Cuando el Sáhara alimenta la Amazonia
Cada año millones de toneladas de polvo africano cruzan el Atlántico y aportan a la mayor selva del planeta los nutrientes que las lluvias tropicales le arrebatan continuamente.
Cuando pensamos en la Amazonia acostumbramos a imaginar un ecosistema casi autosuficiente. Una inmensa maquinaria biológica capaz de fabricar árboles de cincuenta metros de altura, alimentar millones de especies y reciclar una cantidad colosal de materia orgánica sin necesidad de ayuda exterior. Cuesta creer que un bosque tan exuberante pueda depender, aunque solo sea en parte, de un desierto situado a más de cinco mil kilómetros de distancia. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurre.
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