De las Democracias a las Neodemocracias rumbo a la Catástrofe
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
Desde fines del siglo XIX y todo el siglo XX, con sus luces y sus sombras, sus dos guerras mundiales y su multitud de otros conflictos sangrientos, el mundo permitió el surgimiento de las democracias más ajustadas al concepto, permítaseme, más utópico de tal sistema. El tránsito de monarquías absolutas a parlamentarias, fueron concesiones de supervivencia aristocrática. En ese lapso, los conflictos Este-Oeste y Arriba-Abajo, desencadenaron que los núcleos del poder aceptaran la implantación de gobiernos más respetuosos con los derechos individuales, a los conocidos hasta entonces. Inclusive, la movilidad social y el acceso a la educación, agilizaron la posibilidad del ascenso social como nunca antes se había visto.
El siglo XXI, por el contrario, parece ser la generalización de las neodemocracias. Esta idea, o neodictadura democrática, es básicamente un sistema democrático liberal, para más precisiones, neoliberal, defensor del antiguo sistema de privilegios, gobernado por un par de partidos políticos con gran intolerancia al acceso de nuevas opciones, que son sustentados por una mayoría fiel a su presunta ideología, y que han alcanzado el poder de modo alternativo, de forma aparentemente democrática, porque en el fondo es autoritario. --El modelo se apoyaba también en el control de la Opinión Publicada. Herramienta básica para canalizar el descontento, y redirigir la energía, que las frustraciones derivadas de la propia injusticia del modelo producían. La gestión de la culpa siempre dio frutos a los sistemas autoritarios. De ese modo desalentaban la movilización ciudadana.
Así, sus dos objetivos estratégicos son: la instauración de su aparente ideología antagónica en una sociedad con atrezzo democrático, y la pervivencia del sistema esencialmente bipartito, continuadamente en el poder, a toda costa. La primera, cumpliendo con la legalidad que se construya en el propio sistema democrático, y la segunda, considerando la política como un fin en sí mismo y no como un medio para lograr el bienestar y el desarrollo individual y social. El gran objetivo del bipartito neodemocrático es qué, del total de ciudadanos con derecho a voto, se consiga alrededor de un veinticinco por cien de votantes cautivos incondicionales a los valores y creencias esenciales de cada partido alternativamente. Convengamos en que actualmente es perverso meter a las poblaciones en situaciones bélicas sin consultarlas. Arrastrarlas con pretextos, como fueron el asesinato del Archiduque Francisco José, el Maine, Pearl Harbour u otros similares, sería catastrófico.
En cualquier caso, el modelo imperante en la UE es el de las neodemocracias. Al menos, así ha sido hasta ahora, antes de que se les colasen por la derecha los trumpistas además del fascismo más genuino. El fenómeno tomó por sorpresa a los recursos del statu quo, desequilibrando el tablero del juego del poder. Acontecimientos que parecían improbables en el marco de los diagnósticos estratégicos más respetados.
Recordemos que una “catásatrofe”, conceptualmente, es una sucesión de acontecimientos improbables. Tanto como la llegada al poder de Milei o Trump. Por no hablar de los botones nucleares. Hay varios en manos poco fiables.
“Ningún hombre es demasiado bueno para gobernar a otro sin su consentimiento.”
Abraham Lincoln
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.