Los bordes del abismo
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
Confiemos en que no nos arrastren a los bordes del abismo. Mientras tanto, sigo pensando en una cita atribuida a Bertolt Brecht:
«El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia plebeya nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.»
Habrá que hacer pedagogía para explicar la fragilidad de la sociedad democrática. Porque entre derrotas, los ciudadanos perseveran en creer que son libres.
España se encuentra bajo el efecto del estruendo de los medios distrayendo a las gentes con cuestiones menores. Alentando el odio. Es el ruido mediático que procura ensordecer y hacer inaudibles los lamentos que se elevan desde las salas de urgencias. El sonido a crujir de maderas y metales cuando derriban las puertas de los desahucios. De llanto de los niños con hambre y las casas en sombras.
La exclusión tiene muchos sonidos que es necesario acallar con otros ruidos. Los de las innumerables inauguraciones. Muchas sin el menor sentido. Costosos proyectos para beneficio de grupos. La dudosa utilidad pública que les atribuyen es un eco de los años del despilfarro.
Los errores han dado lugar a la desafección. A la abstención. Desde allí se ha alimentado a la bestia: la corrupción. Ella ha salido en masa a votar. Esa España entre cutre y mediocre. De “emprendedores”. De maletines. De sobres, que nadie negó, por cierto. De inversiones en proyectos que se quedaron en palabras. En promesas que no se hicieron. De rescates a Bankia y similares. Del FROB en defensa de una posible defraudación. De indemnizaciones a empresarios curiosamente donantes. En casos archivados y vueltos a reabrir por obra de suplicatorios internacionales.
Podríamos decir que es la España de los arcaicos. También cuestionables. De magistrados “comprensivos”. Con archivo inexplicable de causas. De prescripciones calculadas. De órganos de contralor “diseñados”. La división de poderes diluida. La privatización como negocio y el concepto de prevaricación revisando su significado. De mediocres avariciosos. Tal vez por ello estamos donde estamos.
Tal vez las gentes están hartas de proyectos fallidos. Del humo del marketing político que agrava la misera de muchos españoles. Cada vez más. No hay espacio para las aventuras arrogantes. Estamos en los bordes del abismo.
Piénsalo y no dejes de participar. Esta vez van a por ti.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.