El necesario uso de la ironía
En el bachillerato tenía un muy buen amigo, que también se llamaba Emilio. Tenía un timbre de voz agudo, como de soprano, que los compañeros de curso, estimaban como afeminado. En esa edad cruel de la adolescencia, para obtener el liderazgo del más fuerte, se señalaba a alguno del grupo para deshumanizarlo, utilizando la mofa o la intimidación. Era un mecanismo tan viejo como el poder: usamos el insulto y la ridiculización hacia fuera, para generar camaradería dentro. Por aquel entonces yo no lo sabía, aún no hilaba muy fino. Así que mi único recurso, fue liarme a tortas un día, contra los que se metían con Emilio. Miriám Martínez-Bascuñan, nos explicaba el otro día, que “ser popular” ¿solo entonces? requería de cierto desprecio antiintelectual, pues se ganaba más puntos de cara a la galería, con el chascarrillo que humillaba al más débil.
- Publicado en Tribuna Libre
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento