Aunque a veces coinciden los argumentos de Epicuro y San Agustín, su convergencia no va muy lejos. San Agustín, efectivamente, va más lejos que Epicuro en su razonamiento y, saca una conclusión complementaria: “Así, ya que Dios, cuya eternidad excluye el menor cambio, es el creador y el ordenador del tiempo ¿cómo podemos afirmar que creó el mundo, después de un intervalo de tiempo? Es pues indiscutible, que el mundo ha sido creado, no en el tiempo, sino con el tiempo”, o, dicho de otro modo, que el tiempo ha sido creado, al mismo tiempo que el mundo. No es (S. Agustín) el primero en expresar esta opinión – Platón ya la había adelantado en el “Timeo”- ni el primero de los cristianos en hacerlo – Clemente de Alejandría ya lo había anunciado es su “Stromata”. El propio San Agustín la había tomado seguramente, de otro famoso filósofo alejandrino, Filón, contemporáneo de Cristo y… judío. Diez siglos más tarde, Maimónides dirá que el nacimiento simultáneo, del tiempo y el universo, está implícito en las enseñanzas del Antiguo Testamento. Los atomistas, para quienes tanto el mundo como el tiempo, eran eternos e increados, no se planteaban, evidentemente, estas cuestiones.