La crisis de las creencias en el reinado de las ficciones
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
La ultraderecha española y su influencia en los acuerdos de la Transición han permitido que se le concediese categoría de verdad al conjunto de ficciones que la hicieron posible. Como la negación del genocidio que se llevó a cabo a partir del fin de la Guerra Civil. Se dejan de considerar aquí las atrocidades que se llevaron a cabo durante su transcurso. Por ello, por su brutalidad, idearon una simulación de la realidad. Una ficción tras otra, justificándolas en razones morales mientras se hacían con el botín de guerra. Aún lo siguen haciendo en su arremetida contra el estado de derecho.
Como cualquiera sabe, para evitar reiterar errores pasados, es necesario afrontar con valentía la realidad de lo ocurrido en los pasados lejano y cercano. Las experiencias deben traducirse en enseñanzas para las generaciones futuras. De lo contrario, las ficciones prevalecerán y los errores se repetirán. El fascismo español es el caso. Los que niegan que la monarquía fuera una creación del dictador, son parte o cómplice de la trama que domina buena parte de las instituciones y recursos del Estado. A quienes se atrevan a abrir ventanas y cajones, para que entre la luz en la oscuridad de nuestra historia se lo considera un enemigo de la patria. No se diferencian con las prácticas más abyectas del estalinismo más cruel. Las ficciones deben ser mantenidas para que su poder siga instalado. Sus creencias se basan en la convicción de que el Estado les pertenece y que las reglas democráticas son un pretexto.
Sin una investigación, un debate y una revisión constantes, la verdad no surgirá y la oscuridad seguirá reinando. Porque, aunque suponga todo un desafío, es necesario abordar esta confrontación del pasado que sigue dividiendo a España para explicar cómo ha condicionado la creación de los dilemas que estamos soportando en la actualidad. El modelo territorial. La corrupción como forma de gestión. La desaparición de un sistema efectivo de división de poderes. Los órganos europeos nos lo dejan en evidencia en cuanta ocasión se presenta. Nuestras instituciones no están a la altura de los tiempos. Desde púlpitos y cuarteles se sigue insuflando la ficción de la Cruzada de la Fe en pleno siglo XXI. Desde allí surge la ficción del mantenimiento de la soberanía, cuando ésta ya ha sido cedida a los órganos financieros y administrativos por pertenecer a la Unión Europea. Poco dicen de los beneficios que los grupos empresariales obtienen por esa situación. Y la entrega que han a los fondos buitre globales. El caso Telefónica es un ejemplo.
Incentivar la creencia de que el enemigo es el otro, es incrementar la tensión del conflicto irreal. Esta situación que vive Europa es irreal. Lo es, porque se basa en ficciones construidas con discursos antiguos que resonaban en las reuniones falangistas o nacionalsocialistas previos a las guerras mundiales. Ni seremos gobernados por etarras, ni nos entregarán al poder soviético los comunistas que van incendiando iglesias y violando a mojas de clausura. Entre otras cosas, porque la Unión Soviética no existe, ETA ha desaparecido y los conventos de clausura son casi inexistentes. Lo real, eso sí, es el estado de privilegios que sigue regándose con el dinero de toda la ciudadanía de españoles. Esos beneficios son la realidad. Los fueros existentes son la realidad. Mantener el control del pensamiento es la realidad. Seguir adoctrinando desde la enseñanza confesional con fondos públicos también. Se han creado un conjunto de historias tergiversadas que construyeron un mundo de ficciones con el único propósito de justificar genocidios, saqueos y deshonras. Todo, en torno a los vencedores. Todo, para justificar sus deleznables actos. Todo, para crear una legalidad que aún estamos sufriendo y que los deja en evidencia frente al mundo por sus contradicciones.
Deberíamos preguntarnos las razones por las que se demora la desclasificación de los documentos de nuestra historia, en particular del período franquista. Su aporte permitiría dispersar las creencias basadas en ficciones, o en traiciones. Porque en España la traición a su propia existencia anida en el interior de un reinado de ficciones.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.
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