El cáncer del odio ultra crece y crece
- Escrito por Rafael Simancas
- Publicado en Opinión
Este verano he tenido oportunidad de leer un estudio reciente y bien trabajado por los profesores Cordero, Ramírez-Dueñas y Sánchez sobre la evolución ideológica de la juventud española, que puede leerse en el número 67 de la Revista Española de Ciencia Política. Sus conclusiones son inquietantes. Los valores, actitudes y comportamientos de la ultraderecha ganan adeptos de forma exponencial entre los integrantes de las generaciones Z (nacidos entre 1997 y 2012) e Y (nacidos entre 1981 y 1996), sobre todo entre los hombres.
Se trata de un cambio drástico y dramático en la manera de entender la convivencia. Los valores democráticos aconsejan enfrentar los problemas con racionalidad, entendiendo su naturaleza, comprendiendo las posiciones ajenas y buscando soluciones juntos. La ultraderecha persigue acentuar el miedo irracional, buscar enemigos y odiarlos. Apelan a los instintos, a la pura emocionalidad, y es más fácil odiar que entender y entenderse.
Durante el último mes, los ultras han alimentado el miedo y el odio contra los niños negros que huyen de la guerra y la miseria para buscar un futuro mejor, arriesgando sus vidas en el camino. Han odiado a quienes les prestan ayuda en barcos de auxilio humanitario, reclamando su hundimiento. Han señalado a periodistas de valores democráticos, alentando la violencia verbal y física contra ellos. Han organizado actos contra el feminismo que enfrenta la violencia de género. Han promovido el insulto personal al Presidente del Gobierno en estadios y conciertos.
Los ultras no han descansado este verano.
Las estimaciones de voto a la extrema derecha se están acercando al PP y el partido de Feijóo se está equivocando de estrategia. Compartir los valores y actitudes de la ultraderecha legitima su discurso y alimenta sus expectativas de voto. Asentir ante el discurso ultra no suma electores al PP sino a los ultras. Cuando lo entiendan puede que sea demasiado tarde.
El odio ultra es un problema electoral para el PP, pero es un cáncer para la convivencia en democracia. Hay que pararlos antes de que destruyan lo que tanto sacrificio costó construir.
Rafael Simancas
Diputado en las Cortes Generales por Madrid. Secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados.