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Begoña somos todos


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Lo sabemos nosotros y lo saben ellos.

Lo que llaman “caso Begoña” es mentira, una falsedad, un bulo.

En realidad, el “caso Begoña” es el “caso Feijóo”, porque resulta obvio que ha sido diseñado y orquestado por el PP, como parte de su estrategia de deslegitimación y desestabilización del Gobierno progresista de España.

No es la primera vez ni será la última en que la derecha española utiliza la denuncia falsa de corrupción para obtener una ventaja política que se muestra incapaz de alcanzar mediante procedimientos legítimos.

Los objetivos son evidentes. La denuncia falsa contribuye a deslegitimar a un Gobierno que nació para luchar contra la corrupción real y sistémica de los gobiernos del PP. La denuncia falsa pretende dañar las expectativas electorales del PSOE, como principal partido del Gobierno, cuyos votantes son especialmente sensibles ante las conductas contrarias a la ética pública.

La denuncia falsa, además, está destinada a afectar al ánimo de quien preside el Gobierno y lidera el PSOE. Incapaces de ganarle en buena lid, Feijóo y los suyos han intentado quebrar su voluntad haciendo daño a su familia. No cabe comportamiento más repugnante en política. Y casi lo consiguen.

Como decíamos, el método no es nuevo. Pablo Iglesias Posse, fundador del Partido Socialista, ya fue objeto de falsas acusaciones de corrupción con el propósito de frustrar su lucha en favor de los derechos de trabajadores y trabajadoras. Ocurrió luego con los dirigentes socialistas en la República, en los gobiernos de González y Zapatero, y ocurre ahora.

El modus operandi de la denuncia falsa ha evolucionado con las nuevas herramientas. Ahora se sirven de los pseudo medios de comunicación digitales, que la derecha financia con dinero público y privado, para divulgar los bulos previamente diseñados en clave política. Los bulos se expanden en las parrillas de los medios masivos y sirven ya como justificación para el escarnio en foros institucionales.

Cualquier mirada mínimamente rigurosa y objetiva ha de concluir que no hay caso Begoña. Lo revisó la Oficina del Conflicto de Intereses. Lo revisó la Fiscalía. Lo revisó la Guardia Civil. No hay por donde cogerlo, pero con tres datos descontextualizados, otras tres falsedades con apariencia de veracidad, y unos cuantos voceros con pocos escrúpulos, se sostiene el montaje.

Más allá de daño causado a este Gobierno, al PSOE y a las personas directamente afectadas, la estrategia del bulo socava los fundamentos morales de las instituciones democráticas y pervierte la noble actividad de la política como disciplina que organiza el espacio público compartido.

El drama proviene de una derecha española que defiende intereses antes que ideas. Sabedor de que tales intereses son minoritarios por privilegiados, renuncia al debate público de las propuestas para regular la convivencia. Entonces, sus aspiraciones de poder pasan tan solo por el juego sucio contra el adversario convertido en enemigo.

Incapaces de convencer a las mayorías con sus propuestas alternativas, dedican sus esfuerzos a destruir al adversario. Y es que, junto al bulo, el matonismo constituye otra seña de identidad tradicional en la derecha patria.

Buscan destruir a Pedro Sánchez, por su labor legítima al frente de un Gobierno de progreso. Buscan destruir a Francina Armengol, por presidir legítimamente un Congreso que legisla para la convivencia. Buscan destruir a Álvaro García, por actuar con independencia al frente de la Fiscalía. Buscan destruir a José Félix Tezanos, por dirigir con profesionalidad el Centro de Investigaciones Sociológicas.

Van a por Begoña porque es parte de ese proyecto de prosperidad, modernización, justicia social y convivencia, que los progresistas llevamos a cabo con éxito en nuestro país. Por eso, en realidad, Begoña somos todos.

Lo paradójico en esta era de la comunicación total es que junto a la facilidad para propagar bulos, la evidencia de su falsedad y mala intención resultan cada vez más transparentes. Cuanto más divulgan el bulo, más visible es la mano tramposa que lo maneja.

Si creen que van a engañar a la mayoría, van listos.

Si piensan que nos van a quebrar, van listos.

Ellos seguirán.

Nosotros también.

 

Diputado en las Cortes Generales por Madrid. Secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados.


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