Entre pícaros y tunantes
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
“Es más fácil no dar el poder a ciertos
hombres que impedir que abusen de él”
ROMAIN ROLLAND
Escritor francés
(1866-1944)
En esta España de moral líquida. En la que una abundante cantidad de representantes públicos, designados o electos, se inventan currículums para atribuirse méritos inexistentes. Tunantes al fin. Este país, que exime al Jefe de Estado de rendir cuentas ante la ley. Que logra el raro caso de un ministro de hacienda que promueve una amnistía fiscal nada más llegar al gobierno. La que además resulta anticonstitucional sin que haya consecuencias penales para los promotores. Un país así no resulta ejemplar. Aunque las nuevas generaciones de votantes sientan tentaciones de imitarlos.
Este sistema político, diseñado por un grupo de personas que procuraron mantener el secreto de sus componendas hasta la fecha y más. Es en esta sociedad, en la que resulta que la corrupción se convierte en una travesura sin efectos penales. Es aquí, donde la picardía ejercida por los tunantes se estima como una virtud oportunista. Aunque debiera ser una mancha indeleble en las hojas de la historia del país. Desde esa perspectiva, es más asumible comprender que estamos en manos de los peores de la clase.
Está dirigencia se exime de la ejemplaridad cuando, como práctica, alienta la desinformación para destrozar al rival político. Bien es cierto que la degradación general del buen gusto invita a practicar el deshonor. Es más fácil que defender el dificultoso camino de la dignidad. Es tiempo del señor Trump y similares. De grabaciones comprometedoras que suelen diluirse en el ruido general que nos invade.
En castellano, "ser pícaro" se refiere a tener una personalidad astuta, ingeniosa y con cierta habilidad para engañar o manipular a los demás. A menudo con un toque de gracia o encanto. También puede describir a alguien que es travieso o juguetón, especialmente en el contexto de la seducción o el coqueteo. Este significado, que parece amable y simpático, en realidad oculta lo que en verdad representa a la caterva de impresentables que han gestionado la riqueza del país. Ladrones o puteros. O ambas cosas. Así, a pesar de su astucia, el pícaro suele tener un cierto atractivo o encanto. Al aparecer, lo que lo hace difícil de resistir. Incluso cuando sus acciones sean cuestionables.
Por su inveterada holgazanería, el pícaro desafía las normas sociales y las convenciones, viviendo al margen de la sociedad o buscando formas de superarlas. En resumen, ser pícaro implica una mezcla de astucia y falta de escrúpulos. De la misma fuente del latín “vagus”, se indica que "tunar" es “andar vagando en vida holgazana, y libre, de lugar en lugar”. En definitiva, en su primera aparición en un diccionario, "tunante" era sinónimo de "vagabundo". Suele confundirse al pícaro con el talentoso. La mediocre mayoría prefiere a los primeros.
Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.