octubre de 1910 de Vida Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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