El desencanto
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
“Nadie puede saber el límite de sus
fuerzas hasta que las pone a prueba.”
Johann Wolfgang Von Goethe
Las razones para vivir son esenciales para sobrellevar la carga de nuestra finitud. El residirlas en lo metafísico, en la realización comunitaria o en la construcción de una familia, son fuentes necesarias, aunque no suficientes, para transitar el camino que le dé sentido a la vida individual o colectivamente hablando. También organizan la forma de pensar el mundo. De alcanzar la virtud y felicidad por el camino elegido. En ello, mucho tendrán que ver las creencias y valores que sustenten las conductas vitales consecuentes que las caractericen.
Puede dilucidarse que hay una dualidad de mundos planteada: el “mundo verdadero” y el “mundo aparente”. Con ironía Nietzsche describe el mundo verdadero y sus premisas: “Tiene que haber una apariencia, una estafa, en el hecho de que no percibamos el ente: ¿Dónde está el estafador?” “Ya lo tenemos”, gritan felicites, “¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que por lo demás son también tan inmorales nos engañan sobre el mundo verdadero. Moraleja: librarse del engaño de los sentidos, del devenir, de la ciencia histórica, de la mentira; la ciencia histórica no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira.”
Ilustrando como si los conceptos fueran piezas de una máquina, y la maquina fuera el mundo, es como piensa la metafísica occidental tradicional. Estas piezas de la maquinas funcionan siempre igual. Son todas entre si iguales también. No cambian con el tiempo. Ni sufren modificaciones. Gracias a ellas, gracias a las piezas, la maquina funciona ordenadamente y siempre de la misma manera. Más allá del tiempo y las modificaciones. Las cosas son como una producción en serie. Una idéntica a otra. En una cadena de montaje que no sabe nada sobre diferencias. El Poder reinante prefiere que nos ajustemos a esa mecánica.
Pero la realidad es cambiante pese al llamado Statu Quo. La realidad cambia y los seres que la habitan cambian con ella. En dinámicas más o menos traumáticas. Los humanos cambian. Los sistemas se ajustan. Los colectivos se rebelan al cambio. El Poder se vuelve violento si no administra el cambio. Es allí donde acecha el desencanto para los seres inmersos en los cambios. Según sean protagonistas o víctimas del cambio, así serán sus percepciones de los mundos duales. De la misma manera, sentirse útiles en la construcción del mundo que les toca. O desencantados por su inacción.
El mundo todo se halla, especialmente hoy, en una confrontación entre mundos posibles. Despierta y supera las cadenas de mentiras. De la frustración de no dar sentido a tu vida.
Sé protagonista del cambio o sumérgete en el desencanto.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.