Los hechos y la aceptación desinformativa
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
“Pero la memoria es un truco. No existe aquello que no vemos y aún menos existencia posee lo que no queremos ver, y no sería arriesgado decir que el miedo es lo que da entidad al punto ciego del ojo, esa zona de la retina en la que no hay células sensibles a la luz.” (De “Los Astronautas” de Laura Ferrero)
En política, los comportamientos colectivos se producen cuando se pone en movimiento esa utilización selectiva de la memoria de cada individuo. Selectividad que restringe lo que no queremos ver. Restricciones derivadas del miedo, o provenientes desde el refugio de las sombras de la desinformación que producen los centros de poder que, al parecer, todo lo justifican. Más aún, las decisiones individuales que otorgan aún menos existencia a lo que no queremos ver, contribuyen a esos desastres colectivos que estamos presenciando en los últimos tiempos.
En esta metáfora, la desinformación programada implanta “células no sensibles a la luz” para, de ese modo, limitar las decisiones críticas e informadas de los sujetos con las facultades restringidas a la hora, por ejemplo, de ejercer su voto. De este modo, las personas pueden ver con naturalidad que se promuevan acciones para la toma violenta del poder, como en los casos del Capitolio con Trump, o el de Brasilia con Bolsonaro.
Actualmente, España, en medio de indicadores macroeconómicos espléndidos, es el país de la UE con la tasa de pobreza infantil más alta según el último informe de UNICEF España. Se estima que cerca del 28% de los niños y niñas del país se encuentran en situación de pobreza. Esto representa un porcentaje significativo de la población infantil española. Según este Informe, en el ámbito de la salud, los niños y niñas en situación de pobreza tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas, malnutrición y problemas de salud mental. Además, enfrentan dificultades para acceder a servicios de atención médica adecuados, lo que puede afectar su desarrollo físico y emocional a largo plazo.
En el ámbito educativo, de manera general, los gobiernos de la derecha desinvierten en el sistema público en favor de la educación concertada. Debemos convenir que la pobreza infantil se asocia con un menor rendimiento académico, tasas más altas de abandono escolar y menor acceso a oportunidades de educación superior. Esto perpetúa el ciclo de la pobreza al limitar las oportunidades de desarrollo personal y profesional de los niños y niñas afectados. La desigualdad es un hecho que se impone. Todo esto ocurre como consecuencia de la desfinanciación del sistema público, en favor de la privatización, situación que está siendo desinformada por las grandes corporaciones mediáticas al servicio de los fondos de inversión. Merced a ello, se crean relatos alternativos que poco tienen que ver con la realidad.
Por ello, la capacidad de percibir el fracaso que esto le supone al conjunto social se diluye en la sobreinformación diseñada para ocultarla. Lo cierto entonces es que, a pesar de estar gobernados por una coalición progresista, las prestaciones públicas en España sólo reducen la pobreza infantil en un 6,4%, muy por debajo de la media europea, que se sitúa en un 13,4%. Por tanto, más información y menos aceptación mansa.
Mientras nos distraen con discusiones vulgares, tanto unos como otros nos desinforman acerca del gasto militar en guerras lejanas, las subvenciones a las grandes fortunas y las ventajas para los fondos de inversión, sumado al mantenimiento de la ley mordaza y los retrocesos de la reforma laboral. Recordemos que Aristóteles afirmaba que “La única verdad es la realidad”. Luego, actuemos.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.
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