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Cuando decir la verdad sorprende


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Nos engañan. El núcleo del poder económico, militar y religioso de este país sostiene a una monarquía que los defiende. Esto han venido haciendo impunemente desde 1975. Les ha funcionado. Les sigue funcionando. Porque el error no es sinónimo de mentir. Podemos incurrir, argumentan, por diversas razones, en actuar de manera equívoca. Aunque no intencional. El matiz diferenciador entre errar y mentir es la intencionalidad a sabiendas. Sostienen que la Constitución está por encima de toda institución del país. Falso. La incumplen constantemente.

Convengamos entonces que el combustible del engaño histórico es la mentira consuetudinaria. Persistente. Planificada. Es decir, consumando el acto intencional e interesado de alterar los hechos para beneficio propio o de los afines. Les ha ido bien. Por tanto, prosiguen impávidos desde medios de comunicación, gobiernos, aulas y púlpitos. La mentira ha alejado la verdad en favor de un universo alterado que consolida privilegios inaceptables.

Llegamos a las convocatorias electorales sin resolver ni aclarar las verdades históricas. De allí todo. Por ello somos una neodemocracia que admite la impunidad como norma. Así han convencido a las víctimas que son culpables de sufrir las corrupciones de sus verdugos. A los ciudadanos a aceptar decisiones inconsultas. A los vulnerables a seguir siéndolo. Algún motivo habrá para ello. Los púlpitos siguen siendo influyentes. Las aulas de la educación concertada y confesional, persiste en mantener ficciones históricas que distorsionan la verdad y degradan la calidad de las relaciones sociales. Crean relatos inconsistentes que, por el mero hecho de perdurar sin que se los desmienta, se calcifican en el relato social.

La misma maquinaria neuronal que interpreta la entrada de información sensorial real es también la responsable de nuestros sueños, de nuestras falsas ilusiones y nuestros fallos de memoria. Lo real y lo imaginado comparten la misma fuente física en el cerebro. Porque la verdad, por asombrosa que parezca, es ésta: es nuestro cerebro el que construye la realidad, tanto visual como de cualquier otro tipo. Lo que usted ve, oye, siente y piensa se basa en lo que espera ver, oír, sentir y pensar.

A su vez, sus expectativas se basan en la totalidad de sus recuerdos y experiencias previas. Lo que usted ve aquí y ahora es lo que le resultó de alguna utilidad en el pasado. Repita algo durante mucho tiempo y lo convertirá en verdad. La costumbre refuerza a la costumbre. Por esto es tan importante combatir la manipulación a que nos somete la opinión publicada. Siempre al servicio de los centros de poder. Casi siempre lejanos de la verdad histórica. De la perspectiva cercana a la honestidad democrática.

La lucha es inmensa. Desigual. Por lo tanto, cuando el verdadero periodismo deja al descubierto a los mentirosos, cuando dice la verdad, nos sorprendemos.

Entonces las encuestas quedan en evidencia y los ciudadanos son libres.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.