El 20 de febrero, cuando los impresores estaban preparando el primer artículo, Erwin Schrödinger utilizó por primera vez la expresión “Wellenmechanik”, es decir, mecánica ondulatoria, para referirse a su nueva teoría. En acusado contraste con la fría y austera mecánica matricial, que llegaba incluso a prohibir el menor indicio de visibilidad, Schrödinger ofrecía a los físicos, una alternativa más familiar y sencilla, para explicar el mundo cuántico, en términos más próximos a los de la física del siglo XIX, que la abstracta formulación de Werner Heisenberg. En lugar de misteriosas matrices, Schrödinger incluyó las ecuaciones diferenciales, en la caja de herramientas matemáticas de cualquier físico. La mecánica matricial de Heisenberg, apuntaba hacia saltos cuánticos y discontinuidad y, no proporcionaba nada que imaginar con el ojo de su mente, cuando uno quería vislumbrar el funcionamiento del átomo. Schrödinger dijo a los físicos, que no necesitaban “reprimir la intuición y atenerse estrictamente a conceptos abstractos, como probabilidades de transición, niveles de energía y similares”. No resulta sorprendente, que diesen una entusiasta bienvenida a la mecánica ondulatoria y, se aprestaran a abrazarla.