La no información es poder (Reflexiones sobre desinformación II)
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
Los medios de comunicación de fines del siglo XX, solían incluir el slogan “la información es poder”. Esta idea fuerza sugiere que quien no estaba informado no tenía poder. En la actualidad, en la medida en que se monopolizaba la información, se ha llegado a decir que “la no Información es poder”. Es decir, el control financiero de los grandes conglomerados mediáticos, al no permitir el libre tránsito de los mensajes veraces a posibles destinatarios, para proteger los intereses de sus accionistas, son productores de desinformación. La colosal campaña para anular a Podemos fue el claro ejemplo de su poder. Luego de todos los procesos iniciados, no ha resultado ninguno en su contra.
En la medida en que se ha transitado de “la era” de la información a “la sociedad” de la información, en la que cada individuo o colectivo de individuos, las instituciones gubernamentales y las organizaciones de distinta índole son potencialmente generadoras de la información, se ha llegado a decir que el exceso de información es más poder. Siempre y cuando dispongas del Big Data.
La disponibilidad de herramientas de IA puede gestionar convenientemente la generación de fake news, con todo lo que ello supone en términos de producción de desinformación. La información como mensaje para ofrecerla de manera errónea con el fin de desorientar a los receptores, llámense estos públicos, audiencia, radioescuchas, televidentes, o ciberlectores, con una intención clara de confundir o crear una opinión, es desinformar. El omitir información, con una intención específica, es desinformar. Como ha sido el introducir un cambio en la legislación con la entrada en vigor de la Ley de Paridad, los empleados que hayan pedido una reducción de jornada o la estén disfrutando podrán ser despedidos con más facilidad. Ahora se lo denomina “error”.
El difundir información de manera indiscriminada, con la finalidad de confundir a los públicos, es desinformar. También, cuando el destinatario, aun teniendo disponible la información se ve imposibilitado en buscar, discriminar, analizar y entender los mensajes, se considera un individuo desinformado. Es decir, requiere ser alfabetizado informacionalmente. Esto supone que hay tanta información qué, aunque esté disponible y sea en extremo accesible, es prácticamente imposible estar informado si no se cuenta con capacidad técnica para seleccionarla, discriminarla, analizarla o procesarla, y comunicarla. En este último caso esa abundancia produce una “narcotización informativa”, con el efecto inhibidor de los públicos.
Entonces, desinformar es hiperinformar, es saturar de información, es confundir, es omitir información, es proporcionar información sesgada, es no comunicar. Desinformar es un acto que se confecciona y aplica en todas las actividades humanas, tanto individuales como colectivas.
La guerra ruso-ucraniana dejó a las claras como la OTAN diseñó la desinformación desde el primer momento de este conflicto histórico. En su afán por ocultar el propósito estratégico de imponer su influencia atlantista en el área de influencia del ex Pacto de Varsovia, hemos visto operaciones que no se sometieron a la transparencia de los parlamentos de los miembros de la UE. Por no mencionar la censura de canales y medios alternativos, a fin de que las audiencias dispusieran de fuentes diversas para contrastar los hechos vinculados al conflicto. Baste recordar que. durante muchos meses, nos informaba la inteligencia británica. Nada menos. Nos han tratado como deficientes.
Todo, sin mencionar el genocidio que Israel está cometiendo en Palestina. En un comienzo se quiso aplicar el mismo modelo que en Ucrania. Los hechos consiguieron esta vez vencer a la desinformación. El salvajismo sionista no pudo ocultarlo.
Nos aguardan tiempos complejos. Estamos a poco de enterarnos que estamos en guerra. Al tiempo que seguimos felices con las medallas olímpicas de nuestros atletas de color y los actos xenófobos se multiplican. ¿Patético no?
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.
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