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El sueño eterno: la criogenización


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En el dilatado dominio de la ciencia y la fantasía, pocas ideas capturan la imaginación humana como la criogenización, un concepto que nos desafía a considerar la muerte no como un final absoluto, sino como una pausa potencialmente reversible. A lo largo de los años, esta noción ha evolucionado desde los confines de la ciencia ficción hasta una realidad tangencial, donde cuerpos y cerebros se conservan en nitrógeno líquido con la esperanza de una futura resurrección. Sin embargo, a pesar de su atractivo, la viabilidad científica de la criogenización sigue siendo, en el mejor de los casos, una quimera.

Desde la década de 1960, empresas como Alcor y el Cryonics Institute han ofrecido servicios de preservación criónica, atrayendo a aquellos que ven en la muerte no un final, sino un intermedio técnico, hemos escuchado hoy por ejemplo en RTVE. A pesar de su popularidad y de las figuras que se rumorean están congeladas, como Walt Disney, la criogenización ha sido criticada por expertos en campos médicos y científicos como poco más que un "procedimiento funerario avanzado", según palabras del Dr. Javier Cabo, un pionero en la criopreservación tisular.

Cabo, quien ha contribuido significativamente a la conservación de tejidos para trasplantes, distingue claramente entre la preservación viable de células individuales o tejidos específicos y la conservación de organismos completos o cerebros. La criogenización de un cuerpo entero presenta desafíos insuperables, como la formación de cristales de hielo que pueden romper las membranas celulares y causar daños irreparables. Este daño, intrínseco al proceso de congelación, hace que la idea de "revivir" a alguien sea biológicamente inviable.

Además, la criogenización se enfrenta a problemas éticos y filosóficos. Las empresas que ofrecen estos servicios capitalizan el miedo a la muerte y la esperanza de la inmortalidad, prometiendo más de lo que la ciencia actual puede entregar. Esto plantea preguntas significativas sobre la explotación de la vulnerabilidad emocional de las personas y la ética de prometer una segunda vida que la ciencia actual no puede garantizar.

Lluís Montoliu, biólogo del CSIC, también critica la práctica, señalando que la preservación debería aplicarse solo a lo que está vivo, como tejidos y células que pueden ser "revitalizados". Montoliu y muchos en la comunidad científica ven la criogenización completa como una imposibilidad biológica y física, dado que cada tipo de célula y tejido requiere un enfoque único para su congelación y descongelación, algo que no se puede aplicar de manera uniforme a un organismo entero.

Sin embargo, la criopreservación de componentes más simples, como óvulos, esperma y embriones, ha sido un éxito y es una práctica común en la medicina reproductiva. Esta aplicación legítima y limitada de técnicas criogénicas muestra que, mientras algunas formas de preservación son útiles y efectivas, la aplicación de estas técnicas a la criogenización completa del cuerpo es, por ahora, un sueño distante.

La criogenización entonces, tal y como se la imagina popularmente es más un reflejo de nuestros deseos y miedos más profundos acerca de la muerte que una posibilidad científica inminente. Al igual que los antiguos egipcios con sus momias, buscamos en la criogenización una forma de trascender nuestra mortalidad. Pero a diferencia de las promesas de un más allá, la ciencia requiere algo más que fe: requiere resultados verificables y procesos reproducibles, ninguno de los cuales está actualmente al alcance en el campo de la criogenización completa.

Por lo tanto, mientras la ciencia sigue avanzando y desafiando los límites de lo que es posible, el sueño de despertar de la muerte a través de la criogenización permanece, por ahora, firmemente arraigado en el reino de la ciencia ficción. Esto nos lleva a reflexionar sobre la importancia de dirigir la esperanza y los recursos financieros hacia avances médicos y científicos que pueden concretamente mejorar y prolongar la vida, en lugar de perseguir la ilusión de revertir la muerte.

La criogenización también suscita profundas cuestiones éticas y religiosas que merecen una reflexión cuidadosa. Desde una perspectiva ética, ¿es moralmente aceptable interferir con el proceso natural de la muerte, considerando que podría considerarse una forma de desafiar las leyes naturales que rigen la vida y la muerte? Este debate se entrelaza estrechamente con diversas doctrinas religiosas que, en muchos casos, definen la muerte como una transición significativa y sagrada, intrínseca al diseño humano.

Muchas tradiciones religiosas ven en la muerte no solo el fin de la vida terrenal, sino como un paso hacia una existencia después de la vida que debería ser aceptada, no obstaculizada. La criogenización, en este contexto, podría verse como una forma de arrogancia humana, un intento de usurpar un poder que muchas creencias reservan solo para lo divino. Por ejemplo, en el cristianismo, la resurrección es un tema central, pero está exclusivamente en manos de lo divino, no como un acto humano de preservación o restauración física.

Por otro lado, desde un punto de vista ético secular, surgen preguntas sobre la justicia y la equidad. Los tratamientos criogénicos son prohibitivamente caros y, por lo tanto, solo accesibles para una élite económica. Esto plantea un dilema ético significativo: si tales tecnologías fueran alguna vez viables, ¿podrían exacerbarse aún más las desigualdades existentes en la sociedad? ¿Es ético dedicar recursos sustanciales a la criogenización cuando podrían utilizarse para abordar necesidades médicas más inmediatas y universales?

En conclusión, mientras la criogenización continúa desafiando nuestras nociones de vida y muerte, también nos obliga a confrontar preguntas fundamentales sobre lo que valoramos como sociedad y cómo definimos la dignidad humana al final de la vida. La ciencia puede abrir muchas puertas, pero es la sabiduría colectiva de nuestra ética y creencias lo que debe guiar cuáles de esas puertas cruzamos hacia el futuro.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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