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La crisis de la Santa Alianza


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La Santa Alianza se había establecido para garantizar un orden mundial basado en el respeto a la alianza entre el Altar y el Trono, al mantenimiento de las sociedades estamentales y el respeto a las fronteras del mapa de Europa diseñado en el Congreso de Viena. En caso de revolución de signo liberal y/o nacionalista se intervenía para evitar contagios y alteraciones de ese orden. La primera oleada revolucionaria de 1820 supuso un reto para el sistema internacional de la Restauración, aunque se frenaron los principales focos revolucionarios en España (Trienio Liberal) gracias a las fuerzas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis, y de Italia por la intervención austriaca.

Pero, en realidad, era un sistema tocado en su base porque no se había conseguido extirpar las dos fuerzas ideológicas y políticas que terminarían de hacerlo en las dos posteriores oleadas revolucionarias posteriores de 1830 y 1848. Pero antes de que se produjeran estas Revoluciones la descomposición del orden se estaba produciendo. Inglaterra nunca se había sentido muy a gusto entre las potencias absolutistas, aunque había colaborado a que se mantuviese el orden porque le interesaba que imperase en Europa para desarrollar el comercio vital para su industria y para poder dedicarse a sus intereses de ultramar, también vinculados a la economía.

El primer problema y uno de los principales tenía que ver con Fernando VII, España y sus colonias americanas. Una vez restaurado el poder absoluto del rey después de la experiencia del Trienio Liberal (1820-1823), el gobierno español solicitó ayuda a la Santa Alianza para frenar el segundo empuje emancipador en América, mucho más fuerte que el anterior y que, con algunas excepciones, se había podido frenar después de la finalización de la Guerra de la Independencia. Pero Londres no quería que España restableciera su dominio y autoridad en las colonias porque le interesaba comerciar libremente con ellas. El poder inglés fue tal que España se quedó sola a pesar del apoyo del zar ruso. El interés económico estaba por encima de cualquier otro.

El Congreso de San Petersburgo, celebrado entre 1824 y 1825, demuestra que la Santa Alianza era más teórica que real. En todo caso, las potencias absolutistas, Rusia, Austria y Prusia, renovaron su unión con una especie de Segunda Santa Alianza, que permitió mantener parte del orden absolutista un tiempo más, hasta que las Revoluciones terminaran definitivamente con el mismo.  

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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